Costé

Andina · Katíos

Costé

Varios Costé atacan a los cazadores; cada uno exige descubrir una debilidad y el último sobrevive transformado en tigres.

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El relato

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Había unos diablos que eran de oro y eran los dueños del oro. Se llamaban Costé y eran cuatro. Los indios desaparecían continuamente, y lo que pasaba era que alguno de los Costé los mataba.

Salió una vez una expedición de unos diez a buscarlo. Tropezaron con el primero, que de un solo abrazo le cortó la cabeza a uno de ellos. Los demás luchaban por matarlo y no lo conseguían, hasta que a alguien se le ocurrió dispararle las flechas a los ojos, y con eso murió.

Creyeron que ya no corrían peligro y volvieron a cazar. Tres veces fueron y regresaron sin novedad; a la cuarta no regresaron. Veinte salieron entonces a averiguar la suerte de sus compañeros y encontraron que habían sido presa de Costé. Se enfrentaron al segundo, que mató a cinco antes de caer. Este tenía el corazón colocado en el dedo pulgar del pie izquierdo, y por eso les costó tanto trabajo matarlo.

Poco tiempo después volvieron a cazar, creyéndose libres de todo peligro, y toparon con el tercer Costé en la cueva de una peña. Mató a uno de ellos y los demás huyeron. Volvieron después con más compañeros a darle su merecido y lo hallaron en una cueva donde guardaba los restos de los muertos. Le tiraron a los ojos y así murió. Dejaron el cadáver consumiéndose en una hoguera, y el reflejo de aquel fuego llegó hasta la casa de los indios en forma de una luz quemante.

El cuarto Costé se convirtió en cuatro tigres. Los indios mataron dos. Los otros dos bajaron a comerse animales de la gente, y en eso la tigresa, que era uno de esos dos, parió dos cachorros al pie de un gran árbol de comba. Los indios mataron a la tigresa y se apoderaron de las crías para domesticarlas. Cuando ya estuvieron grandes se fueron al monte, y allí les dieron muerte dos hombres, les sacaron la piel y la vendieron.

El oro no pasó nunca a manos de los vencedores. De todo aquello lo único que se vendió fue el cuero de los dos tigrecitos criados en casa.

Costé: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Saber dónde guarda el corazón un enemigo alarga la vida sin volver seguro el monte.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

Costé no está en la obra de fray Severino de Santa Teresa, y conviene decirlo porque dieciocho fichas de esta comunidad la citan como si fuera el fondo común de todo. El nombre no aparece ni una sola vez en los 620.192 caracteres del volumen de 1959, que es la segunda edición de aquel libro, ni figura entre las once piezas del ciclo catío que Eugenia Villa Posse transcribió de la primera edición de 1924 en Mitos y leyendas de Colombia, volumen III. La salvedad honesta es que el volumen de 1959 salió, según su autor, corregido y aumentado sin marcar dónde, de modo que su silencio no prueba matemáticamente el silencio de 1924; pero desde los dos textos accesibles Costé no puede citarse.

El único texto antiguo que lo narra son las Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los catíos del occidente de Antioquia, Journal de la Société des Américanistes, tomo 21, París, 1929, páginas 71 a 105, donde Costé va entre Antomiá y Bibidi gomia. Paul Rivet aclara ahí que las notas las reunieron las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y Santa Catalina de Sena, de Santa Rosa de Osos, que Henri Rochereau se limitó a remitirlas y que en parte ya se habían usado para el libro de 1924. No hay narrador identificado, ni lugar, ni fecha de recolección. El reconocimiento óptico de ese impreso perdió todas las vocales acentuadas, así que sirve para el contenido y nunca para la letra.

La segunda fuente es Luis Guillermo Vasco Uribe, El oro y la plata entre los embera y waunaan, Boletín Museo del Oro 48, 2001. Vasco sitúa a Costé en el sistema de las madres o dueños: la madre del oro se llama Porré en unas zonas y Costé en otras, y entre los catíos es un monstruo hecho de oro, antropófago, que puede convertirse en tigre. Reproduce luego la secuencia completa tomándola de Pineda Giraldo y Gutiérrez de Pineda, 1979, un trabajo publicado en la Miscelánea Paul Rivet, el mismo Rivet que editó las notas de 1929. Cotejada palabra por palabra, esa secuencia sigue punto por punto la de 1929: diez hombres, el abrazo que decapita, las flechas a los ojos, veinte hombres, el corazón en el dedo gordo del pie izquierdo, la gruta, la hoguera y la luz quemante, y el cuarto convertido en cuatro tigres. No es un segundo testimonio, es el mismo texto por otra mano.

