Wuachirajua, la leyenda de El Alma

Orinoquía · Makaguán

Wuachirajua, la leyenda de El Alma

Wuachirajua aparece entre la laguna del Lipa y El Vigía como una presencia cambiante ligada al acompañamiento de los muertos.

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Wuachirajua, la leyenda de El Alma: la entrada del relato

El relato

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Cuentan los abuelos que desde hace tiempo, aproximadamente desde 1948, cuando las familias se encontraban en la laguna del Lipa, apareció Wuachirajua. Apareció porque se perdió la costumbre: antes, cuando alguien moría, los suyos le llevaban una vela hecha con cera de abeja y unos dos litros de agua, y lo acompañaban durante un tiempo. Cuando dejaron de acompañar a sus muertos, empezaron a verlo.

En sus comienzos era un ser grande y peludo, con la estatura de un gran oso y las mismas trazas de ese animal: negro, peludo, con las uñas bien largas y afiladas. Ahora dicen que es como de la estatura de un niño de diez años, negro y peludo, pero con la fuerza de muchos hombres; es difícil pelear con él, porque con la sola presencia asusta. Tiene la facultad de transformarse en ave o en cualquier animal. Anda por los montes persiguiendo y asustando a niños, jóvenes y adultos, y persigue más que todo a las personas de mala voluntad. Se le ve por los caminos en forma de sombra, y se ubica en el cementerio del resguardo y en la escuela, sobre todo cuando no acompañan al familiar muerto.

Un makaguán lo encontró comiendo corozo en el bosque de El Vigía, hará unos veinte años, y se le enfrentó a machete; desde entonces dejó de perseguirlo. Un profesor indígena, recién llegado a trabajar al resguardo, se quedó durmiendo en una de las piezas de la escuela. Por esos días había muerto un compañero indígena. No había luz, por problemas eléctricos, y el profesor iba hacia el baño con una linterna de buena luz cuando vio pasar la sombra de un niño corriendo, que se metió en la pieza contigua. Corrió a ver si era un muchacho que lo quería asustar, alcanzó a mirar otra vez la sombra corriendo y por un instante sintió a alguien mirándolo por la espalda y tocándolo. Reaccionó asustado y lanzó un puño que fue a dar contra uno de los archivadores, y todavía volvió a verlo metros más adelante, corriendo y atravesando una pared, hasta desaparecer al instante. Al día siguiente lo contó en la cancha de fútbol, donde se jugaba todas las tardes, y los compañeros empezaron a contar los suyos: cómo habían escapado del alma en el monte y en los caminos, desde que se creó el internado.

También lo encontró el sabedor Arístides Tocaria, un día de cacería. El ser esperó a que estuvieran apartados de las demás personas y apareció como un niño negro y peludo; no estaba solo, lo acompañaba su pareja. El sabio y el alma empezaron un diálogo, y ambos manifestaron manejar los poderes de los rezos de los antiguos; de ahí pasaron a una lucha cuerpo a cuerpo. Por la habilidad que tenía para correr, el abuelo Arístides logró ocultarse en la casa.

Wuachirajua, la leyenda de El Alma: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Cuando se deja de acompañar a los muertos, algo empieza a aparecer en los caminos.”

Territorio

Orinoquía · Makaguán

Orinoquía · Makaguán

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Makaguán
Referencia
6.94° · -71.27°

Ficha del relato

Contexto histórico

Ésta no es una historia de origen ni se registró como mito. Apareció dentro del proyecto de gobierno propio del resguardo, cuando se identificó un personaje que causaba terror en el pueblo makaguán, y la investigación la clasificó como leyenda: sus hechos tienen fechas, lugares y testigos vivos.

El texto se levantó en 2011, a partir de entrevistas individuales y colectivas con los sabedores y de una conversación directa con Manuel Sánchez, entonces gobernador de la comunidad. Quedó consignado en el diario de campo y después se socializó con miembros del cabildo y parte de la comunidad, que de forma corta iban agregando elementos al personaje. Uno de los testimonios es de un profesor indígena recién llegado al resguardo; otro, de un hombre que se enfrentó a machete con la presencia en el bosque de El Vigía unos veinte años antes de la transcripción.

La última capa es de 2023. Al releerle los textos, Manuel Sánchez contó que él estuvo presente, siendo muy pequeño, en la lucha entre el sabedor Arístides Tocaria y este ser. Tocaria no es un nombre cualquiera en El Vigía: la investigación lo incluye entre los fundadores del resguardo, entre los niños y adolescentes que llegaron caminando con sus padres y sobrevivieron para quedarse. Ese mismo Tocaria había participado en 2010 en la revisión del relato del origen del pueblo.

Las fechas de esta leyenda son recientes y coinciden con las de la violencia en Arauca. La presencia se empieza a ver hacia 1948, con las familias todavía en la laguna del Lipa, adonde iban a cazar lo justo y a esconderse de los colonos que los perseguían. La escuela y el internado donde vuelve a aparecer son muy posteriores. El asentamiento de El Vigía se fundó en 1915 con las familias Tocaria, Sánchez, Cuenza y Fernández, y en el censo del resguardo de 2009 tenía 500 habitantes en 72 familias.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más fuerte no es makaguán. Entre los hitnü de Arauca está documentado Roménu, descrito en los diarios de campo de Miguel Lobo-Guerrero de 1978 a 1982 y otra vez en 2023 y 2024: de baja estatura, frente grande, dientes largos y afilados, cuerpo negro y cubierto de pelo, que raspa y saca la grasa de los corazones para comérsela con su esposa y sus hijos. Para el cacique hitnü actual no es un ser tan malvado: se encarga de recoger a las personas y prepararlas para llevarlas al mundo de abajo, el de los muertos. Los hitnü lo asocian con la epidemia de sarampión de 1964 y con el asesinato del mítsenü Akír a manos de un grupo de blancos armados.

