El cole-cabuya

Andina · Mestizo

El cole-cabuya

Un animal semejante a burro o perro, con cola de cabuya, se atravesaba de noche en caminos de San Lorenzo y Supía la Alta.

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El cole-cabuya: la entrada del relato

El relato

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Donde hay gente que vive mal, dicen en San Lorenzo, tiene que aparecer el Cole-Cabuya. Es una bestia con cara de burro, o un perro que rebuzna como burro, y lo raro que tiene es la cola: una cola de cabuya en forma de flor de guache, como la espiga de la cañabrava.

Sale de noche cerca de las casas donde un tío vive con su sobrina, o un padrino con su ahijada. Se echa en la tierra o se atraviesa en los caminos, y espera a los caminantes solitarios. Cuando alguien se le acerca, se levanta con la cola parada y lo mira, y con esa sola mirada lo deja desmayado.

En Llanogrande y en Pasmí, y en La Loma, del lado de Supía la Alta, se supo de él entre 1969 y 1972. Alejandrino Izquierdo lo contaba así: por ahí había uno que vivía con una ahijada y además sobrina, y otros mal vividos, y cosas raras. A Carlitos, el hijo de Milia, le tocó ver al maldito Cole-Cabuya ahí echado, y quedó enfermo de gravedad.

El cole-cabuya: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una falta que el vecindario calla puede terminar tomando la forma de un animal atravesado en el camino.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.46028° · -75.6531°

Ficha del relato

Contexto histórico

El Cole-Cabuya está entre los mitos menores de Mitos, espantos y leyendas de Caldas, de Fabio Vélez Correa (1.ª ed., Imprenta Departamental de Caldas, Manizales, 1997; se lee la edición ampliada, posterior a 2007, en El Libro Total). Vélez lo toma de Julián Bueno Rodríguez, que estudió las creencias del occidente caldense, y lo presenta como símbolo de la censura contra las uniones incestuosas —por lo general, unión libre entre tío y sobrina— que, según Bueno, se daban en las comunidades indígenas de San Lorenzo y en el sector vecino de Supía la Alta.

Da una fecha y tres lugares para las apariciones más recientes: las veredas Llanogrande y Pasmí, en San Lorenzo, y La Loma, en Supía la Alta, hacia 1969-1972. Y trae un testimonio de dos frases, atribuido a Alejandrino Izquierdo, que ata el espanto a los vecinos «mal vividos» y cuenta que el niño Carlitos, hijo de Milia, lo vio y enfermó.

San Lorenzo es un resguardo indígena del municipio de Riosucio, en el occidente de Caldas, y el relato pertenece al mundo mestizo de esa frontera, donde Vélez y Bueno recogen seres que castigan faltas morales con una mirada o un desmayo.

Vélez no dice si tomó el testimonio de un libro o de una entrevista. Su lista de fuentes registra los trabajos de Julián Bueno sobre las creencias del occidente caldense, publicados por la Universidad de Caldas a fines de los años ochenta, que son el origen probable de toda la entrada.

Resonancias con otros mitos

El pariente más cercano está en el mismo capítulo de Vélez: El Mirón, otro castigo por la mirada tomado de Julián Bueno. A quien fisgonea de noche por las rendijas lo mira fijo un ojo desde el otro lado, o un animal familiar de tamaño desusado, y lo deja hipnotizado hasta perder el sentido. El Cole-Cabuya invierte la culpa: no castiga al que mira sino que, mirando, señala la casa del que vive mal.

El libro de Vélez reúne varios seres de San Lorenzo y Supía que vigilan faltas contra la naturaleza o la comunidad, como la Chichita de Riosucio, el grillo que viene de noche a arañar a quien imita su canto. En todos el castigo llega de noche, en forma de animal, y deja una marca o una enfermedad.

Y el desmayo por la sola mirada de una bestia echada en el camino es la misma fuerza que otros espantos del occidente caldense ejercen sobre el caminante solitario: el Uñón de Supía la Alta ataca al aserrador que vuelve solo de noche. En los dos casos, quien se salva queda enfermo varios días.

En el alto oriente caldense, el libro del SENA de 2022 recoge al Perro Negro, que con su sola presencia hace perder el conocimiento. Luis Javier Gallego, de Manzanares, cuenta que salió de noche a esperarlo, y que su compañero cayó inconsciente al llegar a casa. Como el Cole-Cabuya, es un animal negro de la noche que desmaya a quien lo encuentra, aunque el perro no señala ninguna falta ajena.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Vélez y Bueno dan una sola descripción y un solo testimonio, y esa entrada, breve, es la que fija la figura del Cole-Cabuya en la región de San Lorenzo y Supía la Alta, con fechas y veredas.

  2. Dentro de la misma entrada hay dos maneras de decir lo mismo. Bueno lo explica como un mito con función social, la censura del incesto, dicho en lenguaje de estudioso. Alejandrino Izquierdo lo dice en el habla de la vereda: donde hay gente mal vivida tiene que existir eso. Para el primero es un símbolo; para el segundo es un animal que se echa en el camino y enferma a un niño.

  3. La forma del animal también duda: burro, o perro que rebuzna. Lo único fijo es la cola de cabuya, como la flor del guache o la espiga de la cañabrava, que le da el nombre. Tampoco es uno solo el lugar: Llanogrande y Pasmí quedan dentro del resguardo de San Lorenzo, y La Loma, al otro lado del límite, en Supía la Alta.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
Referencias
3
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Único registro: el capítulo «El Cole-Cabuya», que Vélez toma de Julián Bueno (censura del incesto en San Lorenzo y Supía la Alta; Llanogrande, Pasmí y La Loma, 1969-1972; testimonio de Alejandrino Izquierdo), y en el mismo libro El Mirón, la Chichita y el Uñón que compara Similitudes.

  2. Auto de visita para la ampliación del Resguardo Indígena San Lorenzo

    supia-caldas.gov.co

    Auto de visita para la ampliación del resguardo indígena de San Lorenzo, el territorio donde se sitúan las apariciones.

  3. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Recoge en Manzanares al Perro Negro, que con su sola presencia hace perder el conocimiento, con el testimonio de Luis Javier Gallego (pp. 75-77), el paralelo que nombra Similitudes.

Voces de la comunidad

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«El cole-cabuya» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El cole-cabuya» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El cole-cabuya» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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