Cuento fantástico

Andina · Mestizo

Cuento fantástico

Un caminante perseguido entra al río de Oro y descubre que una pequeña navaja puede abrir la corriente a su voluntad.

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El relato

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Un parroquiano de Piedecuesta cruzaba una tarde, con paso lento, la Calle Diez. Al rato notó que tres muchachos lo seguían a distancia y que imitaban cada uno de sus pasos. Contra la luz del sol que se escondía detrás de las montañas, las sombras de los tres se alargaban sobre los adoquines.

Para quitárselos de encima cambió de rumbo. Al pasar frente al monasterio de las Clarisas torció a la derecha. Miró de nuevo: seguían detrás.

La inquietud le subió por la garganta y apuró el paso. Se desvió por el viejo chasis y siguió hacia el Río de Oro, que ni es río ni es de oro. Volteó otra vez. Los tres venían más cerca y más resueltos.

Entonces tuvo una idea. Sin detenerse, se metió al agua. Llevaba unos tenis marca Tiburón que parecían hechos para pisar aquel lecho de piedras resbaladizas. Los perseguidores entraron detrás, chapoteando.

Pasó más de un cuarto de hora. Ya casi le tocaban la espalda cuando recordó lo que llevaba en el bolsillo derecho: una navaja marca Campana. La sacó, se hizo a un lado hacia la orilla y, de un tajo, cortó las aguas.

El río se encrespó hacia atrás y arrastró a los tres corriente abajo, golpeándolos contra las piedras. El parroquiano salió del agua con la ropa empapada y siguió su camino, libre.

Cuento fantástico: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien conoce su río y su camino puede convertir el terreno en su mejor defensa.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
7.0625° · -73.015°

Ficha del relato

Contexto histórico

De este cuento no existe ningún registro impreso o digital al que hoy se pueda acudir. Ninguna obra sobre la tradición oral de Piedecuesta lo nombra: no aparece en la parte abierta de los libros de Germán Valenzuela Sánchez, ni en el sumario de las crónicas de Vicente Arenas Mantilla, ni en el capítulo de leyendas de Juan de Dios Arias que Eugenia Villa Posse reprodujo en 1993, ni en el Boletín de Historia y Antigüedades o la prensa local fechable. Su propio título lo presenta como un cuento fantástico, y lo que cuenta es una anécdota urbana con marcas comerciales —unos tenis Tiburón, una navaja Campana— que la sitúan en la segunda mitad del siglo XX.

Los lugares, en cambio, son reales. La reseña histórica del municipio que publica el Área Metropolitana de Bucaramanga nombra la cuenca alta del Río de Oro como el camino por donde se subía hacia Pamplona, y sus vegas como la tierra de las siembras de tabaco. El río del cuento es, pues, el mismo que atraviesa la historia económica de Piedecuesta, aunque el narrador se burle de él diciendo que ni es río ni es de oro.

El motivo que el relato pone en juego —un río que se vuelve contra quien persigue— tiene en Santander un registro antiguo. Juan de Dios Arias, en su «Folclor santandereano» de 1954, recoge las consejas que se repetían sobre la laguna de Ortices, en San Andrés: personas tragadas por un remolino súbito, viandantes perseguidos por las aguas irritadas y cóleras del agua calmadas por un objeto bendito. En ellas el agua es una fuerza con voluntad, que castiga o protege según quién entre en ella. El cuento piedecuestano le da esa voluntad al río con un gesto: el tajo de una navaja.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más evidente es el paso del mar Rojo. En el Éxodo, los israelitas cruzan el mar en seco mientras las aguas forman un muro a cada lado; cuando los egipcios entran detrás de ellos, Moisés extiende la mano, las aguas vuelven y cubren los carros y la gente de a caballo. El cuento de Piedecuesta repite el esquema a escala de barrio: el perseguido entra primero al agua, los perseguidores lo siguen, un gesto de la mano cambia el agua y la corriente se los lleva.

