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El diablo del puente del Común

El Puente del Común es un símbolo de la astucia humana y la lucha entre el bien y el mal en la sabana de Bogotá.

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Ilustración de El diablo del puente del Común

En los vastos campos ondulados de la sabana de Bogotá, donde la niebla danza al amanecer y los cielos parecen susurrar secretos antiguos, se alza el Puente del Común, una estructura de piedra que corta el paisaje con su presencia imponente. Este puente, que une las orillas del río Bogotá en el municipio de Chía, no es simplemente un corredor sobre el agua; es un escenario de leyenda, un suspiro del tiempo que contiene dentro de sus piedras la esencia misma de la interminable batalla entre el bien y el mal.

En épocas en que los caminos serpenteaban entre campos verdes, un maestro de obras llamado Florentino recibió el contrato del virrey José de Ezpeleta para erigir el puente. Sin embargo, a pesar de la oportunidad que se le presentaba, Florentino enfrentó un dilema que amenazaba con ahogarlo: la ausencia de recursos que desesperadamente necesitaba para emprender su monumental tarea. Con cada día que pasaba, la promesa de la construcción se desvanecía como montañas en la neblina.

La desesperación de Florentino lo condujo a traspasar límites que desafían la imaginación. Una noche de brisas susurrantes, bajo un manto de estrellas indiferentes, decidió invocar al mismísimo Satanás. En el rincón más oscuro de su espíritu, Florentino ofreció su alma a cambio de la finalización del puente en una sola noche. Surgió entonces un pacto infernal que estableció que si el diablo no terminaba el puente antes de que el gallo cantase al alba, perdería el derecho a reclamar su alma.

Oscuras fueron las horas que siguieron al fatídico acuerdo. Satanás, con voz que retumbaba como el trueno en las montañas, convocó a todos los diablos del infierno. En un destello de humo y fuego, los demonios emergieron, una marea oscura que se difundió por la noche. Bajo la mirada vigilante de su amo, los demonios formaron una fila interminable, una serpiente de sombras que pasaban de mano en mano las piedras necesarias para la construcción. Bajo la dirección personal del Príncipe de las Tinieblas, las piedras comenzaron a encajar con rapidez sobrenatural.

Florentino, sabiendo que su alma pendía del delicado hilo del amanecer, demostró una astucia que desmentía el acuerdo que había realizado. Escondido entre las sombras del río, llevaba consigo a un sacerdote, quien en secreto llevaba la luz de una vela bendita en las horas nocturnas. Con la fe como su escudo y esperanza como su espada, el sacerdote aguardó silenciosamente el momento crucial.

Cuando el puente se alzó casi completo, la oscuridad comenzó a ceder al avance tímido de la aurora, y Florentino, en el tenue resplandor que precedió al cantar del gallo, solicitó la absolución del sacerdote. Satanás, creyéndose vencedor, lanzó al aire su malévola copla, convencido del triunfo que sería suyo:

"De la uva de la parra, De la canaleta el río, Que les vengo yo a avisar Que ya Florentino es mío."

Justo entonces, el canto del gallo rompió la quietud de la mañana, un sonido claro y triunfante que resonó como un eco eterno. En ese instante preciso, el sacerdote alzó sus manos al cielo, bendiciendo el puente y reclamando a Florentino para el lado del bien.

Con un desgarrador grito de furia, Satanás y sus legiones fueron arrancados de su obra, hundiéndose en las aguas del río con un estruendo que sacudió el amanecer. Pero antes de desaparecer, el diablo dejó su marca: la furiosa estampida de su pata sobre una de las piedras, una cicatriz que perdura como recordatorio de la lucha. La marca es un testimonio imborrable de su furia y frustración.

Desde entonces, el Puente del Común no es solo una vía de comunicación; es un puente entre lo terrenal y lo espiritual, un símbolo de la astucia del espíritu humano y la constante e incansable batalla entre la luz y la oscuridad. Los viajeros que cruzan sus arcos sienten la atmósfera cargada de magia y misterio. Y en las noches de viento susurrante, si uno se detiene y escucha con el alma abierta, aún puede oír, como un eco en el viento, el lejano canto del gallo que redimió a Florentino.

Historia

El mito del Puente del Común tiene su origen en la tradición popular de Cundinamarca, en la región de la sabana de Bogotá. Se centra en la figura de Florentino, un maestro de obra que, tras obtener el contrato para edificar el puente, se encuentra sin los recursos necesarios para llevar a cabo la construcción. Desesperado, Florentino decide vender su alma al diablo a cambio de la finalización de la obra en una sola noche. El pacto estipula que si el puente no está terminado antes del canto del gallo, el diablo perdería el derecho sobre su alma.

Durante la noche de la construcción, Satanás convoca a todos los demonios para que, en un esfuerzo coordinado, pasen las piedras necesarias para la construcción del puente en una fila interminable. Florentino, precavido, lleva consigo a un sacerdote, a quien oculta estratégicamente para que el diablo no lo detecte.

A medida que avanza la noche y el puente está casi terminado, Florentino solicita la absolución al sacerdote. Justo antes de que los demonios coloquen la última piedra, el gallo canta y el sacerdote bendice el puente, obligando a Satanás y a sus secuaces a caer al río. Enfurecido, Satanás deja la marca de su pata estampada en una de las piedras del puente como símbolo de su ira y frustración.

El Puente del Común, que se dice fue construido en 1796 bajo el mandato del virrey José de Ezpeleta, se convierte así en un símbolo de la astucia humana y la lucha eterna entre el bien y el mal.

Versiones

Las dos versiones del mito del Puente del Común comparten la estructura básica de la narrativa, con algunos matices que los diferencian en detalles y tono. En la primera versión, se enfatiza la procedencia geográfica específica del relato (Cundinamarca) y se describe en detalle el proceso de construcción bajo el mando de Satanás, con un enfoque en la logística y organización de los diablos para completar la tarea. También se introduce un elemento visual específico: el golpe de Satanás sobre el puente y la marca de su pata como un claro acto de venganza tras su derrota. Este relato tiene un tono más vívido y dramatiza el resultado emocional y tumultuoso de la confrontación fallida de Satanás.

Por otro lado, la segunda versión, que incluye una referencia a fuentes como MINCULTURA, presenta el mito en un contexto más histórico, situando la construcción del puente en un marco real del siglo XVIII bajo el virrey José de Ezpeleta. Está menos enfocada en la dramatización de la narrativa y más en la integración de la leyenda en un contexto cultural y geográfico específico. Aunque la esencia de la historia —el acuerdo con Satanás y su eventual fracaso— permanece, esta versión se detiene más en la importancia histórica y mística del puente para los viajeros contemporáneos, finalizando con una reflexión sobre la lucha entre el bien y el mal. Este enfoque sugiere una intención de conectar la leyenda con una apreciación duradera de la astucia humana y la atmósfera del lugar.

Lección

La astucia y la fe pueden vencer incluso a las fuerzas más oscuras.

Similitudes

Se asemeja al mito de Fausto en la mitología alemana, donde un hombre hace un pacto con el diablo.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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