En la penumbra añeja de las calles coloniales de Cartagena de Indias, los muros de la ciudad parecían murmurar secretos antiguos, entremezclando el rumor del mar caribeño con los susurros espectrales de una mansión en la calle de Santo Domingo. Allí, una casa se alzaba imponente, guardiana de historias tejidos entre relámpagos de realidades y sueños. Aquella noche, Roberto, un joven que apenas había retornado de sus estudios en Londres, se encontraba en compañía del susurro de todas las historias de fantasmas que habían resonado alrededor de la vigilia, como músicas absorbidas por las paredes de la casa.
Las leyendas de la región florecían entre bocanadas de humo de tabaco y copas de ron, que amansaban los sentidos y liberaban cuentos de espíritus errantes. El más ominoso de todos hablaba de don Manuel de la Roca, un antiguo propietario de su hogar, quien caminaba en la solitaria medianoche a través del corredor de la mansión, para contar una y otra vez los cubiertos de plata en el comedor, antes de esfumarse en el "altillo", desde donde las mareas podían ser contempladas como testigos mudos.
Aquel recinto en el altillo había sido la elección de Roberto para residir, buscando independencia y silencio desde donde dialogar con sus libros, pero también para estar siempre en el epicentro del misterio que envolvía su hogar. La escalerilla hacia el altillo parecía proporcionar un portal entre las dimensiones del mundo palpable y el misterio insondable del pasado.
Cuando Roberto traspasó el umbral de la casa aquella medianoche, empujando el portón de hierro antiguo con su pesada llave, un aire denso le recibió, cargado de rumores de otro tiempo. Como arrastrado por un sonambulismo profético, subió las amplias escaleras, cada peldaño retumbando en sus sienes como el latido de un corazón ancestral. Toda su vida transcurría simultáneamente entre el eco del "velorio", que le había sumergido en el universo del más allá, y las historias estremecedoras que había escuchado en la niñez, apenas susurradas entre sueños.
Ya en su aposento, el reloj se adelantaba con pasos vacilantes hacia la medianoche. La sensación de un futuro inminente, una revelación a punto de nacer del vientre de la velada, le azotaba con un frío singular, como si cada poro de su piel se alzara en respuesta al llamado de lo desconocido y lo eterno. Roberto se preguntaba si este súbito escalofrío era alguna sombra del miedo que había desechado en tantos gestos burlones de juventud. Se acostó, intentando anegar cualquier rastro de inquietud en el sopor del sueño.
Y en ese reino donde lo perceptible se desenreda felizmente de lo razonable, invadió sus sentidos la sorpresa de un toque frío sobre su rostro, arrancándole de su reposo en un instante inconmensurable. Sin abrir los ojos, se enfrentó al abrazo sin calor de una extremidad inerte. Su imaginación, nutrida por los cuentos que tanto había escuchado, hizo su parte, y en un terror inusual, agarró aquel miembro sin vida, tirándolo al abismo del suelo. Sólo entonces, en la claridad luciente de la lámpara de kerosene, comprendió la burla de la realidad a su ensueño: su propio brazo dormido había sido el verdugo del miedo.
Tembloroso, Roberto miró hacia el reloj; la inmutable manecilla oscilaba justo después de la fatídica medianoche. La casa, quieta como un acertijo sin resolver, guardaba su propio silencio, mientras Roberto quedaba entre el alivio y la risa. Afuera, el viento mecían las sombras y las historias de las calles de Cartagena se apartaban tímidamente de la luz del nuevo día.
En el intrincado tejido de esa noche, el mito de don Manuel de la Roca seguía allí, colgado del aire, incompleto pero eterno, aceptando la naturaleza escurridiza de los cuentos, donde la maraña de lo vivido y lo soñado vive en la montaña rusa de la creencia, el asombro y la duda. Así es el reino de aquellos que se cruzan entre las fronteras del despertar y el ensueño, navegando en la tenue línea de la real y lo mágico, que en tierras como estas se entrelazan y funden como amantes que susurran en la oscuridad.
Historia
El mito se origina en las historias compartidas durante un velorio, en el que los asistentes contaban relatos de apariciones y fenómenos sobrenaturales. Específicamente, en la casa de Roberto circula la leyenda de don Manuel de la Roca, el antiguo propietario, quien es visto como una aparición que entra al hogar cada medianoche para contar los cubiertos de plata y luego sube al "altillo" antes de desvanecerse por la ventana. La historia sugiere que don Manuel sigue regresando para comunicar la ubicación del resto de un tesoro escondido. Estas narraciones afectan a Roberto, quien siente miedo a pesar de su escepticismo inicial sobre los cuentos de fantasmas heredados de su familia.
Versiones
En esta versión del mito, la narración se centra en Roberto, quien después de un velorio lleno de historias de fantasmas y apariciones, regresa a casa inquieto por las historias de su propia familia sobre el espectro de don Manuel de la Roca. La construcción del ambiente es meticulosa, detallándose cómo las historias contadas durante la vigilia traen a la memoria de Roberto los antiguos relatos familiares sobre el fantasma que merodea su casa, específicamente, en busca del "entierro" o tesoro oculto. El relato usa el sueño como un mecanismo para aumentar la tensión, culminando en un momento cómico y revelador cuando Roberto se aterroriza sin razón al despertar siendo víctima de una broma inconsciente hecha por su propio cuerpo, al confundir un brazo dormido con una presencia real. Este giro enfatiza una interpretación racionalista del mito, donde las supersticiones y el miedo irracional son desenmascarados mediante una explicación lógica y banal de sus miedos.
El contraste principal y distintivo de esta versión radica en su enfoque en la disonancia entre la superstición y la racionalidad. La experiencia de Roberto toma un giro inesperado de terror a alivio cómico, subrayando un enfoque escéptico hacia las historias sobrenaturales. A diferencia de versiones que podrían alimentar el mito construyendo sobre lo inexplicable, este relato desarma el suspense generado, revelando que el supuesto encuentro con lo sobrenatural fue una simple manifestación física. Esta perspectiva resalta una crítica implícita hacia el miedo irracional y las creencias populares, sugiriendo que muchas de estas experiencias pueden ser atribuidas a malentendidos o percepciones erróneas causadas por estados emocionales exacerbados o situaciones anómalas pero naturales.
Lección
El miedo puede ser desenmascarado por la razón.
Similitudes
Se asemeja a mitos como el de los fantasmas japoneses que buscan resolver asuntos pendientes o los espectros griegos que regresan para comunicar mensajes importantes.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



