El diablo de Umpalá

Andina · Mestizo

El diablo de Umpalá

Félix María Rueda cabalga de noche y las herraduras de su caballo llenan de chispas las calles empedradas de Umpalá.

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El diablo de Umpalá: la entrada del relato

El relato

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Félix María Rueda nació en Umpalá, a la sombra de un mamón, al pie de la Casa Consistorial y junto al Palacio Municipal. Desde muchacho montó a caballo y aprendió a comprar y vender animales. Con los años se hizo comerciante de cabros, ovejos y camuros, y pasaba los días entre cuartos de cebo y mercados.

Hablaba con refranes. «El sacristán canta más y gana menos», repetía, y remataba con otro: «El diablo no es diablo por lo diablo, sino por lo viejo». Esos dichos le ganaban aplausos y a veces pedradas. Nunca se avergonzó de su pueblo. Decía que muchos, apenas ganaban un poco de prestigio en Piedecuesta, renegaban de sus raíces, y él no.

Tenía una finca en el Salado y la bautizó «Las Quince Letras», que son las de su nombre. Allí practicaba la inseminación artificial de cabros y camuros. Admitía un solo defecto: la belleza de las mujeres lo hacía temblar, y no de miedo.

En su negocio vendía golosinas y aspirinas. En la pared colgaba un letrero que empezaba: «En la calle cuarta vive un sobandero...». Antes de ponerse a trabajar se tomaba su aguardiente, y el que llegaba a esa esquina sabía que convenía ofrecerle siquiera un trago.

Por las noches salía a caballo. Montaba un alazán negro de pura sangre, con un ancla blanca en la frente, bien herrado. Al cruzar al galope las calles empedradas de Umpalá, las herraduras chocaban contra las piedras y soltaban chispas. Los que miraban desde lejos veían pasar un jinete oscuro dejando un rastro de lumbre, y empezaron a contar que por el pueblo andaba el diablo. Hablaban de cruces, de apariciones, de Mandingas en persona. Félix oía esas historias y no las desmentía.

Hasta que unas mujeres del pueblo descubrieron quién era el jinete. Desde entonces lo llamaron Félix el Diablo. A él el apodo le gustó, y lo llevó con orgullo el resto de su vida.

El diablo de Umpalá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un apodo aceptado con gusto puede volver leyenda a un hombre corriente de su pueblo.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.84199° · -72.97826°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. La obra de la que probablemente procede es «Leyendas y cuentos de Santander», de Germán Valenzuela Sánchez, publicada por Sic Editorial en Bucaramanga en 2009 (ISBN 978-958-708-437-5). De ese libro sólo están abiertas la portada y la contraportada, que el propio autor enlazó en su sitio: la contraportada dice que reúne cuarenta y seis «sagas» y nombra cuatro, entre las que no está ésta. El índice y el cuerpo no se pueden leer. La otra copia que circula del corpus piedecuestano, la «Literatura folclórica» de Pérez Pinzón (UNAB, 2016), sólo existe en repositorios de subida libre sin editor.

Valenzuela Sánchez (Piedecuesta, 1946-2021), que firmaba como Plinio Pilarica, fue bibliotecario municipal, periodista y fundador del periódico El PicaPica. En el prólogo de un libro anterior, «Tres leyendas ganadoras y algo más» (2004), el periodista Julio César Niño Orozco cuenta que el autor recorrió a pie durante cinco meses las cincuenta y siete veredas del municipio y habló con cada habitante rural que pudo. Umpalá es uno de los corregimientos de Piedecuesta, y su nombre figura entre las voces guanes que se conservan en la región, según el estudio de Álvaro Acevedo Tarazona y María Consuelo Moreno González sobre la provincia de Guanentá (2020).

Lo que sí está documentado en Santander es el motivo: el diablo como explicación de lo que se ve de noche. En «Folclor santandereano» (1954), Juan de Dios Arias copia un diálogo que Manuel Ancízar sostuvo hacia 1850 en Los Santos, en la misma comarca: un campesino atribuye al diablo los prodigios de una laguna, y Ancízar comenta que el diablo no se mete en eso, salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar semejantes consejas. Y el libro «Cuentos de espantos» (2004) registra un Jinete Negro, caballero de luto que rastrilla los empedrados con las herraduras y hace saltar chispas, y anota que en los Santanderes se lo conoce como el Fantasma de Antón García.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en la misma región. «Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano» (2004) describe al Jinete Negro como un caballero vestido de luto, montado en una cabalgadura negra, que rastrilla los empedrados con la herradura, y dice que en los Santanderes se le llama el Fantasma de Antón García. En su relato, el testigo ve que las patas del caballo estallan las herraduras contra las piedras y sale un chisperío. Es la misma imagen que vieron en Umpalá: un caballo negro, de noche, sacando chispas del empedrado. La diferencia es que allá el jinete resulta ser un muerto, y en Umpalá un vecino conocido.

El segundo paralelo es el comentario de Manuel Ancízar en «Peregrinación de Alpha», que Juan de Dios Arias incluyó en su «Folclor santandereano» (1954) y que Eugenia Villa Posse reprodujo en 1993. De paso por el pueblo de Los Santos con la Comisión Corográfica, Ancízar escucha a un vecino atribuir al diablo los prodigios de una laguna y responde que el diablo no se mete en eso, salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar esas historias. Félix María Rueda es uno de esos hombres, aunque sin cálculo: oye que el diablo anda por Umpalá y se queda callado porque le divierte.