Los rasgos coinciden casi punto por punto —la estatura pequeña, el pelo negro, la pareja que lo acompaña, el trato con los muertos— y las fechas también, las de las llamadas guahibadas. Es una figura hitnü, no makaguán, y vale como vecindad documentada, nunca como la misma creencia.

Hay una coincidencia menor y muy concreta. La ceremonia que se dejó de hacer pedía una vela de cera de abeja; en el abecedario hitnü, la entrada vélap aclara que hay velas blancas de tienda, pero que las de cera de abeja son mejores. Y setseri, en hitnü, es la palabra para espíritu.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La figura no se estabiliza, y la fuente tampoco la estabiliza. En los recuerdos más viejos es un ser grande y peludo con la estatura de un gran oso, negro, de uñas largas y afiladas. En los recientes es del tamaño de un niño de diez años, con la fuerza de muchos hombres. Entre unos y otros aparece como sombra en los caminos, como ave o como cualquier animal.

  2. El nombre también cambia. El relato de 2011 se tituló El Alma (Wuachirajua); el glosario de la investigación y las láminas escolares escriben Wachirajua; y ese mismo término, en el relato del origen del pueblo, no nombra a esta presencia sino a los espíritus de humo que existían antes de que hubiera gente. En castellano el corpus la llama simplemente el alma.

  3. Las dos imágenes que la comunidad aprobó en 2013 no coinciden entre sí. Los estudiantes de séptimo la dibujaron con cabello largo, traje largo negro, rostro muy particular, garras y la facultad de volar. En el dibujo de David González tiene un solo ojo y un pico largo. Los sabedores aprobaron la congruencia de ambas con lo narrado, sin unificarlas.

  4. Queda una lectura que no es de los narradores. En las conclusiones del trabajo, el investigador sugiere que el alma podría interpretarse en el contexto de la persecución, el desplazamiento y las matanzas que sufrieron los antepasados. Es una hipótesis suya. La explicación que dan los sabedores es otra: la presencia empezó a verse cuando se dejó de acompañar a los muertos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Makaguán · Arauca · Orinoquía
Referencias
6
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. La escritura de los mitos y la leyenda Makaguan, según los sabedores del Centro Educativo Indígena Makaguan de Arauquita – Arauca

    repositorio.unal.edu.co

    La fuente que sostiene las tres fichas. Recoge los únicos tres relatos publicados del pueblo —el origen, la gran inundación y el alma— con el nombre y la fecha del sabedor que narró cada uno, a partir de diarios de campo, del PEC de El Vigía de 2005 (ASCATIDAR), de talleres escolares y de las correcciones que la comunidad hizo entre 2005 y 2023.

  2. Epidemia (romé) de sarampión entre los Hitnü (Arauca, Colombia, 1964): una historia basada en etnografía

    doi.org

    Cadernos de Saúde Pública 41(6). Reconstruye desde la etnografía la epidemia de 1964 y el modo hitnü de entender la enfermedad, la muerte y lo que queda de la persona: es el contrapunto vecino de la figura del alma y de Roménu.

  3. Historias tradicionales del pueblo Makaguán. Escuela Azul

    apoyar.org

    El otro corpus makaguán publicado, y el único independiente de la tesis: tres mitos antiguos —la lora, la danta y el ayi-mijo— grabados y transcritos en talleres de 2014 con los narradores nombrados uno por uno. En el del ayi-mijo el marido muerto vuelve a la casa convertido en alma, brujea al niño y la mujer tiene que esconderse: la misma figura que la ficha del alma. ISBN 978-958-58710-4-5.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Tajumé Hitnü. Mi lengua hitnü

    colombiaaprende.edu.co

    Libro bilingüe español-hitnü del resguardo San José del Lipa, en Arauquita, con la lengua todavía viva y las entradas que nombran a los seres del mundo. Es donde el creador se llama Nakanü. ISBN digital 978-958-785-384-1.

  2. Los Macarieros: sabiduría, paz y cultura indígena en Arauca

    radionacional.co

    Publicado el 9 de agosto de 2022. Describe el desplazamiento desde Bocas del Ele, la etnoeducación, el conuco, la caza, el chikua como oráculo y el venado como figura de respeto entre comunidades makaguán de Arauca.

  3. Los Macahuán en riesgo de desaparecer: estrategias para salvar su cultura y sus relatos

    periodico.unal.edu.co

    Publicado el 11 de abril de 2024. Cuenta el trabajo de la tesis desde fuera: los tres relatos, el papel de los sabedores, la negativa a que se les grabara y el uso de transcripciones manuscritas y dibujos en el Centro Educativo Indígena Makaguán. Recoge además la voz del gobernador de El Vigía, Víctor Ángel Tocaría Mora.

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Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Wuachirajua, la leyenda de El Alma» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Wuachirajua, la leyenda de El Alma» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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