Los hijos del venado

Orinoquía · Makaguán

Los hijos del venado

Tacu llama a un venado y de su grito nacen cuatro mujeres y cuatro hombres, antepasados que se reconocen como hijos del venado.

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Los hijos del venado: la entrada del relato

El relato

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Al principio no había nacido nadie. El padre Tacu hizo esta tierra grande donde hoy se vive, y la pobló de animales enormes: los que vuelan, los que corren o tienen patas, y los que nadan. El cielo y la tierra estaban tan cerca que casi se tocaban. Tacu tocó la gran trompeta y convocó una reunión, y acudieron los wachirajua, la gente que todavía no era gente, en forma de humo o de almas. Llegaron cantando, adorando y llorando de felicidad al ver al creador, y lo rodearon formando un círculo. Tacu miró alrededor: sólo había animales y wachirajua, y personas no había ninguna.

Entonces llamó a un venado grande, que salió del bosque, y le propuso un trato. Venado mañoso, si usted aguanta el dolor de que le saque los dientes y las muelas, le pongo toda la dentadura de oro puro y de su boca saldrán personas inteligentes, dueñas más adelante de muchos inventos. Pero si grita del dolor, de su boca saldrán personas makaguanas, muy caminadoras, que se irán a coger pepas, raíces y animales de monte.

Con una fuerza que no se mira, Tacu empezó a sacarle los dientes y las muelas de la carraca de abajo. El venado sudaba y hacía todo lo imposible por soportar aquel dolor indeseable. Tacu siguió sacando, y ya iba a terminar: le faltaba la última muela. Cuando la iba a sacar, el venado no soportó y gritó por primera vez, muy fuertemente.

En ese mismo instante, de la boca del venado salieron cuatro mujeres y cuatro hombres. Ésos fueron los primeros makaguanes antiguos. Cogían carne, pepas de monte, raíces y plátano de monte; hicieron capuzas de macana, que les servían para matar samulia, maja, matiwi y mesa, y para pescar; recolectaban kiwi en los montes y esteros. Vivían caminando para arriba y para abajo. Así salieron los hijos, que se juntaron entre primos, y poco a poco se fueron multiplicando: todo salió como el padre Tacu había dicho.

Después Tacu llamó al araguato, el mono grande, y le dijo lo mismo que le había dicho al venado. El araguato sí soportó, y le pusieron dientes y muelas de oro puro. De su boca salió mucha gente, hombres y mujeres. Ésos son los que hoy se llaman blancos, y salieron con la maña de hacer carros, aviones y muchas cosas.

Por eso el venado es, culturalmente, el abuelo de los makaguanes: de su boca salieron. Y por eso andan. De ese venado les viene el nombre que ellos mismos se dan, los hijos del venado, y con él la peregrinación y el encargo de cuidar la madre naturaleza.

Los hijos del venado: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El origen de un pueblo puede estar en el cuerpo de un animal que resistió hasta gritar.”

Territorio

Orinoquía · Makaguán

Orinoquía · Makaguán

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Makaguán
Referencia
6.94° · -71.27°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto que sostiene esta página nació de un encargo escolar. En 2005, el Proyecto Educativo Comunitario que la comunidad de El Vigía elaboró con la Secretaría de Educación Municipal de Arauquita necesitaba saber de dónde venía el pueblo makaguán, y la búsqueda dio con este relato. Lo narró Gregorio Flórez, sabedor de El Vigía, y lo transcribieron profesionales de ASCATIDAR, la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas del Departamento de Arauca. En esa transcripción el creador se llama todavía padre sol y el pueblo se escribe makawan.

