Cuento de ánimas

Andina · Mestizo

Cuento de ánimas

Dos relatos de Otero D’Costa hacen aparecer ánimas a Laurián y Ñuá Ulogia para imponer disciplina católica en Santander.

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El relato

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En las tierras de Caldas las ánimas benditas asustan a los niños y a las viejas. Allá cuentan del Ánima Sola y de la Pata-Sola, y de ánimas que despertaron a medianoche a la cocinera Mariejesús Cañas para que se levantara a rezar las oraciones que esa noche, enferma, había dejado de rezar. En las montañas de Santander son otra cosa: traviesas, alegres, a veces bromistas, viven entre los campesinos y, si los molestan, es para corregirlos, como madres cuidadosas. De ellas se habla junto al fogón en las noches de invierno, cuando la lluvia se desgaja sobre los montes.

Laurián era buen trabajador, pero a su familia le servía de poco, porque cada lunes bajaba a la feria de Rionegro y, hecho el mercado, se gastaba lo que le sobraba en las tiendas del camino. Allí se estaba tomando totumas de guarapo con tres o cuatro amigotes, al son de los tiples y las maracas.

Una noche de noviembre volvía a su cabaña con el hatillo del mercado a cuestas y una borrachera de tamaño heroico. Había buena luna, cantaban las ranas en los pantanos, y Laurián, que era un poco trovero, se puso a cantar:

En la puent'el Chicamocha

me taba aguaitando el tigre.

Yo pelé por mi machete,

y nian el rabo le vide.

Iba a empezar otra copla cuando, al asomar al alto de Miradores, casi se desmaya: por el camino avanzaba, despacio, bajo la luna, una larga procesión de ánimas. Se salió del camino y se escondió detrás de un matorral de urimaco, más muerto que un difunto. Las ánimas pasaban rezando con mucha pausa, y ya iba él dando gracias al cielo porque no lo habían visto, cuando una de ellas, más larga y flaca que las demás, olfateó el aire y dijo:

—¡Fo, fo! ¡Hiede a carne humana!

Todas se volvieron a una, cayeron sobre Laurián y lo sacaron al camino. Lo pelotearon por los aires como una perinola, de cabeza, de pie, atravesado, mientras cantaban en coro:

¡Volá, volá,

por borrachito,

señor Laurián!

Cuando se cansaron, lo alzaron de pies y manos, lo golpearon media docena de veces contra el suelo y desaparecieron.

Al día siguiente la familia salió a buscarlo y lo encontró enredado en la copa de un gualanday, tan aturdido que en ocho días no supo de dónde era vecino. Una promesa al Señor de los Milagros de San Juan Girón le devolvió todas sus facultades menos una, la de beber, de la que quedó curado para siempre. Cuando los amigos lo invitaban a guarapo, contestaba que prefería el gusarapo, y tomaba agua.

La cocinera contaba otra. En las afueras de Rionegro, saliendo hacia Bucaramanga, junto a un cacaotal, vivía la comadre Ulogia, que rezaba en la iglesia y cosía para la gente del campo. Un domingo, a las diez de la noche, seguía dale que dale a la máquina, porque al día siguiente había mercado, cuando oyó voces que rezaban el rosario. Por la ventana vio una fila de ánimas que salían del cacaotal con mortajas blancas, el rosario en una mano y un cirio en la otra. Se arrodilló aterrada. La última era la difunta Jovita, conocida suya, que se acercó a la ventanilla:

—¡Por tu madrecita, recórtame la mortaja, que me queda tan larga que no me deja caminar!

Ulogia salió con las tijeras y le cortó el ruedo. Jovita se miró las canillas al aire y se enojó. Alzó lo que parecía un cirio, que era una canilla de muerto, y le dio con ella en la frente:

—¡Demonia de mujer, nada te iba a salir derecho por andar trabajando los domingos!

Y se fue corriendo detrás de las otras. Quien contó esto después aseguraba que de niño conoció a ñuá Ulogia, y que ella misma le mostró en la frente la cicatriz del canillazo.

Cuento de ánimas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El castigo que corrige con una burla puede cambiar una costumbre mejor que el castigo que sólo asusta.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.5° · -73°

Ficha del relato

Contexto histórico

El texto es un cuento de Enrique Otero D'Costa publicado en 1936 en su libro Leyendas, de la Biblioteca Aldeana de Colombia (Selección Samper Ortega, Minerva), con dedicatoria a José Joaquín Casas. Se lee en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia de Eugenia Villa Posse (IADAP, Quito, 1993), sección 17, «Varias regiones», pp. 56-59. Villa Posse advierte que Otero reunió allí relatos oídos directamente a campesinos, que «recuerda y elabora» para darles forma literaria. La Revista UPB, que en 1964 reimprimió otras piezas del libro, no trae ésta.

