Después del sitio

Caribe · Mestizo

Después del sitio

Isabel idealiza a don Blas después del sitio de Cartagena y luego debe confrontar la distancia entre el héroe imaginado y la persona real.

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Después del sitio: la entrada del relato

El relato

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Todavía quedaban cañones junto al bastión de Santa Catalina, y otros pertrechos que el sitio de Vernon había dejado allí donde estaban. La calle iba a morir a la vera de la muralla, y por esa calle pasaban grupos alegres.

Isabel regaba los cestos de claveles del balcón mientras llegaba la hora del sarao. Había vuelto a la ciudad con suerte, justo después de que la flota vencida la abandonara. A veces pensaba en lo que habría pasado si su barco hubiera entrado en la bahía con la entrada en manos inglesas: decomisados, y ella esclava de algún oficial. O ni siquiera de un oficial.

La ciudad estaba resentida y de fiesta. El virrey Eslava y don Blas de Lezo eran los héroes del momento. Esa tarde el gobernador Navarrete, que había acompañado a Lezo en toda la campaña, festejaba la victoria en su palacio, y era fiesta para ricos y para pobres. Quería agradecerles a todos: a los oficiales, a los soldados rasos y a los que salían por el lado de la Boquilla a esperar los víveres del interior. Esos los pasaban en canoas sinuanas, burlando la vigilancia inglesa, para que la ciudad no se rindiera de hambre.

En las esquinas se reían de las monedas. Los ingleses las habían acuñado antes de tiempo, con don Blas de Lezo arrodillado ante el almirante Vernon, una inscripción que daba por abatido el orgullo español y otra que fechaba en abril de 1741 la toma de Cartagena por los héroes británicos. Cuando alguien las mencionaba, los soldados escupían.

Las mujeres del pueblo pasaban en grupos, con faldas anchas de colores, justillos y pañolón. Los hombres rasgaban la guitarra y entonaban décimas del triunfo. Y en los patios, los esclavos armaban la cumbia con los haces encendidos. Era el premio que sus amos les daban por haber levantado a toda prisa las trincheras y parapetos al pie del castillo de San Felipe de Barajas, trabajo que, sumado al de los otros, había sido la clave para echar a los ingleses.

Isabel sentía hervirle en las venas el orgullo de ser española, y les tiraba manojos de claveles a los que pasaban.

En el palacio ardían cuatro lámparas de bacará de veinticuatro velas cada una. Se hablaba de lo único de lo que se hablaba: el sitio, Vernon, los héroes. Unos capitanes contaban cómo les ordenaron hundir las naves de guerra para obstaculizar el paso; otros, la batalla del castillo, donde se jactaban de haber sido sesenta contra tres mil ingleses.

A Isabel la rodeaban oficiales con las medallas en la solapa y los cumplidos aprendidos. Ella escuchaba risueña, bailaba, se asomaba a las tribunas a mirar la algazara de la plaza. Pero tenía el corazón en otra parte. El nombre de don Blas de Lezo, repetido por todas las bocas, le había abierto en el alma un desasosiego que no sabía nombrar. Había oído mil veces el mismo episodio y lo volvía a escuchar embelesada. Le había preguntado por él a su padre, que también era militar, y había entendido que el viejo sentía algo de envidia.

Anunciaron a los héroes. Entró el virrey e inició el besamano de rigor ante cada dama. Detrás, un poco retrasado, cojo y enfermo, entró el otro.

Se hizo un silencio grande. Las damas se empinaban unas detrás de otras para verlo de cerca, y él se inclinaba ante cada una, sonriente y mutilado.

Isabel lo vio llegar y el corazón se le apuró. Lo vio mutilado y comprendió que para ella la gloria de aquel hombre era más hermosa así, y que su valor se le agigantaba cada vez más. La mano que sabía de espadas tomó la suya, que temblaba. Duró un instante. Él siguió con los saludos y ella se quedó donde estaba, con el salón perdiendo contorno, segura de que aquel apretón la había hecho estremecer.

