Conejo y la mona de cera

Caribe · Mestizo

Conejo y la mona de cera

La versión heredada presenta una figura de cera colocada como trampa; Conejo queda pegado, escapa mediante engaño y deja a Zorra en su lugar.

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El relato

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Contra Conejo no habían valido las trampas. Ni los lazos, ni la escopeta, ni las noches enteras en vela: el dueño de la roza amanecía siempre con el maíz tumbado, las patillas abiertas y la yuca arrancada, y nunca alcanzaba a ver de dónde salía ni por dónde se iba.

Así que cambió de idea. Dejó de vigilar la siembra y se puso a pensar en el ladrón.

Sabía dos cosas de él: que le gustaba el trago y que no sabía quedarse callado. Con esas dos hizo la trampa. Amasó una muñeca de cera, la vistió y le dio forma de mujer bien bonita, con buen talle y la cara de estar burlándose de alguien. Después, en vez de ponerla en la roza, la cargó hasta la cantina donde el otro acostumbraba a tomar y la sentó allí, sola, como quien espera a que la saquen a bailar.

Conejo no tardó en llegar. Se tomó unos tragos, la fue mirando de reojo, se acomodó el sombrero y se le acercó.

—¿Tú que me miras tanto? ¿Me has visto cara de qué?

La mujer no contestó. Conejo le soltó un bofetón y la mano se le quedó pegada en la mejilla.

—Ahora me sueltas, verás.

Le zampó la otra mano y quedó cogido de las dos.

—Si no puedo con las manos, puedo con las patas.

Le tiró una patada, y después la otra, y así fue quedando prendido de manos y patas, abrazado a la mona, pataleando en el suelo de la cantina delante de todo el mundo.

El dueño de la roza lo encontró en esas. Lo arrancó de la cera, lo amarró bien amarrado y lo echó en su mochila.

—Ahora voy a hacer contigo un buen sancocho para mis hijos.

Conejo lo oyó desde adentro y se le escurrieron las orejas.

El hombre iba para su finca cuando se paró frente a una tienda a comprar algo, y dejó la mochila a la entrada. Por ahí pasó Tía Zorra.

—Tía, ¿a usted le gustan los pollos gordos?

—Sí que me gustan.

—Pues suéltame y métete tú en esta mochila. Su dueño me lleva a la fuerza amarrado porque quiere darme un buen sancocho de gallina gorda, pero usted sabe que yo no como carne.

—No más faltaba, Conejo. Te suelto y me meto por ti.

Y así lo hizo. Cuando el hombre volvió con su compra, encontró a Zorra amarrada dentro de la mochila.

—¿Y Conejo?

—Se fue, porque a él no le gusta la gallina.

El dueño de la roza se la echó al hombro otra vez.

—¡Pues a mis perros sí la carne de zorra!

Conejo y la mona de cera: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un cuerpo que no responde a los golpes atrapa mejor que cualquier lazo tendido en el camino.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento arranca al pie de la página 260 de «Tradición oral y conducta en Córdoba», de Manuel Zapata Olivella, y termina en la 261. Es de las piezas más largas del bloque de animales y la única que transcurre, en su mayor parte, dentro de un establecimiento.

Ahí está lo que estas dos páginas del libro traen y suele perderse al resumirlas: el desplazamiento del cebo. La trampa del muñeco pegajoso suele ponerse en el sembrado, donde está el daño; aquí el dueño de la roza razona al revés y la lleva a la cantina donde el ladrón acostumbra a beber, porque «conociendo el gusto al trago que tenía Conejo» sabe que allí lo espera con más seguridad que entre el maíz. La figura tampoco es un cebo de comida: es «una mujer bien bonita, con buen talle y morisquetera», y lo que la hace irresistible es que no contesta.

Conviene además deshacer un equívoco de la palabra del título. «Mona» aquí no es una hembra de mono: el propio texto la llama dos líneas después «su muñeca de cera», y en el habla costeña mona es la muñeca, el maniquí, la figura de bulto.

El cierre está una línea más allá de donde parece. Después del cambiazo en la mochila el relato añade una frase, y es la que reparte el castigo: cuando el dueño descubre a Zorra en lugar de Conejo, no se lamenta, decide qué hacer con ella.

La pieza se recogió con grabadora durante la campaña que el equipo de Zapata hizo en el Medio y Bajo Sinú entre 1969 y 1970 y, como todas las de la sección, se publicó sin nombre de narrador.

Resonancias con otros mitos

El paralelo tipológico de este cuento es el mejor documentado de cuantos admite la sección. La página del tipo ATU 175, «The Tar-Baby and the Rabbit», en «Folktexts», la compilación de D. L. Ashliman para la University of Pittsburgh, reúne quince versiones editadas y atribuidas de este argumento y las reparte entre las tres tradiciones que confluyen en el Caribe colombiano. Por el lado hispánico, una versión de España y Portugal. Por el lado africano y afroamericano, dos de Sudáfrica, una de las Bahamas y cuatro de los Estados Unidos, entre ellas las de Joel Chandler Harris, que son las que fijaron la figura del conejo burlador en la literatura escrita. Y por el lado indígena americano, dos versiones del norte, biloxi y shasta. La misma página añade tres de la India, dos de ellas de los Jātaka, y otras de Pakistán y Filipinas. El muñeco pegajoso con un conejo atrapado dentro es uno de los tipos donde la ruta atlántica está mejor establecida, y la versión cordobesa lo conserva con el conejo intacto y sólo cambia la brea por cera.