El segundo parecido es el de la huida mágica de los cuentos europeos. En «La ondina» de los hermanos Grimm (cuento 79 de su colección), dos niños escapan de una ondina que los tenía cautivos; al verla venir, la niña arroja un cepillo, el niño un peine y la niña un espejo, y cada objeto se convierte en una montaña que la perseguidora tiene que cruzar. El espejo se vuelve una montaña de vidrio tan resbaladiza que la ondina no puede pasarla. Como en Piedecuesta, el que huye se salva con un objeto cotidiano que lleva encima y que, en el momento justo, pone un obstáculo entre él y quienes lo siguen.

La diferencia está en el agua. En los Grimm el agua es el mundo del que se huye; en el cuento piedecuestano es el camino de la salvación.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El motivo del agua que se vuelve contra el perseguidor tiene tres formas documentadas cerca de este relato, y ninguna coincide del todo.

  2. En las consejas de la laguna de Ortices que recoge Juan de Dios Arias (1954), el agua es la que persigue. Los viandantes huyen de las aguas irritadas, y un objeto bendito puede calmar su cólera. El peligro está en el agua misma, y el remedio es religioso.

  3. En el cuento de Piedecuesta el reparto se invierte. El agua es refugio para el perseguido y trampa para los perseguidores, y el objeto que la gobierna no es bendito sino una navaja de bolsillo. El gesto de cortar las aguas es lo único sobrenatural del relato; todo lo demás —la calle, el monasterio, los tenis, los tres muchachos— es cotidiano.

  4. En el relato bíblico del paso del mar Rojo (Éxodo 14), el agua también se abre para los que huyen y se cierra sobre los que persiguen, y también hay un gesto que la gobierna: Moisés extiende la mano sobre el mar. La diferencia es de escala y de sentido. Allí es un pueblo y un ejército, y el poder viene de Dios. En Piedecuesta es un hombre solo contra tres muchachos, y el poder parece estar en la navaja o en el río, sin que el relato diga cuál.

  5. La versión piedecuestana, con su tono ligero, se parece menos a una leyenda de castigo que a un cuento de fuga en el que el héroe se salva por ingenio y por suerte.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
3
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Piedecuesta: historia, datos generales, economía (página municipal del Área Metropolitana de Bucaramanga)

    amb.gov.co

    Sitúa el río del cuento. La reseña cuenta que el camino hacia Pamplona y los Andes colombo-venezolanos subía siguiendo la ribera norte de la cuenca alta del río de Oro, nombra la falla del río de Oro entre los accidentes del relieve municipal y ubica en las vegas del valle del Río de Oro el cultivo de tabaco. Es el Río de Oro por el que huye el parroquiano.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lagunas encantadas» (laguna de Ortices), folio 137

    flacso.edu.ec

    Da el registro santandereano del agua que actúa contra quien entra en ella. Sobre la laguna de Ortices, en San Andrés, Arias recoge «las innumerables consejas» de personas tragadas por un remolino súbito, de viandantes perseguidos por las aguas irritadas y de cóleras calmadas por un objeto bendito. En el cuento de Piedecuesta el río también se encrespa y arrastra, y también un objeto que se lleva encima decide la escena.

  3. The Water Nixie (Die Wassernixe), Kinder- und Hausmärchen n.º 79, en la traducción de D. L. Ashliman

    sites.pitt.edu

    Da el esquema de la huida con objetos: dos niños escapan de la ondina que los tenía cautivos, y al verla venir arrojan un cepillo, un peine y un espejo, que se convierten en montañas; la de vidrio es tan resbaladiza que la perseguidora no puede cruzarla. Como la navaja del parroquiano, un objeto cotidiano que el fugitivo lleva encima se vuelve, en el momento justo, el obstáculo que lo salva.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Cuento fantástico» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Cuento fantástico» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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