El cacique Cumanday

Andina · Mestizo

El cacique Cumanday

En una leyenda firmada por Fabio Vélez Correa, Cumanday cruza el Nevado del Ruiz en busca de hierbas para salvar a su esposa.

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El relato

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En una tarde clara, vista desde Manizales, la mole del nevado del Ruiz parece un titán que cuida lo que le dejaron sus antepasados. Brilla bajo el sol cuando el cielo está azul, y cuando se pone sombrío se envuelve en un manto de neblina. Por esa nieve caminó una vez un hombre. Sus huellas la marcaron, el calor de su cuerpo derritió algunos copos y su vida quedó unida para siempre a la de la montaña. Se llamaba Cumanday y era el cacique del albo reino, el reino blanco de la cumbre.

Hay quien lo cree paez, de un pueblo hecho a los riscos y a las tormentas, que tendía puentes ingeniosos sobre los abismos y defendió su tierra con ferocidad cuando llegó el invasor.

Cumanday se enamoró perdidamente de una india hermosa, hija de un cacique de una tribu lejana. Aquel amor floreció en las soledades de la cordillera, entre abismos sin vegetación y lagunas heladas. Por fin, un día, los picachos se vistieron de gala. De las profundidades subieron cantos delicados y tristes, sonaron los tambores, y las lagunas guardaron temblando un poco de calor en su seno. El cacique se casaba: ¡Uri, yani hiri hauna!

Pero la desgracia rondaba aquella unión. Los malos espíritus se ensañaron con esos dos que eran tan felices. Cuando llegó el tiempo de nacer el primer hijo, la esposa cayó gravemente enferma. Otra vez reinó la niebla, y un silencio sin fin se apoderó de la cordillera.

El brujo, arrugado como las montañas que lo rodeaban, dijo que sólo unas yerbas podían salvarla, y que esas yerbas se encontraban al otro lado del Ruiz. Cumanday partió melancólico, pero con ahínco: de él dependían la vida de su mujer y la del hijo que estaba por venir.

No volvió nunca. La montaña lo devoró entre sus pliegues blandos. Una grieta traicionera y voraz se tragó sin piedad al esposo amoroso y al padre que esperaba. También murieron su mujer y su hijo.

Desde entonces, el caminante osado que logre llegar a lo más alto del nevado se encontrará con él. Cumanday aparece fantasmal, rodeado de soledad, en una cumbre donde sólo se oye el silbido del viento. Tiene en las manos un manojo de yerbas y se lo ofrece, suplicante, al visitante asombrado que ha subido hasta su alto reino. Le ruega que lo lleve a su hogar, a su tribu.

El cacique Cumanday: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un remedio que llega tarde sigue pesando en las manos de quien salió a buscarlo.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.890833° · -75.3225°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este texto no es un testimonio oral sino una pieza literaria firmada. Fabio Vélez Correa la incluye en Mitos, espantos y leyendas de Caldas, en la primera parte, dedicada a leyendas de tema indígena, bajo el título «El Cacique Cumanday». La primera edición la hizo la Imprenta Departamental de Caldas en Manizales en 1997; la que se lee hoy en la biblioteca digital El Libro Total es una edición ampliada y corregida, posterior a 2007, porque sus fuentes citan prensa de 2005 a 2007. Vélez sólo escribe un párrafo de presentación, donde llama al texto «otro canto, otra oda al Nevado Cumanday», recuerda que muchos han escrito sobre la «Montaña Blanca» y lamenta que la tala y las quemas hayan reducido su nieve. El resto lo transcribe entre comillas, sin nombrar al autor al pie.

El autor probable es John Marulanda. En sus «Fuentes de consulta» Vélez registra «Cumanday y su albo reino», de Marulanda, citado por Alba Nelfy Bernal en el Papel Salmón, el suplemento dominical de La Patria de Manizales, n.º 242, del domingo 8 de junio de 1997. La expresión «albo reino» se repite dentro del texto, lo que refuerza la atribución. No hay narrador, lugar ni fecha de recolección: la voz es la de un escritor manizaleño que mira el Ruiz desde la ciudad y dice «recordamos una leyenda».

