En el tiempo de los tiempos, cuando el cielo y la tierra se miraban de cerca y el universo palpitaba con la respiración del amanecer, el Padre Sol, que también era conocido en susurros como el Padre Tacu, decidió que era hora de poblar la vasta tierra que había creado. Esta tierra, grande y exuberante, estaba habitada únicamente por criaturas titánicas que volaban, corrían y nadaban, pero, para su desazón, no albergaba a los seres que habrían de ser su obra maestra.
El cielo, un telón que brillaba con matices que ningún ojo humano había visto, era testigo de una reunión peculiar. El Padre Sol, en su magnificencia, hizo sonar una gran trompeta. Era un llamado antiguo que resonó entre los rincones del cosmos y convocó a las almas que aún no habían conocido un cuerpo, los wachirajua. Estas formas de humo celeste llegaron cantando al son del destino, rodeando a su creador en un armónico círculo de luminarias etéreas.
El Padre Sol, ansioso por ver humanos poblar la tierra, convocó a un gran venado del bosque. Era un venado mañoso, de ojos profundos como pozos de sabiduría. El Gran Dios habló con una voz dulce y espinosa, proponiéndole al venado una especie de pacto. "Si eres capaz de soportar el dolor de extraer tus dientes y muelas, añadiré a tu boca un juego nuevo de piezas de oro puro. De tu sacrificio, emergerán personas de gran inteligencia que poblarán la tierra con sus invenciones".
El venado, testigo del brillante resplandor de la promesa, asintió tembloroso. Pues sabía que si, por el contrario, dejaba escapar un grito, de su boca nacerían los Makawanes, que caminarían eternamente, buscando su alimento entre pepas, raíces y bestias del monte.
El Padre Sol, quien dominaba una fuerza invisible y poderosa, empezó su tarea. Sacó con delicadeza pétrea las muelas del venado, y durante ese doloroso proceso, el venado, al límite de su entereza, sudaba lágrimas relucientes de oro frío. Poco a poco, el acto concluyó, hasta que una última muela, anclada en la carne del martirio, se resistió. Fue entonces, en un instante que se desgarró entre milenios, que el venado dejó escapar un grito desgarrador, ¡un ahaaaaaaaaaaaaaaaaa! eterno.
En ese momento mágico, mientras el eco del grito persistía entre las montañas y los ríos, de su boca emergieron cuatro mujeres y cuatro hombres. Así nacieron los primeros Makawanes, de aquellos vapores de dolor y esperanza. Eran caminantes incansables, recolectores de las riquezas ocultas en la tierra, de carne, pepas de monte, raíces, y el plátano salvaje que acunaba sus sueños hambrientos. Con sus manos creadoras, moldearon capuzas de macana, armas que se alzaban como prolongaciones de su voluntad para cazar el samulia, el maja, el matiwi y el mesa, criaturas del agua y del bosque.
Estos primeros seres poblaban los espacios desiertos, sus pasos trazaban caminos, y entrelazándose entre primos, como los ríos entre las rocas, fueron multiplicándose, cumpliendo así la profecía del Padre Sol.
Impulsado por un trueno invisible de nueva energía, el Padre Tacu no detuvo su empresa. Llamó al gran Araguato, el monogrande cuya mirada era una sabia penumbra. Al Araguato le propuso el mismo trato. Pero este, con una paciencia profunda como las raíces de los montes, soportó en silencio el proceso hasta el final. De su boca, con las flamantes muelas de oro, brotaron innumerables hombres y mujeres. Eran los blancos, hijos de la inteligencia divina, constructores de carros y de aviones, orfebres de las maravillas articuladas que danzaban sobre el planeta.
Y así fue que, bajo la mirada vigilante del Padre Tacu, el mundo conoció el aliento de los hombres. Todo ocurrió como había sido soñado en la vastedad silenciosa del cosmos, donde las estrellas aún contaban historias que se entrelazaban con el viento.
Historia
El mito tiene dos versiones que presentan variaciones en los nombres y ciertos detalles, pero comparten una estructura común. En ambas versiones, hay una deidad creadora: el "padre sol" en la primera versión y "el padre Tacu" en la segunda. Esta deidad es responsable de la creación de la tierra habitada inicialmente solo por grandes animales.
Ambas versiones narran cómo esta deidad decidió crear seres humanos mediante un proceso que involucraba a un venado grande. La deidad promete al venado que si soporta el dolor de que le extraigan los dientes y muelas, le otorgará una dentadura de oro puro, y de su boca saldrán personas inteligentes capaces de muchos inventos. Sin embargo, si el venado grita de dolor, de su boca surgirán personas Makawanas o Makaguanas (muy caminadoras) que vivirán de la recolección y caza.
En ambas versiones, el venado no soporta el dolor y grita, lo que resulta en la salida de cuatro mujeres y cuatro hombres, los primeros Makawanes o Makaguanes, quienes viven de recursos naturales y empiezan a multiplicarse.
Posteriormente, la deidad repite el proceso con un "Araguato monogrande", quien soporta el dolor y le dan dientes y muelas de oro, de cuya boca salen muchas personas, quienes serían los "blancos", inteligentes y capaces de crear vehículos y otros inventos.
Hay diferencias entre las versiones en el nombre de la deidad (padre sol vs. padre Tacu) y en el nombre del primer grupo de humanos (Makawanes vs. Makaguanes).
Estas historias explican no solo la creación de los humanos, sino también la existencia de dos grupos: uno más primitivo y otro más avanzado tecnológicamente.
Versiones
Las dos versiones de este mito comparten una estructura narrativa similar, pero presentan diferencias en los detalles referentes al creador y las entidades involucradas. En la primera versión, el creador de la tierra se identifica como "el padre sol", mientras que en la segunda, es "el padre Tacu" quien desempeña este rol. Este cambio de nombre podría reflejar variaciones culturales o regionales en la figura divina, o apuntar a una interpretación distinta del mismo ser divino bajo nombres diferentes.
Ambos relatos comienzan con un mundo habitado solo por animales grandes y la creación de humanos a partir de un venado, destacando el rasgo de dolor como un componente crucial para determinar el tipo de personas que emergen del venado, ya sean los Makawanes o Makaguanes.
Otra diferencia notable es la presencia de entidades llamadas "wachirajua" en la segunda versión, descritas como seres en forma de humo o almas que adoran y rodean a Tacu, lo cual no se menciona en la primera. Este elemento adicional sugiere una fase preliminar en la creación de la humanidad que está ausente en la narración centrada en el padre sol, aportando una capa de espiritualidad y complejidad en la formación del mundo y los seres humanos.
Además, hay ligeras diferencias en los nombres dados a los grupos de personas que emergen del venado, "Makawanes" en la primera y "Makaguanes" en la segunda, lo cual podría reflejar variaciones dialécticas o entendimientos ligeramente distintos de estos antepasados. En conjunto, las variaciones en los nombres y detalles específicos ilustran diversas perspectivas culturales, mientras que el núcleo del mito de la creación a través del sacrificio y el dolor permanece constante.
Lección
El sacrificio y el dolor pueden dar origen a nuevas formas de vida.
Similitudes
Se asemeja al mito griego de Prometeo, donde el sacrificio es clave para el avance de la humanidad.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