Farouk Caballero Hernández lo estudió en 2012 en la revista Rastros Rostros (Universidad Cooperativa de Colombia, vol. 14, n.º 27, pp. 69-74) con el libro de 1936 a la vista, y sitúa el episodio de Laurián en sus pp. 130-134 y el cierre de Ulogia en la p. 137. Esa paginación no concilia con la de Villa Posse, que da las pp. 15-46 para toda su selección.

La geografía es santandereana: la feria de Rionegro, el alto de Miradores, el camino a Bucaramanga, el puente del Chicamocha de la copla y el Señor de los Milagros de Girón. El cuento abre en Caldas sólo para contrastar: allí las ánimas son terribles; en Santander, bromistas y correctoras. El primer episodio lo cuenta el autor; el segundo lo pone en boca de una cocinera y lo cierra con un testimonio en primera persona, el de quien vio de niño la cicatriz.

Resonancias con otros mitos

La frase del ánima que olfatea al escondido, «¡Fo, fo! ¡Hiede a carne humana!», es la fórmula del ogro de los cuentos europeos. En el «Jack and the Beanstalk» que Joseph Jacobs recogió en sus English Fairy Tales (1890), el gigante entra a su casa diciendo «Fee-fi-fo-fum, I smell the blood of an Englishman». En los dos casos el que se esconde es descubierto por el olfato; pero en Santander quien olfatea es un alma del purgatorio, y en vez de comerse al intruso lo pelotea hasta quitarle el vicio.

El Ánima Sola que Otero nombra al empezar, como espanto de Caldas, tiene registro propio en el alto oriente caldense. En el libro del SENA de 2022, los narradores de Manzanares la describen como un alma que se reza y que responde, favorable a quien la honra y temible con quien la desprecia. Es la misma ambivalencia de las ánimas santandereanas de Otero, que ayudan y castigan.

Y la mortaja que no deja caminar, recortada de más por la costurera que trabaja en domingo, une dos preceptos que el cuento castiga juntos: guardar el día del Señor y tratar a los muertos con el respeto debido. La canilla que parecía un cirio convierte ese doble descuido en una cicatriz.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay un solo texto abierto, el de 1936 reproducido por Villa Posse, y un estudio que lo cita por el original. Caballero lo lee como mitología en prosa de Santander y lo pone junto a los relatos de pactos diabólicos de la región: las ánimas de Otero no condenan, corrigen, y el castigo es físico y cómico, no eterno.

  2. Dentro del cuento hay dos maneras de contar. El episodio de Laurián es una escena de costumbres con coplas, tiples y guarapo, narrada por el autor con humor. El de Ulogia es una conseja con testigo: la cocinera la cuenta y el narrador la remata diciendo que conoció a la protagonista. Los dos castigan una falta distinta, la borrachera del lunes y el trabajo del domingo, y los dos terminan en enmienda.

  3. En el alto oriente caldense, el libro del SENA de 2022 recoge otra forma de las ánimas: el Ánima Sola, a la que sus narradores de Manzanares, Anadelia Galvis y Hernán Aristizábal, rezan y piden favores, y que asusta a quien la ofende. Es la devoción que Otero menciona de pasada al abrir el cuento, en la tierra que él presenta como la de las ánimas terribles.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Caldas · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Texto del cuento de Otero D'Costa (Leyendas, 1936) en la sección 17, pp. 56-59: las ánimas de Caldas y de Santander, Laurián y la procesión del alto de Miradores, y Ñuá Ulogia y la mortaja de Jovita.

  2. Ánimas y pactos diabólicos: un regaño platónico a los borrachos e idólatras de Santander desde la mitología en prosa

    revistas.ucc.edu.co

    Analiza el cuento con el libro de 1936 a la vista, dando sus folios (pp. 130-137), y lo lee como mitología en prosa de Santander junto a los relatos de pactos diabólicos.

  3. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Recoge en Manzanares, con los narradores Anadelia Galvis y Hernán Aristizábal, el Ánima Sola del alto oriente caldense (pp. 21-25), la devoción que el cuento nombra al abrir.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. English Fairy Tales

    gutenberg.org

    Trae el «Jack and the Beanstalk» con la fórmula del gigante que olfatea al escondido, «Fee-fi-fo-fum, I smell the blood of an Englishman», el paralelo de Similitudes.

  2. La colección de Enrique Otero D'Costa

    banrepcultural.org

    Presenta al autor como historiador y coleccionista de documentos coloniales.

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Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

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Todavía nadie ha dejado la suya. «Cuento de ánimas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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