En aquellos tiempos inmemoriales, cuando la tierra aún respiraba con cada amanecer y el cielo susurraba secretos al viento, los Chimilas descendieron a este mundo con la bendición de Papá Grande, el espíritu anciano cuyos cabellos se confundían con los hilos del tiempo. De entre sus manos, el primer Chimila recibió una mochilita tejida con sueños ancestrales, en cuyo interior reposaban semillas de algodón, tiernas como promesas recién nacidas.
Los Chimilas se aventuraron en el vasto territorio que los espíritus del monte labraron para ellos, sobrios y silenciosos bajo la bóveda celeste. En ese mismo territorio, habitaban también los Aruacos, un pueblo sostenido por sabidurías de ríos y selvas, y con quienes los Chimilas compartían una enemistad tejida por generaciones de malos entendidos y baladros de guerreros.
El algodón, ese prodigio blanco que parecía estar tejido del mismo rocío que el cielo esparcía cada madrugada, crecía en los campos Chimilas como un tupido manto de estrellas caídas. Los Aruacos, al ver este regalo de los dioses ajeno a sus tierras, sintieron en sus corazones el deseo de poseer aquello que les era prohibido.
Un Aruaco, cuyo nombre se perdió entre las fábulas del tiempo, decidió cruzar el velo de prejuicios que separaba a los dos pueblos. Su corazón, repleto de valentía y un destello de esperanza, lo condujo a la choza de un Chimila que habitaba en la frontera entre ambas tierras. Con las manos vacías y la mirada llena de sinceridad, se plantó ante la puerta del Chimila y dijo con voz temblorosa pero firme: "Regálame un poco de semilla para sembrar algodón".
El Chimila, observando la honestidad en los ojos del Aruaco, sintió que los ecos de sus ancestros resonaban en su pecho, advirtiéndole de los peligros inherentes a dicha dádiva. "No puedo regalártela," replicó, "porque somos enemigos, y si tú siembras algodón, los otros Aruacos sabrán que viniste aquí y van a matarte." Pero el Aruaco insistió, casi suplicante: "¡Regálamela!".
Acostumbrados a escuchar las canciones de la selva antes de obrar, el Chimila consultó con el aire, y el viento le devolvió una respuesta en forma de susurro apacible que sólo él pudo entender. Así, rompiendo con las cadenas invisibles que unían a los dos pueblos a siglos de enemistad, el Chimila entregó al Aruaco un puñado de semillas, nacidas de la tierra y el cielo, pequeñas esferas latentes de vida y transformación.
El Aruaco regresó a su aldea, protegiendo su tesoro tan cuidadosamente como si se tratase del primer rayo de sol tras una larga noche. Plantó las semillas en el corazón de sus campos, y los dioses, divertidos con aquel atisbo de reconciliación, despertaron a las almas de las semillas con su aliento divino.
Contrario al miedo del Chimila, ningún desastre oscureció el camino del Aruaco. Los otros Aruacos, al descubrir el algodón levantándose de la tierra como niebla solidificada, no lo vilipendiaron ni levantaron armas contra él. En cambio, se aproximaron, tocando con reverencia la milagrosa suavidad de las fibras blancas, y poco a poco, el algodón se convirtió en un puente más fuerte que las diferencias que alguna vez los separaron.
Y así fue, como el mito de los Chimilas y los Aruacos, tejido con hilos de algodón y cargado de esperanzas, se diseminó en el tiempo, dejando que las semillas de la paz florecieran allí donde antes solo había tierra estéril de rencores antiguos. Al final, fue Papá Grande quien, desde su morada de estrellas, sonrió al ver que sus hijos habían aprendido a cultivarse a sí mismos al cultivar la tierra.
Historia
El mito relata el origen de la transferencia del algodón de los Chimilas a los Aruacos. Según la versión proporcionada, cuando los Chimilas llegaron a la tierra, ya poseían el algodón, pues Papá Grande había proporcionado al primer Chimila una mochilita con semilla. Los Aruacos, siendo enemigos de los Chimilas, no tenían acceso al algodón. Sin embargo, un Aruaco visitó la casa de un Chimila y le pidió semillas para sembrar algodón. A pesar de la enemistad, el Chimila accedió a regalarle un poco de semilla, advirtiéndole sobre el riesgo de que otros Aruacos descubrieran su procedencia. A pesar de ello, el Aruaco pudo sembrar el algodón sin sufrir represalias, llevando así la semilla a sus conciudadanos. Este es el origen del mito de cómo los Chimilas concedieron el conocimiento del algodón a los Aruacos.
Versiones
En este mito sobre la entrega de semillas de algodón de los Chimilas a los Aruacos, observamos varias diferencias notables en comparación con otras versiones conocidas de mitos de transmisión cultural entre pueblos indígenas. Primero, en esta narración específica, hay un énfasis en la enemistad existente entre los Chimilas y los Aruacos, lo cual justifica en parte la reticencia inicial del Chimila a compartir las semillas. En contraste, otras versiones de mitos de intercambio cultural pueden presentar a las partes involucradas como aliados o grupos neutrales, motivados por la colaboración o la curiosidad mutua, en lugar de la enemistad. Esta animosidad inicial aporta un elemento de tensión y riesgo que es menos prominente en relatos donde la cooperación es más natural y fluida.
Otra diferencia clave es el acto final de compartir las semillas: en esta versión, el Chimila inicialmente se niega debido al peligro para el Aruaco, pero cede ante la insistencia de este. El éxito del Aruaco en evitar el castigo y expandir el cultivo introduce una subversión del esperado desenlace trágico. En versiones donde prevalece una relación más amistosa entre los grupos, el compartir se presenta como un acto de buena voluntad con menos resistencia y sin necesidad de insistencia. Aquí, la narrativa destaca la superación de barreras y el acto individual de valentía que desafía normas establecidas, sugiriendo un cambio significativo dentro de la estructura social esperada. Además, la lección del mito se centra no solo en el intercambio material, sino también en las complejidades de la relación humana bajo contextos de conflicto.
Lección
La paz y el entendimiento pueden florecer entre enemigos.
Similitudes
Se asemeja a mitos de reconciliación como el de Rómulo y Remo en la mitología romana, donde las rivalidades se transforman en alianzas.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