Lo que sí añade Vasco es una historia distinta de Costé, contada por Rubén Domicó Domicó, de Dabeiba, Antioquia. Es el único punto de todo el expediente con narrador de nombre propio, aunque Vasco no da fecha ni circunstancia de la conversación. Esa es, además, la página que copian sin crédito los sitios de mitología colombiana que hoy circulan.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano no está lejos: en el mismo artículo de 1929, unas líneas después de Costé, están los Bibidi gomia, seres mezcla de diablo, animal e indio, con manos de cuchillo, que viven en la copa de los árboles más gigantescos y tienen un tigre de guardián. Uno de ellos captura a dos burumiás y los vuelve eunucos para engordarlos y comérselos; uno escapa, reúne un ejército y vuelve. La estructura es la de Costé en Dabeiba —captura durante la cacería, castración, engorde, fuga de uno solo, regreso colectivo— pero el dueño del oro no aparece por ninguna parte, y el que muere es el captor, no cuatro seres sucesivos.

El segundo paralelo está fuera del área katía y con narrador nombrado. Aída Gálvez, en El binomio maíz-plátano (Boletín de Antropología, 1997), reproduce de Mauricio Pardo el relato de los burumiá del alto Baudó, emberá dóbida: cogían a los cholos cuando venían a montiar, los llevaban a su pueblo, los capaban y los encerraban en un chiquero como a marranos, y sembraban al tiempo una mata de primitivo, de modo que cuando el fruto maduro se rajaba, se rajaba también la piel del cautivo de tanta grasa y llegaba el momento de matarlo. La misma secuencia, con un reloj vegetal que el Costé de Dabeiba no tiene. Gálvez recogió además en Dabeiba, en 1990, un fragmento sobre los carauta con esa misma práctica, y sus interlocutores eyábida nombran a burumiá, bibidikomía, carauta y jurá como pueblos antropófagos de antes de la conquista.

Y hay una resonancia contemporánea que no es identificación. En los resguardos de Polines y Yaberaradó, en Chigorodó, se documenta hoy a los yhaberara, gente del mundo de abajo que a veces sale al pueblo llevando oro para cambiarlo en las tiendas, y a los chimorna, que se rodean de tigres como guardias. Dueños que tienen oro y se acompañan de tigres: es la misma pareja de rasgos, pero nadie los llama Costé.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El desenlace que se venía publicando estaba equivocado en dos puntos comprobables. No es el tercer Costé el que se vuelve tigres, sino el cuarto: el tercero queda medio quemado en la hoguera y de ahí no sale nada. Y los cachorros no huyen al monte recobrando su fuerza: crecen en casa, se van al monte, allí los matan dos hombres, les sacan el cuero y lo venden. Las dos correcciones están en las notas de 1929 y las repite la secuencia que Vasco reproduce de Pineda y Gutiérrez de Pineda.

  2. Entre esas dos salidas del mismo texto hay una diferencia menor que conviene no borrar. Las notas de 1929 dicen que los tigrecitos criados se fueron al monte y que allí los mataron dos indios; la versión que trae Vasco dice que los indios se los llevaron al monte y los mataron. En un caso los animales se van solos y los cazan; en el otro los llevan a matar. El árbol de comba bajo el cual nacen, que 1929 nombra, desaparece en la otra.

  3. La historia de Rubén Domicó Domicó, de Dabeiba, no es una variante de esta: es otra, y no debe fundirse con ella. Allí Costé es uno solo, no cuatro; es como un indio pero muy grande; en los brazos tiene unas barberas enormes con las que corta lo que quiere y sus dientes son de oro puro. Coge a los que se pierden en el monte cuando están cazando, se los lleva a su tambo, los castra y los engorda ofreciéndoles carne de otros indios y, cuando no la aceptan, robando cerdos o reses. A los gordos los pone sobre una batea de madera para no perder nada, los destroza con los brazos y les bebe la sangre. Lo derrota su propia madre, una vieja muy flaca porque él no le daba sino huesos, que enseña a un cautivo a escaparse rodando desde un filo; el fugado describe las barberas y los dientes de oro, y más de cincuenta hombres con escopetas lo encuentran dormido y lo matan. Aquí Costé no es de oro, sólo sus dientes lo son.

  4. Vasco observa además algo que la secuencia de los cuatro deja ver sola: aunque el nombre se usa como si fuera un solo ser, los cuatro no son idénticos, y por eso hace falta un procedimiento distinto para matar a cada uno. Los ojos sirven con el primero y el tercero, no con el segundo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
6
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  2. Misiones, región y clasificación indígena en Urabá

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Explica que la categoría regional Catío fue parcialmente consolidada por el proyecto misionero en el occidente de Antioquia, Urabá y Chocó.