La filiación paez del cacique es una conjetura del propio autor («Todos los indicios nos llevan a pensar que Cumanday fue un Paece»), acompañada de un elogio de las «virtudes americanistas» y de un lamento por la decadencia de ese pueblo. Es indigenismo romántico de la prensa caldense, no la palabra de una comunidad. La exclamación de la boda, «¡Uri, yani hiri hauna!», no se traduce ni se atribuye a ninguna lengua.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo libro. En «Ipiaré Ebachí», la princesa quimbaya pierde una sandalia de oro al huir de la erupción; los sobrevivientes ven durante muchas noches su ánima buscándola en las laderas del Cumanday, y dicen que sus lágrimas formaron el nevado Santa Isabel. Como Cumanday, es un muerto que vaga por la montaña con un encargo sin cumplir, y el paisaje entero queda como huella de una pérdida.

En México, la leyenda de Iztaccíhuatl y Popocatépetl cuenta el amor de una princesa y un guerrero que terminan convertidos en los dos volcanes que dominan el valle. Comparte con el texto caldense la pareja indígena idealizada, el desenlace fúnebre y la identificación de un hombre con una montaña nevada. Ambas son relatos de fundación del paisaje que circularon sobre todo en la prensa, el calendario y la escuela, más que en la boca de los pueblos indígenas a quienes se atribuyen.

El viaje por una planta que salve a otro y el fracaso por llegar tarde tienen además un modelo antiguo en Gilgamesh, que baja al fondo del mar por la planta que devuelve la juventud y la pierde en el camino de vuelta.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto de 1997 es el que cuenta la historia del cacique. Lo que cambia entre los textos que la rodean es qué cosa es Cumanday. En el mismo libro de Vélez Correa, los capítulos vecinos de la primera parte usan el nombre para la montaña y no para una persona. En «Ipiaré Ebachí», que el libro presenta como leyenda quimbaya, el ánima de la princesa busca su sandalia de oro «por las laderas del Cumanday». En «La Princesa Napicura», al nacer la niña, «el páramo-volcán de Cumanday arrojó al cielo fuego, humo y piedras». Sólo el texto atribuido a John Marulanda convierte el topónimo en un hombre que se funde con la montaña, y lo dice casi de entrada: el personaje «unió por siempre su vida a la del inerte coloso».

  2. Dentro del propio texto conviven dos registros. Uno es la historia: amor, boda, parto, brujo, travesía, grieta y aparición. El otro es la tesis del autor, que lo hace paez, lo liga a la Gaitana y lamenta la «aculturación descompuesta» de ese pueblo. La presentación de Vélez añade una tercera capa, ecológica: el nevado que pierde su nieve «por la inconsciencia de los hombres». El artículo del Papel Salmón queda registrado en la bibliografía de Vélez por su título y por la cita de Alba Nelfy Bernal.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Único texto del relato: el capítulo «El Cacique Cumanday», que Vélez transcribe entre comillas como «otro canto, otra oda», y en el mismo libro «Ipiaré Ebachí», el paralelo de Similitudes.

  2. Generalidades volcán Nevado del Ruiz

    www2.sgc.gov.co

    Registra que en época precolombina el volcán se llamaba Cumanday (Cerro Blanco), Tabuchía o Tama.

  3. Hoja informativa del volcán Nevado del Ruiz

    www2.sgc.gov.co

    Hoja informativa del Nevado del Ruiz que recoge el nombre indígena de Cumanday.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Geología del Complejo Volcánico Nevado del Ruiz

    www2.sgc.gov.co

    Capítulo de geología del complejo volcánico que menciona el nombre Cumanday en su presentación del volcán.

  2. Por qué se llama Nevado del Ruiz, la historia del volcán que genera alerta

    eltiempo.com

    Explica en prensa que los quimbayas llamaban Cumanday al volcán y por qué terminó llamándose Nevado del Ruiz.

  3. Iztaccíhuatl, la mujer dormida

    inah.gob.mx

    Resume la leyenda de Iztaccíhuatl y Popocatépetl, la princesa y el guerrero convertidos en volcanes, el paralelo mexicano de Similitudes.

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«El cacique Cumanday» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El cacique Cumanday» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El cacique Cumanday» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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