En los dos casos el diablo del campo es una explicación que la gente da a lo que ve de noche, y en los dos la explicación se deshace cuando alguien reconoce la mano humana.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El motivo del jinete nocturno que se toma por el diablo tiene en Santander dos formas registradas, y el relato de Umpalá invierte las dos.

  2. En la lámina del Jinete Negro de «Cuentos de espantos» (2004), el jinete es de verdad un aparecido: bajo el sombrero de fieltro hay una calavera, pide lumbre con una voz de huesos, y cuando las herraduras estallan contra las piedras sale un chisperío y una carcajada de dientes rotos. El recuadro técnico lo sitúa en Antioquia y en los Santanderes, en ciudades de origen colonial y en campo abierto, y le da contras: un encendedor con la imagen de la Virgen o una cajita de fósforos marcada con una cruz. Es ficción de autor declarada, pero recoge la imagen que circulaba: el caballo oscuro, el empedrado, la chispa.

  3. En el diálogo de Ancízar que Arias reproduce en 1954 no hay jinete, pero sí la sospecha. El campesino de Los Santos cree que la laguna está encantada y que es cosa del diablo; el viajero ilustrado responde que detrás de esas consejas suele haber hombres que tienen interés en propagarlas.

  4. El relato de Umpalá queda en medio. Hay jinete, empedrado y chispas, como en la lámina, pero bajo el sombrero no hay calavera sino un comerciante de cabros. Y hay, como en Ancízar, un hombre que deja crecer la conseja; sólo que Félix no gana nada con ella, salvo el gusto del apodo. El diablo se desarma cuando unas vecinas reconocen al jinete, no cuando alguien lo conjura.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)

    drive.google.com

    Es la obra de la que con más probabilidad sale el relato de Umpalá: el libro de Valenzuela reúne, según su contraportada, cuarenta y seis «sagas» santandereanas, y fija editorial (Sic, Bucaramanga) e ISBN 978-958-708-437-5. La contraportada nombra cuatro piezas —El Abuelo de los Burros de Pueblo Arrecho, La Vaca de Ungenio, La Hilandera y El Perro que se Parrandió al Pollo—; el tono de apodos y personajes de pueblo es el mismo del Diablo de Umpalá.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «El Jinete Negro», pp. 23-24

    archive.org

    Trae el motivo del jinete nocturno que asusta con el ruido y las chispas de las herraduras. La ficha técnica lo describe como un caballero de luto sobre una cabalgadura negra que rastrilla los empedrados con la herradura, lo sitúa en Antioquia y los Santanderes y anota que en los Santanderes se le llama el Fantasma de Antón García. En el relato, las herraduras estallan contra las piedras y sale un chisperío, la misma imagen que en Umpalá se tomó por el diablo.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas», con el diálogo de Manuel Ancízar en Los Santos, folios 137-138

    flacso.edu.ec

    Da la lectura santandereana más antigua de este tipo de diablo. Arias copia de «Peregrinación de Alpha» el diálogo de Ancízar con un vecino de Los Santos que atribuye al diablo los prodigios de una laguna; Ancízar comenta que el diablo no se mete en esas cosas, salvo en figura de ciertos hombres interesados en propagar semejantes consejas. Es el mismo mecanismo del relato de Umpalá: un hombre deja crecer la conseja del diablo y no la desmiente.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Sobre el autor (sitio de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)

    germanvalenzuelasanchez.wordpress.com

    Sitúa al probable recopilador del relato: nacido en Piedecuesta en 1946 y muerto en 2021, bibliotecario municipal, concejal, columnista de Vanguardia Liberal, fundador de El PicaPica, socio fundador de la Academia de Historia de Piedecuesta y difusor del folclor municipal «basado en el rescate oral». Explica por qué un personaje de corregimiento como Félix María Rueda, con nombre, finca y negocio, entra en una colección de leyendas.

  2. El turismo como propuesta patrimonial: de los museos arqueológicos a las nuevas alternativas lúdicas en la actual provincia de Guanentá (Santander, Colombia) (Memorias, n.º 40, pp. 62-83, DOI 10.14482/memor.40.069.44)

    redalyc.org

    Identifica el lugar: en su lista de voces guanes que se conservan en la toponimia santandereana incluye «Umpalá (corregimiento de Piedecuesta)», junto a Guatiguará y Ruitoque. Es la referencia académica abierta que sitúa el pueblo del relato.

  3. Tres leyendas ganadoras y algo más… (fragmento publicado por el autor: portadilla, solapa y prólogo «Los senderos de Germán»)

    drive.google.com

    Documenta cómo se juntó el corpus piedecuestano al que probablemente pertenece el relato: la solapa habla de una correría a pie de más de 450 kilómetros cuadrados por las 57 veredas y 88 escuelas del municipio con apoyo de la alcaldía, y el prólogo cuenta que el autor habló con cada habitante rural que pudo y lo anotó en su bitácora.

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¿Así te la contaron?

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«El diablo de Umpalá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El diablo de Umpalá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El diablo de Umpalá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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