AndinaMuiscasBartolomé

Cualanquizan

El mito de Bartolomé en Pasto narra cómo transformó la región con su báculo sagrado, creando tierras fértiles y promoviendo la conversión religiosa.

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Ilustración de Cualanquizan

En las tierras húmedas y montañosas de Pasto, en un tiempo perdido y vestido de magia, los hombres caminaban abatidos, encorvados por el peso del hambre y las plagas. Los dioses terrígenos, aquellas deidades esculpidas en piedra y madera, cerraban sus oídos al gemido de los fieles, insensibles a sus clamores. Pero las olas del tiempo, siempre girando, trajeron consigo a un peregrino que cambió el destino de esta tierra.

Un día, desde más allá de las montañas veladas por la niebla, llegó un hombre de porte altivo, vestido de blanco impoluto. Sus barbas eran largas y blancas cual nieves eternas, e indicaban una sabiduría que trascendía los años. Lo llamaban Bartolomé. Portaba en sus manos un extraño báculo, un bordón de peregrino que resonaba con el poder del mundo antiguo. Al caminar, dejaba una estela de esperanza en los corazones resecos por la desesperación.

Bartolomé compartía con la gente de Tulcán palabras que parecían venir de un sueño: hablaba de un reino inmortal de bienaventuranza, de la inmortalidad del alma y de una justicia que premiaba la virtud y castigaba el pecado. Sus palabras eran dulcements misteriosas; su voz, una música suave que desbordaba una bondad infinita.

Los relatos cuentan que este santo vivía de raíces y frutos, y que las flechas que le lanzaban, impulsadas por el miedo o la duda, no le alcanzaban, como si una barrera invisible las repeliera. Sus manos eran milagrosas, capaces de curar las dolencias que aquejaban a los hombres. Su sola presencia era una medicina que sanaba corazones y cuerpos en igual medida.

Sin embargo, el pueblo afrontaba otro desafío: el crecimiento de la población había superado a las cosechas, y las tierras no producían suficiente alimento. Desesperados, los hombres y mujeres pidieron a Bartolomé que bendijera sus campos, ansiando cosechas abundantes que llenaran el vacío de sus estómagos.

Pero Bartolomé, con un brillo en sus ojos semejante al de un anciano que ha visto más allá de la superficie del mundo, observó que la tierra era escasa. Un día, decidido a cambiar el destino de esa comarca, navegó en su canoa especial por el vasto lago, sus aguas quietas reflejando un cielo pleno de promesas. Al llegar a los límites de Savuyes, junto a Guascar, se detuvo. Con una sensación de eternidad envolviendo el momento, levantó su báculo y golpeó una roca milenaria.

Lo que siguió fue una maravilla que solo podía explicarse por la intervención de lo divino. La tierra vibró como si un gigante durmiente se hubiese despertado y, de repente, se abrió para revelar profundidades insospechadas. Un torrente de aguas antiguas, aprisionadas durante siglos, irrumpió con fuerza, fluyendo desde el nuevo lecho que Bartolomé había abierto. Ese milagroso lugar fue llamado Cualanquizán por los indígenas pastos, un nombre que significaba "ruptura milagrosa".

El torrente formó el cauce del río que corría felizmente a unirse, cerca de Funes, con el Guáitara, que había sido conocido como el río de los Quillacingas. Al vaciarse las aguas, el lecho del antiguo gran lago reveló la fértil sabana de Túquerres. Esta tierra rica se convirtió, para la gente de Pasto y para toda Colombia, en una despensa natural, un milagro cotidiano cultivado con el mismo amor que Bartolomé había vertido en ella.

Con este cambio profundo y mágico, los indígenas se convirtieron a la nueva religión que Bartolomé predicaba. Agradecidos, vivían sus días en la bendición de aquel santo apóstol, que muchos susurraban no era otro que el compañero del Señor. La región de Pasto, antes sumida en sombras, resplandecía ahora con la luz del perdón y la abundancia. Y así, el nombre de Bartolomé resonaba en las montañas y valles, como un eco eterno del poder de la fe y la redención.

Historia

El mito originó en la región de Pasto, donde el hambre y las enfermedades prevalecían, y los dioses terrígenos no escuchaban las súplicas de sus fieles. Un hombre apareció en la zona del cacique Tulcán, vestido de manera impresionante, proclamándose como Bartolomé. Este hombre predicaba doctrinas de paz, caridad, y de vida eterna, además de divulgar la creencia en un solo Dios. Según la tradición, tenía poderes extraordinarios: no era afectado por flechas, su voz era misteriosamente dulce y sus manos curaban enfermedades. A petición de los habitantes, que sufrían por falta de comida debido al crecimiento de la población, Bartolomé bendijo las sementeras. Viendo que la tierra era escasa, recorrió el lago en una canoa especial, golpeó una roca con su báculo, y abrió las profundidades de la tierra, permitiendo que las aguas fluyeran, formando el río Cualanquizán. Como resultado, la antigua extensión del lago se convirtió en la fértil sabana de Túquerres. Esta transformación permitió el florecimiento agrícola de la región. Los indígenas adoptaron la nueva religión promovida por Bartolomé, quien se creía era un apóstol enviado por Dios.

Versiones

El mito describe la llegada de un hombre santo, identificado como Bartolomé, quien transforma la región de Pasto al introducir doctrinas de caridad, paz y la creencia en un solo Dios. Este personaje es caracterizado por sus poderes milagrosos como sanar enfermedades, inmunidad a las flechas y la capacidad de aumentar la fertilidad de la tierra. En esta versión del mito, Bartolomé realiza un milagro usando su báculo sagrado para liberar un lago y crear tierras fértiles, conocidas como la sabana de Túquerres, convirtiendo el entorno y reforzando la conversión religiosa de los indígenas.

Si bien el núcleo del relato gira en torno a un ser divino transformador, la narrativa destaca la influencia cristiana específica al asociar a Bartolomé con las enseñanzas de la eternidad del alma y los destinos post-mortem según la virtud o pecado. Esta versión se centra especialmente en la integración de doctrinas cristianas al sistema de creencias local, contrastando probablemente con otras narrativas donde el enfoque podría haber estado más en aspectos locales o en la interacción con un panteón diverso de deidades. La transformación geográfica, que pasa de un lago a un terreno fértil, también sugiere una narrativa donde la intervención divina directamente suple necesidades materiales e incita a un cambio cultural y religioso significativo.

Lección

La fe y la intervención divina pueden transformar y mejorar la vida de las personas.

Similitudes

Se asemeja a mitos como el de Moisés en la religión judeocristiana, donde el uso de un báculo provoca un milagro transformador.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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