Después del sitio: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La distancia entre un hombre y su fama a veces no decepciona a quien la mide: la agranda.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.423611° · -75.525278°

Ficha del relato

Contexto histórico

El título engaña a quien llegue desde el resto del conjunto. «El sitio» de esta leyenda no es el de Pablo Morillo, de 1815, con el que se asocian casi todas las demás piezas del libro, sino el del almirante Edward Vernon, y el texto lo dice en su primer párrafo: los cañones que siguen junto al bastión de Santa Catalina son «del pasado sitio de Vernon». Por si quedara duda, la autora transcribe la inscripción de las monedas inglesas con su fecha, abril de 1741. Son setenta y cuatro años de diferencia, otro enemigo y otro siglo, y nada en la pieza toca la Independencia.

La leyenda ocupa los folios 374 a 377 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», antología de Eugenia Villa Posse publicada por el IADAP en Quito en 1993. La sección veintiocho de ese volumen reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González, y remite a las páginas 29 a 199 de una tirada concreta, la que la Imprenta Departamental de Cartagena sacó en 1982. El libro en cambio es de 1962 y se imprimió por primera vez en los Talleres El Marinero; entre una cosa y otra pasaron por él Colgráficas, en 1979, y después, ya en 1989, Plaza & Janés. La compiladora presenta el conjunto como recogido de la tradición oral de la población negra de la ciudad y advierte, en la misma nota, que lo impreso es una redacción literaria del habla popular: hay una autora escribiendo, no una grabadora transcribiendo.

Hay un detalle de factura que distingue esta pieza de sus vecinas. Al terminarla, la autora sale del relato y añade una nota aparte, con otra tipografía, para informar de que don Blas de Lezo murió a consecuencia de las heridas recibidas durante el sitio. Es el único caso del conjunto en que el texto se interrumpe para dar un dato histórico que la ficción no necesita, y sirve para medir con qué ánimo estaba escrito: la autora quería que el lector supiera qué fue de ese hombre.

Del mundo negro y esclavo que la nota de procedencia anuncia, esta pieza sí conserva algo, aunque de lejos y sin nombres. Los esclavos de la ciudad aparecen dos veces: levantando a destajo las trincheras del castillo de San Felipe de Barajas, trabajo que el texto declara decisivo para la victoria, y tocando cumbia en los patios como premio por haberlo hecho.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo es un objeto y está documentado: las medallas acuñadas para celebrar una victoria antes de tenerla. Las que aquí se mencionan pertenecen a una serie amplia, fabricada en Inglaterra en torno a las campañas del Caribe, y el caso de Cartagena es el más citado precisamente porque el resultado fue el contrario del que la pieza proclama. El relato las usa como usa el folclor los objetos parlantes: el triunfalismo queda grabado en metal y el metal sobrevive para desmentir a quien lo encargó.

El segundo parentesco es de forma narrativa y tiene una familia enorme: el enamoramiento de oídas. La protagonista no ha visto al héroe, no vivió el sitio y llegó a la ciudad cuando todo había pasado; lo que ama son las coplas, los relatos de sobremesa y un nombre repetido. Es el esquema del amor de lonh de la lírica trovadoresca y de los muchos cuentos en que alguien se prenda de un retrato o de una fama, con el paso previsto del desengaño al encontrarse con la persona.

Y ahí es donde esta pieza gira contra su propia tradición, lo que constituye el tercer parentesco. El encuentro no rebaja al héroe: lo ve cojo, tuerto y mutilado y su admiración aumenta. Las heridas funcionan como credencial, que es un lugar común muy viejo de la retórica heroica —las cicatrices mostradas como prueba ante la asamblea— y que aquí reaparece en un salón de baile colonial, sin una palabra de lástima.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El relato mezcla dos materiales que conviene mantener separados. Lo verificable fuera del cuento es el marco: el sitio de 1741, el virrey Sebastián de Eslava, don Blas de Lezo, el gobernador Navarrete, el hundimiento de las naves en la bahía y las monedas inglesas. Lo que pertenece a la autora es el primer plano: Isabel, su padre militar, el balcón de claveles y el sarao entero.

