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El ánima sola

Explora la figura dual de Celestina Abdégano, una influencia cultural y religiosa en Colombia.

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Ilustración de El ánima sola

En las tierras de Marquetalia, un lugar donde la realidad y el mito coexisten con naturalidad, el viento susurraba historias ancestrales mientras jugaba con las hojas caídas en noviembre. Los habitantes, conscientes de lo que yacía más allá de lo visible, se preparaban para un mes peculiar. Era el mes de las Ánimas, un tiempo en que lo terrenal y lo espiritual se fundían en una danza lenta y solemne. Las calles, envueltas en una penumbra que parecía tener vida propia, eran testigos de eventos que desafiaban la lógica terrenal.

Jairo Ocampo, conocido por todos como el Animero del pueblo, había asumido durante años la tarea de guiar las almas perdidas. Vestido con una capa que no reconocía el paso del tiempo, vagaba por las noches con un farol tembloroso en una mano y una campana de bronce en la otra, entonando plegarias y cuentos. Su voz, a veces viento y otras sombra, era un lamento que despertaba algo antiguo en quienes lo escuchaban. "Un padrenuestro y un avemaría, por el eterno descanso de las benditas ánimas del purgatorio", repetía, con un acento tan profundo que parecía surgir de lo más hondo de la tierra.

Por otro lado, la figura de Celestina Abdégano, el mito que atravesaba mares desde tiempos inmemorables, tejía su camino en la narración del pueblo. Su historia comenzaba en Jerusalén, aquel trágico Viernes Santo donde, con un cántaro de agua, fue condenada por su propia humanidad. Dio de beber a los ladrones Dimas y Gestas pero, temerosa, negó el agua a Cristo. Y así, la leyenda la transformó en el Ánima Sola, condenada a vagar eternamente, su sed tan vastamente insaciable como el desierto mismo. Sus manos, atadas por cadenas invisibles, clamaban por la redención en cada cruce de caminos.

En el corazón de Bogotá, otro relato tomaba forma: un espíritu vivaracho y pícaro, un hombre gigantesco de vestimenta albina y brillantes accesorios coloridos, se paseaba entre los cachacos. Este Ánima Sola encontraba en la superstición de sus contemporáneos una ironía dulce. Engarzado en una parodia de devoción, recolectaba limosnas para las benditas ánimas del purgatorio mientras sus sermones resonaban por las calles como una canción entre la comedia y la tragedia.

Al mismo tiempo, la Anima Sola resonaba en los rezos de los devotos y en las páginas de los libros de registros, aferrándose a cada rincón de la cultura popular colombiana. Su figura navegaba entre la benevolencia y el temor, entre la plegaria sincera y el conjuro malicioso. Los campesinos acudían al cementerio, sus murmullos elevándose al unísono con las campanas que Jairo tocaba, esperando que las ocultas bendiciones o las advertencias de estas almas les mostraran un camino, enjugando, siquiera por un momento, sus incertidumbres.

Así, día tras día, las sombras continuaban danzando mientras Jairo se encontraba atrapado entre lo tangible y lo ancestralmente etéreo. La noche del 2 de noviembre de 1940, mientras la oscuridad era casi palpable, escribió lo que sería su última nota. Sus palabras, como un arco sobre los años, relataron la llegada de un ser que definía la frontera entre lo sagrado y lo profano—aquel lúgubre de capa y sombrero, ángel o demonio cuya presencia siempre sintió cercana.

Finalmente, aquella madrugada, Jairo comprendió que se había convertido en parte de la leyenda misma. Nadie jamás volvió a verlo, pero su historia persistía, entrelazada con la del Ánima Sola que, a pesar del castigo divino, traía tanto temor como consuelo a quienes creían en ella. Y así, los espíritus de Marquetalia continuaron rondando eternamente, susurros que jamás cesaron en la mágica y ominosa realidad del tiempo.

Historia

El origen del mito del Ánima Sola se relaciona con una leyenda que remonta a la época de la crucifixión de Jesús en Jerusalén. Según esta tradición, había mujeres cuyo deber era ofrecer agua a los condenados a muerte. Celestina Abdégano, una de estas mujeres piadosas, llevó agua a Dimas y Gestas, los dos ladrones crucificados junto a Jesús, pero no le ofreció agua a Jesús por temor a las represalias de los judíos. Como castigo por su falta de compasión, fue condenada a sufrir sed y calor eternos en el Purgatorio.

Esta historia ha influido en las creencias de diversas regiones de Colombia, donde el Ánima Sola se representa a menudo como un espíritu femenino errante en busca de redención y se la invoca para obtener ayuda o favores. La devoción por el Ánima Sola en Colombia se remonta a la época de la colonización española y está vinculada a prácticas religiosas y supersticiones locales.

Versiones

La primera versión, escrita por Jairo Ocampo en 1940, se centra en el relato personal de un animero que abandona su pueblo debido a la presencia de una figura misteriosa que lo persigue. Este relato se basa en una experiencia íntima y subjetiva, llena de miedo y misterio, donde el animero siente la presencia amenaza de un ser que puede ser angélico o demoníaco. Este enfoque en el individuo y su experiencia personal contrastan con las demás versiones, que son más generales e impersonales. El relato de Ocampo se destaca por su enfoque en la persecución y el ambiente de oscuridad que invade al pueblo, además de incorporar rituales específicos y decoraciones musicales particulares que parecen afectar de manera directa e inexplicable al entorno.

Por otro lado, las otras versiones presentan una interpretación más general y cultural del mito del Ánima Sola. Estas narraciones destacan el origen legendario de Celestina Abdénago, su relación con la crucifixión de Cristo y su condena al purgatorio. Estas versiones exploran el impacto cultural y religioso de este mito, reflejando cómo se ha inculturado en las prácticas religiosas, especialmente en Colombia. El Ánima Sola es presentada como una figura dual, venerada o temida, vinculada tanto a la ayuda espiritual para resolver problemas como a malas intenciones a través de rituales oscuros. Las narraciones también incorporan detalles populares y practicidades del folclore local, mostrando cómo estas creencias influyen en la vida diaria de distintas comunidades. En resumen, mientras la versión de Jairo Ocampo es personal y vivencial, las otras destacan un folclore más estructurado y ampliamente compartido.

Lección

Las acciones tienen consecuencias duraderas.

Similitudes

Se asemeja al mito de Sísifo en la mitología griega, donde un castigo eterno es infligido por las acciones pasadas.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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