El segundo apoyo es del propio recopilador. En la página 237 de su libro, al abrir la sección, Zapata Olivella sostiene que estos cuentos «constituyen un eslabón muy importante entre las culturas hispana, indígena y africana» y que con Tío Conejo se identificaban «los indígenas, mestizos, negros y mulatos». Este relato es el caso en que esa afirmación coincide con una familia de versiones ya documentada fuera del país.

Hay además un paralelo interno útil: en «La roza de Tío Conejo (Segunda versión)» (misma obra, pp. 253-254) es también Tía Zorra quien acaba pagando lo que Conejo hizo, y también entre las matas de una roza ajena.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro imprime este cuento una sola vez y George List no lo grabó en Bolívar, así que no hay un segundo registro colombiano con narrador y fecha.

  2. Las diferencias documentadas son de tipo y están recogidas en el índice de D. L. Ashliman para la University of Pittsburgh, en la página del tipo ATU 175, «The Tar-Baby and the Rabbit» (https://sites.pitt.edu/~dash/type0175.html), que reúne quince versiones editadas y atribuidas. Frente a ellas, la cordobesa cambia tres cosas. La materia del muñeco: aquí es cera y no brea, lo que en el Sinú tiene sentido práctico porque la cera de abejas era material de casa. El lugar: en la mayoría de las versiones el muñeco se planta junto al pozo o al sembrado que el ladrón saquea, y aquí se lleva a la cantina, de modo que el cebo deja de ser el agua o la comida y pasa a ser el alcohol y una mujer. Y la salida: Conejo no escapa por su cuenta, sino que endosa su lugar a Tía Zorra con el argumento de que él no come carne, lo que convierte el final en un segundo engaño superpuesto al primero.

  3. Lo que no cambia es el núcleo: el burlador queda pegado por golpear a algo que no responde, y se pega más cuanto más se defiende, con las cuatro extremidades en el mismo orden.

  4. Hay un último rasgo que separa a esta versión de las demás del tipo: el burlador no es quien habla al final. La frase que cierra el cuento es del dueño de la roza, y no es un lamento por haber perdido a Conejo sino una decisión sobre la que quedó dentro de la mochila.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
11
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Fija el relato y, con él, los tres desplazamientos que lo apartan del tipo internacional. El cuento arranca al pie de la página 260 de la tercera edición y termina en la 261, y es la única pieza del bloque de animales que transcurre en su mayor parte dentro de un establecimiento. La página dice que el dueño de la roza lleva la trampa a la cantina «conociendo el gusto al trago que tenía Conejo», es decir, que razona al revés de lo habitual y pone el cebo donde el ladrón bebe y no donde está el daño; describe la figura como «una mujer bien bonita, con buen talle y morisquetera»; y aclara dos líneas después que es «su muñeca de cera», que es lo que deshace el equívoco del título, porque en el habla costeña mona es la muñeca y no la hembra del mono. De la misma obra, página 237, sale el segundo apoyo de `similitudes`: la tesis del eslabón entre las culturas hispana, indígena y africana.

  2. The Tar-Baby and the Rabbit: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 175

    sites.pitt.edu

    Es la comparativa que `similitudes` nombra y la mejor documentada de cuantas admite el ciclo. Reúne quince versiones editadas y atribuidas del muñeco pegajoso, repartidas entre las tres tradiciones que confluyen en el Caribe colombiano: una de España y Portugal por el lado hispánico; dos de Sudáfrica, una de las Bahamas y cuatro de los Estados Unidos por el africano y afroamericano, entre ellas las de Joel Chandler Harris que fijaron al conejo burlador en la literatura escrita; y dos indígenas norteamericanas, biloxi y shasta. Añade tres de la India, dos de ellas de los Jātaka, más Pakistán y Filipinas. Leída contra la cordobesa confirma el núcleo que no cambia —el burlador queda pegado por golpear a algo que no responde, y se pega más cuanto más se defiende, con las cuatro extremidades en el mismo orden— y aísla lo que sí cambia: la cera en lugar de la brea y la cantina en lugar del sembrado.

