
Andina · Mestizo
El aserrador
Rafael Toro regresa de La Miel cuando un hombre velludo, barbado y de uñas enormes lo persigue por los caminos de Supía la Alta.
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El relato
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Lo que voy a contar pasó en la entrada para la Bocatoma, y no es cuento sino cosa real. Yo estaba en la escuela hace ochenta años; ahora entré a los ochenta y seis.
Un aserrador de La Miel trabajaba con un compañero en Arcón Grande, allá en Oro Fino, bastante arriba. Trabajaban hasta las seis de la tarde. Se llamaba Rafael Toro, de una familia de Toros de La Miel: eran dos hermanos, don Manuel y don Rafael.
Todas las tardes el compañero se quedaba a dormir en Veneros y don Rafael se iba solo para La Miel. Metía un cabo de vela en un farol, de los que se usaban en ese tiempo, porque linterna no había, y arrancaba.
Un día, en la entrada de La Toma, más arriba de Hojas Anchas, sintió un tropel. Serían las ocho de la noche. Volteó a mirar y alzó el farolito, y ahí estaba: un hombre más grande que él, todo peludo, barbado, con unas manos de uñas muy grandes, que le iba a echar mano. Don Rafael pegó el brinco, y en el brinco se le zafó el farol y quedó a oscuras.
Salió corriendo por unos canalones, en un terreno muy disparejo, invocando a la Virgen del Carmen, y aquel animal detrás, arañándolo por encima y agarrándole la ropa. Le dejó la ropa hecha una porquería. Se le fueron quedando las cosas: el sombrero, el machete, el carriel, la ruana. Así llegó al camino que baja de Oro Fino y va para Caramanta, en un punto que llaman Los Zorros, más acá de Hojas Anchas.
Ahí había una posada de mulas, en la casa de doña Carmela Piedrahita, y él dejó el camino de su casa y se fue para allá. Aquello estaba lleno de arrieros. Llegó despavorido, y al verlo así le preguntaron qué le había pasado, y él les contó todo tal como fue. Le dieron posada, se quedó dormido, y al otro día por la mañana se fue para su casa.
Estuvo como ocho días enfermo, con la camisa destrozada y las espaldas moradas y aruñadas. Cuando se alivió, dejó la costumbre de andar de noche: de ahí en adelante volvía del aserradero de día.
Nadie ha podido saber qué fue lo que lo atacó. Algunos dicen que un espíritu. Yo le pregunté a un sacerdote de Caramanta, muy virtuoso y muy inteligente, y me dijo que no podía ser un espíritu, porque el espíritu no hace cosa parecida: hace ruidos y se presenta como fantasma en distintas formas, pero no deja marcas. Y si el espíritu no hace cosa que se vea, entonces aquello tuvo que ser algo como una fiera.

La enseñanza
“Quien anda solo de noche por el monte puede encontrar algo que ni el cura sabe nombrar.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 5.5° · -75.5°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
- Referencias
- 4
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas
ellibrototal.com
Único registro del relato: el capítulo «El Uñón» con el testimonio «Rafael Toro, El aserrador. Leyenda de Supía la Alta», en voz de un narrador de 86 años (La Miel, Oro Fino, Hojas Anchas, Los Zorros, la posada de Carmela Piedrahita), y en el mismo libro la Chichita de Riosucio que compara Similitudes.
- La marquesa de Yolombó
siise.bibliotecanacional.gov.co
Catálogo de los seres del monte antioqueño —Patetarro, Madremonte, Bracamonte— que Similitudes pone junto al hombre peludo de Supía.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
Inventa, bajo el nombre de El Patón, un gigante peludo del monte antioqueño que ataca a caminantes (pp. 67-68), la figura que compara Similitudes.
Contraste y contexto · 1 referencia
- Diseño de pruebas objetivas para evaluar competencias en el área de castellano para el grado tercero de la educación básica primaria
manglar.uninorte.edu.co
Usa como texto de prueba escolar un relato del Patón firmado «Leyenda popular», el gigante del monte que compara Similitudes.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El aserrador» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El aserrador» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El aserrador» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








