La semilla de algodón compartida

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

La semilla de algodón compartida

Papá Grande entrega algodón a la primera persona Ette; después, un hombre comparte semillas con un Aruaco pese a la enemistad entre los pueblos.

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La semilla de algodón compartida: la entrada del relato

El relato

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Cuando los primeros Ette bajaron a la tierra ya tenían el algodón. No lo buscaron después ni lo encontraron por ahí: bajó con ellos. Papá Grande le había dado al primer Ette una mochilita con semilla, y esa mochilita hizo el viaje con él. Así que el algodón no llegó a esta tierra después de la gente, sino al mismo tiempo que la gente y en manos suyas.

Los Aruacos no tenían algodón. No tenían la mata sembrada ni tenían el grano con que sembrarla. Tampoco tenían cómo conseguirlo, porque los Ette eran sus enemigos, y del otro lado de una enemistad no se consigue semilla.

Entonces, un día, un Aruaco vino a la casa de un Ette. Llegó hasta la casa misma, que era la casa de un enemigo suyo, y pidió lo que había venido a pedir: «Regálame un poco de semilla para sembrar algodón».

El Ette le dijo que no. No le dijo que la semilla fuera poca ni que fuera suya. Le dijo lo que iba a pasar después: «No puedo regalártela porque somos enemigos y si tú siembras algodón, los otros Aruacos sabrán que tú viniste aquí y van a matarte». Lo que delataba al visitante no era la visita sino la mata: un algodonal creciendo donde antes no crecía ninguno, en tierra de gente que no tenía la semilla.

El Aruaco no retiró la petición y no discutió la advertencia. Volvió a decir lo mismo, ahora sin explicación y sin trato: «Regálamela!».

Así el Ette le regaló un poco de semilla. Un poco fue lo que pidió y un poco fue lo que le dieron.

El Aruaco se llevó el poco de semilla, se fue con ella de vuelta y la sembró. Sembró algodón en tierra de Aruacos, donde antes no había algodón. Y no lo mataron.

Así fue como los Ette les regalaron el algodón a los Aruacos.

La semilla de algodón compartida: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una enemistad puede seguir en pie y aun así dejar pasar un puñado de semillas.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el décimo de los veintiún relatos que el cacique Tangrutaya Mutsu le narró a Gerardo Reichel-Dolmatoff y que se publicaron en 1945 con el título «Cómo los Chimila regalaron el algodón a los Aruacos». El recopilador anota que los recibió de noche, con el cacique recostado en su hamaca, en voz baja y lenta y en un castellano a veces confuso, y que el anciano insistía en contarlos sólo ante hombres. Conviene tenerlo presente en este caso, porque el algodón que el cuento hace circular es materia de trabajo femenino: en la «Etnografía chimila» de 1946, del mismo trabajo de campo, son las mujeres quienes recogen el algodón en los cultivos, lo apalean con un bastón largo y aguzado, lo hilan torciéndolo sobre el muslo derecho y tejen con él telas y hamacas. Quien cuenta el origen de esa semilla, en el registro que tenemos, es un hombre que narraba sin mujeres delante.

El propio Reichel-Dolmatoff comentó este número, y su comentario es una hipótesis de difusión, no una glosa del narrador: sostiene que el maíz entró a Suramérica desde México y Centroamérica y que el algodón, propagado sobre todo por los Tupi-Guaraní, debió llegar mucho antes a manos chimila, y añade que «es sin embargo interesante ver la comprobación de esta teoría en las tradiciones». Es decir, lee el cuento como confirmación de una cronología arqueológica.

La misma etnografía de 1946 aporta el dato que vuelve reconocible la jactancia del relato: los chimila parecían ser entonces el único pueblo indígena de Colombia que seguía tejiendo sus hamacas enteramente de algodón, mientras la gran mayoría las hacía de fibra de palma, y las hamacas de algodón resultaban un elemento más antiguo que las telas. El registro de las visitas de 1915 y 1920 publicado en 1987 es el contrapunto exacto: el viajero sólo vio entre los chimila hamacas de algodón teñidas, y anotó que los vecinos de la Sierra sólo tenían hamacas de fibra de corteza y que los guajiros, más lejos, tenían de ambas clases. Ese mismo registro advierte que el gentilicio que usó en 1915 no coincide exactamente con el pueblo que el cuento llama Aruacos.

Las fuentes contemporáneas muestran qué pesa hoy ese material. El estudio de 2014 sobre la hamaca ette documenta que se teje con una especie concreta de algodón, con dos hilos de patrón contrario, y que su confección es de principio a fin asunto de mujeres, al punto de que el tejido materializa el modelo del cosmos. El registro del oficio publicado en 2020 afirma que el algodón y la fibra de majagua fueron esenciales en el desarrollo artesanal ette y que con ellos se hicieron mochilas, chinchorros y prendas. La antología de Miguel Rocha Vivas reedita el corpus como literatura ette, y el reportaje del Ministerio de las Culturas de 2024 recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo y usa el nombre con que el pueblo se nombra hoy, Ette Ennaka.