  3. Los cuentos de tío Conejo (Letras, n.º 34, pp. 5-41)

    dialnet.unirioja.es

    Suple el hueco exacto que Ashliman deja en este cuento: las versiones hispanoamericanas del tipo 175 y, sobre todo, su desenlace. Cantillano cita el tipo Aarne-Thompson 175 junto al **74 de Terence Hansen —«Rabbit is caught and is going to be skinned, cooked and eaten; Tiger (fox) exchanges places with rabbit and is scalded»— y declara que el sustituto que paga por el burlador es «característica hispanoamericana», frente a la salida angloafricana del «no me tires al zarzal» de Brer Rabbit. Ése es el final de la versión cordobesa, con Tía Zorra dentro de la mochila. El artículo enumera además versiones del muñeco pegajoso en la República Dominicana, Puerto Rico, Panamá —«El muñeco de cera», de Mario Riera Pinilla— y Brasil, donde la figura también es de cera y no de brea.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Explica por qué el cebo de esta versión es el alcohol y no la comida. Garcés González resume las conclusiones de la encuesta del libro sobre los patrones de conducta que quería medir —moralizante, individualista, sexual y de apreciación del trabajo— y describe la Córdoba de la recolección, con más de la mitad de la población analfabeta y una vida social de pueblo donde la cantina es el lugar público por excelencia. El desplazamiento del muñeco del sembrado a la cantina, que es lo que aparta a esta pieza de las quince versiones del tipo, encaja con ese marco: el dueño de la roza no pone la trampa donde está su maíz, la pone donde está la costumbre del ladrón.

  2. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Da el marco con el que esta ficha sostiene su clasificación como mixta sin tratar la versión cordobesa como una copia empeorada. El artículo muestra cómo un argumento de circulación internacional se reescribe en la tradición oral campesina colombiana hasta divergir del original, y propone llamar topologías a esas reescrituras. Aplicado aquí, permite decir que la cera en vez de la brea, la cantina en vez del pozo y la mujer de bulto en vez del cebo de comida no son desviaciones de un modelo sino la forma que el tipo 175 adoptó en el Sinú, con materiales de casa y con el lugar de reunión del pueblo.

  3. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Es lo que sostiene que no hay segundo registro colombiano de este cuento. El índice enumera con narrador y paginación los veintiún relatos que List grabó en Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965; se cotejó título por título y ninguno es el del muñeco de cera, aunque el volumen incluya varias piezas del ciclo del conejo y una titulada «La cantina de Conejo y Zorra» que reúne a los dos mismos personajes en el mismo escenario sin ser esta trama. La ausencia es significativa precisamente porque tres cuentos del ciclo cordobés sí están en los dos libros.

  4. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Documenta para el Caribe colombiano la rama hispánica que el tipo 175 trae por un lado y que `similitudes` cita a través de la versión de España y Portugal. La ponencia de Consuelo Posada Giraldo sobre los animales y los versos de la tradición oral en la Depresión Momposina examina la influencia de la tradición oral española en los temas y las situaciones de la narrativa y la poesía popular de la región: es el apoyo regional más próximo a la afirmación de que la rama peninsular del cuento de animales llegó y se quedó en el Caribe colombiano, que en esta ficha sostiene una de las tres tradiciones del cruce.

  5. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Sostiene que el cambio de la brea por la cera tiene una razón práctica y no estética. El artículo describe la economía doméstica y de subsistencia de las planicies y humedales del Sinú y el San Jorge, donde la recolección y el aprovechamiento de productos del monte forman parte del ingreso campesino: la cera de abejas era material de casa y estaba a mano, mientras que la brea es un producto portuario y de calafateo que no pertenece a ese inventario. El mismo artículo documenta la roza como unidad de cultivo y el conflicto por lo sembrado, que es lo que pone en marcha el cuento.

  6. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Importa porque la segunda pata de la clasificación mixta de esta ficha es una afirmación de autor y conviene saber de quién. La ficha reúne su trayectoria como uno de los grandes divulgadores de la cultura afrocolombiana, con trabajo en las dos costas y una obra dedicada a rastrear el aporte africano: la tesis de la página 237 sobre el eslabón entre lo hispano, lo indígena y lo africano es la posición sostenida de toda su vida profesional, no una conclusión que este libro demuestre. Para el cuento del muñeco pegajoso, que es el tipo donde la ruta atlántica está mejor establecida, esa coincidencia entre la tesis del autor y la evidencia externa conviene declararla y no confundirla.

  7. Manuel Zapata Olivella en el folclor y la radio pública

    senalmemoria.co

    Fecha en 1956 el interés del recopilador por el origen africano de las formas orales del Caribe, que es la clave con la que este cuento se lee. El artículo publica los audios de sus conferencias en la Radiodifusora Nacional de julio de ese año: la primera trató sobre los cantos corales del Chocó y en el fragmento seleccionado habla precisamente de los orígenes africanos de esas expresiones; la del día siguiente, sobre la literatura tradicional de Córdoba y Bolívar. Trece años antes de recoger el muñeco de cera en el Sinú, ya estaba planteando en público la hipótesis del aporte africano que la página 237 de su libro convertiría en tesis.

  8. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Es donde se buscó, sin encontrarlo, el nombre de quien contó esta versión. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado, y todas las consultables son posteriores al libro: Santa Fe de Antioquia en septiembre de 1974, Quibdó en diciembre del mismo año, Barrancas en octubre de 1985. La consecuencia para esta ficha es concreta: de la única versión colombiana localizada del tipo 175 no hay voz, ni fecha de sesión, ni pueblo, y el vacío no se cierra por este lado.

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¿Así te la contaron?

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«Conejo y la mona de cera» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Conejo y la mona de cera» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Conejo y la mona de cera» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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