  3. El oro y la plata entre los embera y waunaan

    publicaciones.banrepcultural.org

    Es la fuente decisiva para esta ficha y contiene el relato completo. Sitúa a Costé en el sistema de los dueños: «todos los elementos que conforman la naturaleza tienen su origen y su destino en relación con seres que en castellano reciben la denominación de 'madres' o 'dueños'. Así ocurre con el oro, cuya madre es llamada Porré en algunas zonas y Costé en otras». Y precisa: «En otros grupos, como entre los catíos, un ser parecido recibe la denominación de Costé, y se describe como un monstruo o demonio que está hecho de oro y es el dueño de este mineral. Antropófago, ataca y devora a los hombres que entran en sus dominios. Puede convertirse en tigre y otros animales». Cita luego, de Pineda y Gutiérrez de Pineda (1979), que Costé «son cuatro demonios dueños del oro y asesinos de los indios», y transcribe el ciclo entero: diez indígenas contra el primero, que «de un solo abrazo cortó la cabeza a uno»; las flechas a los ojos; veinte contra el segundo, «porque este demonio tenía el corazón en el dedo gordo del pie izquierdo»; el tercero en una gruta, quemado en una hoguera «cuyo reflejo llegó hasta la casa de los indios en forma de una luz quemante». Y da un final distinto del que hoy publica la ficha: es el CUARTO Costé, no las cenizas del tercero, el que «se convirtió en cuatro tigres», dos muertos por los indios; los otros dos vinieron a comerse animales domésticos, «los indios mataron a la tigresa, que había dado a luz a dos cachorros. Se apoderaron de ellos y los domesticaron; cuando estuvieron grandes los llevaron al monte, los mataron, les sacaron la piel y la vendieron». Los cachorros no huyen: los matan y venden la piel. Añade además una segunda versión katía, contada por Rubén Domicó Domicó de Dabeiba (Antioquia): el Costé de brazos con «barberas» y dientes de oro puro que coge a los indios «que se perdían en el monte, cuando estaban cazando», los castra y los engorda, y al que derrotan gracias a su propia madre, una vieja flaca a quien él sólo daba huesos. Vasco enlaza esa versión con los burumiás, los bibidí y los carautas, antepasados antropófagos de los embera.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    revistatabularasa.org

    Muestra que la asociación entre seres del mundo de abajo, oro y peligro sigue siendo actual en territorio katío del Urabá antioqueño, y no sólo un registro de 1929. Documenta que «los yhaberara son personas del mundo de abajo con aspecto humano que viven en el río Chigorodocito y a veces salen al pueblo llevando oro para cambiar por ropa en las tiendas», y que otros habitantes de los sitios sagrados, los chimorna, «se rodean siempre de ardillas, armadillos y otros animales pequeños, pero también de peligrosos tigres como 'guardias'». Ese par —dueños que tienen oro y que se hacen acompañar o se convierten en tigres— es la estructura que la ficha atribuye a Costé. Aporta también el marco general de drua wãndra como territorio donde no se puede entrar impunemente, que es de donde no vuelven los cazadores del relato.

  2. El binomio maíz-plátano: alimentación y símbolos en la cultura emberá (Boletín de Antropología, vol. 11, n.º 27)

    revistas.udea.edu.co

    Aporta el paralelo textual más cercano al Costé de Dabeiba, y con cita de fuente: reproduce de Pardo (1984:201) el relato de los Burumiá, «Cuando los cholos venían a montiar, los Burumiá los cogían, los llevaban al pueblo de ellos, los capaban y los encerraban en un chiquero como a marranos. Ahí al mismo tiempo sembraban una mata de primitivo; entonces cuando el primitivo cargaba y las frutas maduras se rajaban, al mismo tiempo la piel del cholo se rajaba de la grasa y ahí era ya el tiempo de matarlo para comérselo». Captura durante la cacería, castración, engorde, momento de la matanza: es la misma secuencia del Costé katío. La autora explica además la función de esta familia de relatos: los antropófagos son el contrapunto del que la humanidad emberá se separa al adoptar un régimen alimenticio, la sal y la prohibición del incesto. Eso sostiene la lectura de la ficha según la cual el peligro no se extermina, sino que queda como frontera.

  3. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Da la clase de ser a la que pertenece Costé y explica sus metamorfosis sin recurrir al vocabulario del «demonio»: los yamberas «tienen el poder de transformarse en lo que ellos deseen: en seres diminutos, gigantes, humanos normales para engañar a los hombres… pueden adoptar la forma de grotescos monstruos generalmente con forma de animal feroz, pero combinando partes de estos». Eso vuelve inteligible tanto el paso de Costé a tigres como su cuerpo mixto (brazos-tenaza, dientes de oro). Aporta también la contraparte de Imamá, el tigre que «se da ínfulas de ser el más poderoso de la selva e impone el terror con los más débiles» y que termina vencido por la astucia de Kuriva el ñeque: en la tradición emberá el tigre no es figura invencible, y la ficha puede apoyarse en eso al leer el final del ciclo.

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«Costé» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Costé» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Costé» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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