  2. Las monedas son el punto donde las dos capas se tocan y donde más varían los registros. Esas piezas existen, se conservan en colecciones y se acuñaron antes de que la campaña terminara, celebrando por anticipado una victoria que no ocurrió. Su leyenda circula en varias formulaciones, y en inglés; lo que el relato imprime es una traducción libre, así que la inscripción que aquí se lee vale como cita de esta autora y no como transcripción de la pieza metálica.

  3. Otro dato exige el mismo cuidado. La cifra de sesenta defensores contra tres mil ingleses no la afirma el narrador: la ponen los oficiales en una conversación de sobremesa, y el texto la presenta como lo que es, jactancia de fiesta. Trasladarla como número sería atribuirle a la autora algo que ella no sostiene.

  4. Queda la nota final sobre la muerte de don Blas de Lezo. La autora la atribuye sin más a las heridas del sitio, que es la versión más difundida; la historiografía discute desde hace tiempo si fue eso, o la peste que se cebó en la ciudad después de la campaña, o las dos cosas a la vez. El relato no entra en la discusión y aquí no se le hace decir lo que no dice.

  5. Y una advertencia de soporte, común a todo el conjunto: lo que se lee es la reproducción parcial que la antología hizo en 1993, no el libro impreso, que no está digitalizado en ninguna de sus tiradas.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
9
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Corre entre los folios 374 y 377 y es la única fuente del relato, empezando por el dato que cambia de siglo la ficha entera: «el sitio» del título no es el de Morillo sino el de Vernon, y el texto lo dice en su primer párrafo —los cañones junto al bastión de Santa Catalina son «del pasado sitio de Vernon»— y lo confirma transcribiendo la inscripción de las monedas inglesas con su fecha de abril de 1741. Sólo aquí constan Isabel, su padre militar, el balcón de claveles y el sarao entero; la jactancia de sobremesa de los sesenta defensores contra tres mil ingleses, que ponen los oficiales y no el narrador; los esclavos levantando a destajo las trincheras de San Felipe y tocando cumbia después como premio; y la nota final, en otra tipografía y fuera del relato, en que la autora informa de que don Blas de Lezo murió a consecuencia de las heridas del sitio.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Da razón de que esta pieza lleve una nota erudita pegada al final, cosa que no ocurre en ninguna otra del conjunto. La antología presenta la sección veintiocho, en el folio 359, como una recopilación de leyendas de tradición oral con «una redacción literaria del lenguaje popular»: hay una escritora trabajando el material, y por eso puede salirse del relato para informar al lector de lo que fue del almirante. El tomo es además el soporte por el que hoy se lee el texto —páginas 29 a 199 del libro de 1982, en los folios 359 a 413— y el que permite retirar la atribución a Martínez Fajardo, que ocupa otra sección del mismo volumen con otro libro y otra década.

  3. Blas de Lezo (Cartagena de Indias · Personalidades)

    cvc.cervantes.es

    Es la comprobación externa del personaje sobre el que se construye el relato, y sostiene el rasgo del que depende su remate: que el héroe estaba mutilado. La semblanza reconstruye la carrera del marino —las heridas acumuladas en campaña que le costaron una pierna, un ojo y el uso de un brazo, y la defensa de Cartagena frente a la escuadra de Vernon en 1741— y permite decir, fuera del cuento, que la cojera, la tuerta y el brazo inútil que Isabel ve en el sarao no son invención de la autora. La leyenda hace con esas heridas lo que la retórica heroica lleva siglos haciendo: convertirlas en credencial.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Deja ver de dónde viene el impulso erudito que interrumpe el cuento en su última línea, con un dato sobre la muerte de un almirante, cosa que no ocurre en ninguna otra del libro. La investigación patrimonial sobre la autora registra que una de sus grandes obsesiones fue la historia de los asaltos que sufrió Cartagena de Indias en la colonia —investigación que le valió el ingreso a la Academia de Historia de la ciudad— y consigna entre sus títulos uno dedicado por entero al asunto, «Asaltos y sitios a Cartagena durante la colonia». La escritora que se interrumpe para informar de qué fue de don Blas de Lezo es la misma que escribía historia de sitios por fuera de la ficción, y esa doble condición es el dato que sostiene la capa histórica del relato.

