AndinaMestizoCole-cabuya

El cole-cabuya

Explora el simbolismo del Cole-cabuya en la censura social y el estigma sobre relaciones incestuosas en comunidades de Colombia.

Compartir
Ilustración de El cole-cabuya

En las tierras brumosas y apartadas de San Lorenzo y Supía la Alta, donde el viento entrelaza secretos con el murmullo del río, nació un mito antiguo, tejido entre susurros y ecos de tiempos olvidados. Allí, las sombras de la noche eran visitadas por una criatura singular, una visión que desafiaba las convenciones de la realidad conocida y que marcaba el límite entre lo visible y lo oculto al ojo humano.

El Cole-cabuya, como lo llamaban los habitantes de esas tierras, era una criatura que transitaba las noches con la sutileza del humo en el aire. Tenía el cuerpo de un burro, aunque algunos decían que era más bien un perro de proporciones inusitadas, como si la esencia de ambos animales se hubiera fusionado en un encuentro furtivo de lo sobrenatural. Lo que hacía única a esta criatura, además de su dualidad imposible, era su cola, tejida con cabuya y coronada como si fuera una "flor de guache", una espiga de cañabrava que brillaba bajo el influjo de las estrellas.

Cuentan las leyendas, destiladas entre generaciones de bocas reticentes y ojos que habían visto demasiado, que el Cole-cabuya aparecía en la cercanía de aquellos hogares donde se susurraban vidas marcadas por el estigma del incesto. Historias de uniones entre un tío y su sobrina, relaciones tejidas en la intimidad prohibida de los días que se desvanecían al caer la noche. En las veredas de Llanogrande, Pasmí y La Loma, estas narraciones se entrelazaban, transformándose en una canción dolorosa sobre aquellos que desafían las normas más arcanas y sagradas de la comunidad.

Las personas caminaban por estos caminos con el peso del miedo atenazando sus pasos, pues sabían que encontrarse con el Cole-cabuya era caer en un abismo del que pocos regresaban indemnes. La criatura, tendida en la tierra, aguardaba paciente a los caminantes solitarios. Al sentir su presencia, se alzaba con majestuosidad y, con una sola mirada de aquellos ojos profundos como pozos, los transportaba al desmayo, un sueño pesado como la tierra misma.

De boca en boca, se transmitía la historia de Carlitos, el hijo de Milia, quien fue afortunado y desafortunado de toparse con el Cole-cabuya. Dicen que una noche, mientras el cielo había atesorado todas sus nubes, como presagiando lo inevitable, Carlitos vio a la bestia echada en su camino. Al despertar del desmayo que le produjo, se encontró presa de una fiebre misteriosa, un recuerdo febril de la mirada que había traspasado su alma, dejándolo marcado para siempre.

Los ancianos del lugar, guardianes del pasado y de las palabras nunca pronunciadas, decían que aquellas tierras estaban condenadas por las decisiones tomadas en la clandestinidad de los hogares. El Cole-cabuya era el custodio de un equilibro arcano, una advertencia encarnada que recordaba a los habitantes que no hay secreto que no sea conocido por la tierra en que se vive, y que la naturaleza encuentra sus propias maneras de restaurar el orden quebrado.

A través del velo del tiempo, el mito del Cole-cabuya persiste como un recordatorio sombrío de la intersección entre el bien y el mal, entre lo velado y lo revelado, en un mundo donde lo real y lo mágico bailan eternamente entrelazados bajo el manto de la noche.

Historia

El mito del Cole-cabuya parece haberse originado como un símbolo de la censura y el estigma social hacia las uniones sexuales incestuosas, especialmente entre tíos y sobrinas, en ciertas comunidades indígenas de San Lorenzo y el sector de Supía la Alta limítrofe con ella. Se presenta como una criatura, una bestia con apariencia de burro o perro que emite sonidos de burro y que tiene una cola de cabuya con forma de "flor de guache" o espiga de la cañabrava. Este mito se manifestaba principalmente durante la noche cerca de hogares formados de manera incestuosa, espantando a los caminantes solitarios.

Los relatos más recientes divulgados acerca de este mito proceden de las veredas Llanogrande y Pasmí en San Lorenzo y La Loma en Supía la Alta, datando de entre 1969 y 1972. El mito parece reforzar la presencia de entidades sobrenaturales como consecuencia de comportamientos "mal vividos" dentro de estas comunidades.

Versiones

Esta versión del mito del Cole-cabuya se centra en su simbolismo como una representación de la censura social y el estigma sobre las relaciones incestuosas, en especial las que involucran a tíos y sobrinas, en comunidades específicas de Colombia, como San Lorenzo y Supía la Alta. La criatura mítica aparece durante la noche cercanas a hogares donde ocurren estas uniones, indicando una conexión directa entre la aparición del Cole-cabuya y el juicio moral de la comunidad sobre tales relaciones.

En este contexto, el Cole-cabuya es una especie de ente vigilante que resalta y sazona el tabú social existente, actuando como una advertencia encarnada de las consecuencias inmateriales del incesto. La descripción del Cole-cabuya, con su apariencia de burro o perro y su cola peculiar, asocia visualmente al animal con imágenes domésticas pero distorsionadas, reforzando esta idea de lo familiar llevado a lo monstruoso.

Este análisis subraya la narrativa repetitiva que ilustra la manifestación del mito en ciertas veredas entre 1969 y 1972, enfatizando su pertinencia cultural en comunidades con tensiones sociales significativas. La historia relatada por Alejandrino Izquierdo, sobre la experiencia de Carlitos muestra cómo el mito se utiliza para validar experiencias personales y comunales de transgresión y sus consecuencias, proporcionando una explicación sobrenatural para la enfermedad de Carlitos después de su encuentro con el Cole-cabuya.

A través de estas narraciones, el mito se convierte en un medio de socialización y regulación moral comunitaria, reflejando tanto las creencias como el control social ejercido a través del miedo y la tradición oral.

Lección

No hay secreto que no sea conocido por la tierra.

Similitudes

Similar a los mitos griegos de castigos divinos por transgresiones morales, como el mito de Edipo.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

Ver mapa completo
Compartir

Mitos relacionados

Andina

No hay deuda que no se pague

La historia de Damián Vásquez Montiel, el perulero, revela su pacto con el Diablo y su misteriosa desaparición en la Villa de Arma.

Leer mito
Andina

La dama verde

Explora las diferencias notables en las tres versiones del mito de la Dama Verde, centradas en misterio, fortuna y advertencia moral.

Leer mito
Andina

El perro negro

Las historias del perro negro reflejan encuentros sobrenaturales y pactos oscuros, conectando generaciones a través de relatos de miedo y redención.

Leer mito

Comunidad

Comentarios

Comparte tu mirada sobre el mito. Cuidamos el espacio: solo se publican comentarios aprobados.

Cargando comentarios...

Deja un comentario

Nombre obligatorio. Email opcional (solo para contacto directo, no se publica).

Tu comentario será revisado antes de ser publicado.