El proyecto venía de una gestión política concreta. Entre 2004 y 2007, el concejal German Tocaria Herrera, primer concejal indígena de Arauquita y del departamento, priorizó la educación propia y habló con el director encargado de la escuela indígena de El Vigía para sacar adelante el PEC, que se ejecutó en 2005. Durante su desarrollo, después de escuchar al cabildo y a la comunidad, la coordinadora Rosalba Jiménez dejó dicho que en la historia de los antepasados a los indígenas se los vio como animales, menores de edad y seres sin pensamiento. La investigación relaciona esa frase con lo que el mito dice del araguato y de los blancos.

Flórez es uno de los sobrevivientes de los desplazamientos de la guerra entre liberales y conservadores. En el registro de la investigación aparece hablándole a un muñeco y explicando por qué le habla a un muñeco: los niños del resguardo ya no lo escuchan, y él, cansado de las burlas, había preferido callar.

El 10 de agosto de 2010, para reconfirmar la versión e identificar lo que faltaba o sobraba, se entrevistó al sabedor David González, capitán de El Vigía, junto con José Darío Cuenza y Arístides Tocaria. De ahí salieron el nombre del dios en idioma makaguán, Tacu, y el pasaje del cielo bajo, la trompeta y los wachirajua. Los estudiantes de séptimo dibujaron después el relato, y uno de esos dibujos acompañó una prueba de lectura del segundo plan decenal de educación.

Ese detalle importa porque la lengua ya no se habla. El Instituto Caro y Cuervo situó el makaguán en el tronco lingüístico guahibo, emparentado con el sikuani y el hitnü, pero para 2021 no quedaba en El Vigía ningún hablante: sólo palabras sueltas en boca de algunos sabedores, sin conversación posible. Tacu, wachirajua, kiwi, samulia, maja y capuza son restos de esa lengua dentro de un relato que hoy se narra en castellano.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está a pocos kilómetros y no coincide. Los hitnü de Arauca, de la misma familia lingüística guahibo, cuentan que Nakanü hizo a los animales y a los humanos y los dejó junto a los ríos Ele y Lipa: nadie nace de la boca de un animal ni se juega la dentadura. Lo que sí comparten es el hábito de pensar la vida humana en relación con los animales. Los hitnü dedican a animales la mayoría de sus rituales, con cantos para el jaguar, la tortuga, la iguana, el gabán huesito, el cachicamo, el perro de agua, el oso hormiguero, el pavo, el caimán y el terecay.

El otro paralelo es de nombres, y es propio. El relato explica por qué este pueblo anda: salió de un venado, y por eso peregrina y se llama a sí mismo los hijos del venado. El nombre con que lo llaman los demás llegó por otra vía; Gregorio Flórez recordaba en 2004 que los colonos les decían con desprecio guaiparos o makaguanes, y que antiguamente nadie se llamaba así. Ese nombre ajeno acabó en la geografía: la selva de Arauca donde vivían figura en la literatura como la gran selva del Macaguane, el Airico de Macaguane.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay dos transcripciones y no dicen lo mismo. En la del PEC de 2005, narrada por Gregorio Flórez, el creador es el padre sol, sin nombre propio, y el pueblo se escribe makawan. En la de 2010, narrada por el capitán David González, el creador se llama Tacu y aparece un pasaje entero que la primera no tiene: el cielo y la tierra casi unidos, la gran trompeta y los wachirajua, la gente que aún no era gente, llegando en forma de humo o de almas. La segunda no corrige a la primera; le añade un comienzo y le devuelve al dios su nombre en lengua propia.

  2. El desenlace del araguato es igual en las dos y es el más incómodo: el mono aguanta, recibe dientes de oro y de su boca salen los blancos con los carros y los aviones. Pertenece a una versión transmitida después de siglos de despojo y de apodos impuestos, y se conserva con su procedencia en lugar de limarse.

  3. Hay además una pieza que no encaja. En el glosario de términos makaguanes que levantó la misma investigación, la entrada de los monos —sambo, chuco, choroy— los define como el animal sagrado que da origen al pueblo makaguán, mientras la narración se lo atribuye al venado y reserva al araguato el origen de los blancos.