  2. Las fortalezas de San Lázaro (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 4, n.º 11, pp. 1100-1104)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Levanta el escenario militar del que la fiesta del relato es la resaca. El ensayo reconstruye el cerro de San Lázaro y el castillo de San Felipe de Barajas, transcribe la lápida que fecha su fábrica en 1657, narra la resistencia de la plaza a Vernon en 1741 y enumera las baterías —San Lázaro, la Redención, Santa Bárbara, la Cruz, San Carlos, los Apóstoles— que componían el conjunto. Es lo que da cuerpo a las trincheras que en el cuento levantan los esclavos y que el texto declara decisivas para la victoria.

  3. Medal commemorating Vernon's attack on Cartagena, 1741 (National Maritime Museum, objeto RMGC-38519)

    rmg.co.uk

    Comprueba que la moneda del relato existe y que su fecha es la que la autora transcribe. La ficha describe una medalla de latón de 38 milímetros acuñada en torno a 1741 y conservada en el National Maritime Museum: en el anverso, Vernon de pie con bastón entre un ancla y un cañón, con la leyenda «THE BRITISH GLORY REVIV D ADMIRAL VERNON»; en el reverso, un puerto militar con un gran fuerte, navíos y una ciudad de tres campanarios, con la leyenda «AD VERNON ADML OGLE TOOK CARTHAGENA BY SEA AND LAND» y, en el exergo, la fecha «APL : I : 174 : 1». El museo anota que Vernon bombardeó Cartagena en 1740 y que el intento de tomarla en abril de 1741 fracasó. Es decir: la pieza proclama en metal una victoria que no ocurrió, y el cuento la usa exactamente para eso.

  4. Historia del Cerro de la Popa (Macroproyecto de Recuperación Integral del Cerro de la Popa, Producto 3)

    observatorio.epacartagena.gov.co

    Confirma desde otro punto de la ciudad el hecho que el relato da por pasado en su primera línea. El anexo reconstruye la historia del Cerro de la Popa desde su bautismo en 1510 y registra, con nota al pie, la ocupación del cerro por las fuerzas del almirante Vernon en 1741, junto al saqueo de Pointis y Ducasse de 1697. Sirve para que «el pasado sitio de Vernon», que en el cuento es apenas una referencia de sobremesa entre cañones abandonados, quede fechado y localizado fuera de la ficción: no es un pasado vago de piratas sino una campaña concreta que tocó la ciudad entera.

  5. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Sirve para situar el sitio de 1741 en la curva larga de la ciudad y para no confundirlo con el de 1815, que es el error que esta ficha tuvo que corregir. El libro reconstruye tres siglos de población cartagenera sobre los censos de 1777, 1875 y 2005, y trata los dos asedios como acontecimientos de escalas distintas: el de Vernon queda del lado del auge portuario y militar del siglo XVIII, y el de Morillo, con sus dos mil muertos, del lado de la catástrofe que hunde a la ciudad en el XIX. Setenta y cuatro años, otro enemigo y otro siglo.

  6. Los estudios sobre la esclavitud en el Caribe colombiano (Historia Caribe, vol. 20, n.º 47, pp. 197-222)

    revistas.uniatlantico.edu.co

    Resume el estado de la investigación con el que leer las dos apariciones de esclavos en el relato sin darlas por transparentes. El balance recorre lo que la historiografía del Caribe colombiano ha establecido y lo que sigue sin establecer sobre la esclavitud urbana, incluidas las formas de trabajo forzado en obra pública y las prácticas festivas de la población esclavizada. El cuento dice dos cosas —que levantaron las trincheras a destajo y que después los dejaron tocar cumbia en los patios como premio— y las dice de pasada, sin nombre y sin voz: el balance permite señalar qué parte de eso está documentado como práctica y qué parte es el modo en que una autora de 1982 recuerda a esas personas.

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«Después del sitio» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Después del sitio» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Después del sitio» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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