Ninguna de esas fuentes recoge el episodio del algodón entregado a otro pueblo, ni discute intercambios de semilla entre grupos vecinos.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo corpus, tres cuentos atrás. En «Cómo los Chimila consiguieron el fuego», el bien que falta lo tienen unos indios del otro lado del Gran Río que también son enemigos, y la manera de obtenerlo es el brujo Huhum convertido en el sapo Mamu, que cruza a nado, espanta a la gente sentada alrededor de la candela, se traga una braza y la escupe en la otra orilla. Las dos historias cruzan una enemistad con un bien de primera necesidad, pero en direcciones opuestas y con costos opuestos: allí el bien se toma con engaño y el brujo paga quedándose sapo para siempre; aquí el bien se da de frente, en la puerta de la casa, y el riesgo no lo corre quien da sino quien pide.

El segundo paralelo está aún más cerca, en el cuento del maíz. En «Cómo los Chimila consiguieron el maíz», los Aruacos son los que tienen de sobra —tenían mucho maíz y eran gordos— y los chimila los que comen sólo yuca, hierbas y animales del monte. Este relato invierte exactamente esa relación: el pueblo que en el cuento del maíz mira con hambre lo ajeno es aquí el que tiene lo que al vecino le falta, y lo entrega. La diferencia también está en el modo: el maíz hay que arrancárselo a un árbol que se cura de noche, y el algodón sólo hay que pedirlo dos veces.

Fuera del corpus ette, el mismo volumen de 1945 transcribe un relato karib de Guayana en el que, derribado el gran árbol donde crecían la yuca y todas las plantas útiles, cada hombre se lleva pedazos y los siembra en su propio campo, y desde ese día cada quien tiene su yucal. Allí el reparto ocurre hacia adentro, entre los del mismo pueblo, y funda la agricultura de todos. Aquí el reparto cruza una frontera hostil, beneficia a un solo hombre y no funda nada: sólo hace que en adelante los Aruacos también tengan algodón.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este relato hay una sola versión documentada, la de 1945, y la reedición de Miguel Rocha Vivas la reproduce sin añadir un testimonio nuevo. Un solo testimonio deja abiertas preguntas que el cuento no responde y nadie más responde: ni el Ette ni el Aruaco tienen nombre, no se dice de dónde venía el visitante ni a dónde volvió, y no se sabe si la donación se contaba también del otro lado de la Sierra.

  2. El punto más resbaladizo es el nombre Aruacos. En el corpus de 1945 designa a los vecinos con los que hubo guerra —en «Primeras guerras» son los que habitaban antes esta tierra, eran muy ricos y fueron sacados por los chimila—, y en la «Etnografía chimila» de 1946 el recopilador recoge esa misma tradición y la considera posiblemente histórica. Pero el registro de 1915 publicado en 1987 advierte que el gentilicio de entonces no corresponde con exactitud al pueblo que el relato nombra, de modo que identificar sin más a los Aruacos del cuento con un pueblo actual de la Sierra Nevada sería ir más allá de lo que la documentación sostiene.

  3. Las dos capas del relato tampoco se dejan fundir. La primera frase entrega el algodón por creación, en una mochilita que Papá Grande da al primer Ette; el resto lo hace circular por una transacción entre dos hombres que ni siquiera son amigos. El cuento pone las dos cosas seguidas sin explicarlas, y esta ficha las deja seguidas.

  4. Frente al texto heredado, esta revisión corrige lo siguiente. El relato anterior afirmaba que el dueño de la semilla «no dijo que quisiera conservar un monopolio», atribuía la decisión final a un acto de generosidad y cerraba con párrafos sobre el propio relato: que el episodio es breve, que no hay tratado, que la versión anterior añadía campos prósperos, que las fuentes contemporáneas documentan el tejido. También nombraba al narrador dentro del cuento. Todo ese aparato sale del Relato. Lo que queda es lo que pasa: una semilla que bajó del cielo, una enemistad, una petición repetida, una advertencia que no se cumplió y un algodonal nuevo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Describe el intenso cultivo del algodón y todo su proceso: las mujeres lo recogen y lo apalean con un bastón tallado, hilan torciendo sobre el muslo y tejen telas y hamacas, y señala que las hamacas de algodón son un elemento más antiguo que las telas.

  2. Los últimos indígenas chimilas

    publicaciones.banrepcultural.org

    Contrapunto exacto del relato: en 1915 sólo vio entre los chimila hamacas de algodón teñidas, mientras anota que los vecinos de la Sierra sólo tienen hamacas de fibra de corteza y los guajiros, más lejos, de ambas clases.

  3. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Muestra qué significa hoy el algodón entre los ette: las hamacas se hacen con una especie concreta, con dos hilos de patrón contrario, y su confección es de principio a fin asunto femenino, al punto de que el tejido materializa el modelo del cosmos.

  4. Memorias de oficio: tejeduría ette ennaka

    repositorio.artesaniasdecolombia.com.co

    Registro oficial del oficio ette que afirma que el algodón y la fibra de majagua fueron esenciales en su desarrollo artesanal y que con ellos se hicieron históricamente mochilas, chinchorros y prendas de vestir.

  5. Among the Indians of Guiana: being sketches chiefly anthropologic from the interior of British Guiana

    archive.org

    Es la fuente original del relato karib que el campo de similitudes ya contrapone a este cuento: en el capítulo de folclore (pp. 379-380) cuenta que al llegar del cielo la yuca, el plátano y todas las plantas útiles crecían en un solo árbol que descubrió una danta, que los karib lo derribaron tras muchos meses con hachas de piedra y que cada hombre se llevó pedazos para sembrarlos en su propio campo, «so from that day each Indian has had his own cassava-field». Añade que los akawoio cuentan lo mismo con el acure como descubridor.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La semilla de algodón compartida» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La semilla de algodón compartida» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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