  4. Entre los vecinos el nombre del creador cambia del todo. El pueblo hitnü, de la misma familia lingüística y de resguardos contiguos en Arauca, cuenta que el mundo está hecho de varias tierras superpuestas y que Nakanü, dueño de la primera, hizo a los animales y a los humanos y luego los dejó al lado de los ríos Ele y Lipa; quien hizo la tierra fue Marat, el papá de los otros dioses. Es un relato hitnü, no makaguán: se cita como variación vecina documentada y nunca como otra manera de decir Tacu.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Makaguán · Arauca · Orinoquía
Referencias
7
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. La escritura de los mitos y la leyenda Makaguan, según los sabedores del Centro Educativo Indígena Makaguan de Arauquita – Arauca

    repositorio.unal.edu.co

    La fuente que sostiene las tres fichas. Recoge los únicos tres relatos publicados del pueblo —el origen, la gran inundación y el alma— con el nombre y la fecha del sabedor que narró cada uno, a partir de diarios de campo, del PEC de El Vigía de 2005 (ASCATIDAR), de talleres escolares y de las correcciones que la comunidad hizo entre 2005 y 2023.

  2. Tajumé Hitnü. Mi lengua hitnü

    colombiaaprende.edu.co

    Libro bilingüe español-hitnü del resguardo San José del Lipa, en Arauquita, con la lengua todavía viva y las entradas que nombran a los seres del mundo. Es donde el creador se llama Nakanü. ISBN digital 978-958-785-384-1.

  3. Epidemia (romé) de sarampión entre los Hitnü (Arauca, Colombia, 1964): una historia basada en etnografía

    doi.org

    Cadernos de Saúde Pública 41(6). Reconstruye desde la etnografía la epidemia de 1964 y el modo hitnü de entender la enfermedad, la muerte y lo que queda de la persona: es el contrapunto vecino de la figura del alma y de Roménu.

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. Historias tradicionales del pueblo Makaguán. Escuela Azul

    apoyar.org

    El otro corpus makaguán publicado, y el único independiente de la tesis: tres mitos antiguos —la lora, la danta y el ayi-mijo— grabados y transcritos en talleres de 2014 con los narradores nombrados uno por uno. En el del ayi-mijo el marido muerto vuelve a la casa convertido en alma, brujea al niño y la mujer tiene que esconderse: la misma figura que la ficha del alma. ISBN 978-958-58710-4-5.

  2. Los Macahuán en riesgo de desaparecer: estrategias para salvar su cultura y sus relatos

    periodico.unal.edu.co

    Publicado el 11 de abril de 2024. Cuenta el trabajo de la tesis desde fuera: los tres relatos, el papel de los sabedores, la negativa a que se les grabara y el uso de transcripciones manuscritas y dibujos en el Centro Educativo Indígena Makaguán. Recoge además la voz del gobernador de El Vigía, Víctor Ángel Tocaría Mora.

  3. Estudio Nacional de la Situación Alimentaria y Nutricional de los Pueblos Indígenas de Colombia: pueblo Makaguán

    icbf.gov.co

    Distingue al pueblo Makaguán del Hitnü por autorreconocimiento, ubica sus resguardos en Arauca y recoge el lugar del venado y de los mitos de creación en la vida de las comunidades.

  4. Palabras propias del pueblo Makaguán. Resguardo Indígena La Esperanza

    apoyar.org

    Glosario makaguán levantado con la comunidad de La Esperanza. En la p. 9 registra «Malilua o Malua: según la mitología del pueblo Makaguán así se llamaba el primer hombre de esta etnia»: el único nombre publicado, fuera del corpus de Mattar, para un antepasado del origen makaguán. Trae además samulia (marrano de monte, p. 14 y ss.), una de las presas que cazan los primeros makaguanes en el relato. ISBN 978-958-58710-3-8.

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«Los hijos del venado» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los hijos del venado» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los hijos del venado» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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