Chuya-Chaqui

Amazonas · Mixto

Chuya-Chaqui

En la reescritura de Hugo Niño, cazadores de Ahuanari siguen un maguaré durante una tormenta y descubren que una figura del monte los desvía.

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Chuya-Chaqui: la entrada del relato

El relato

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La aldea de Ahuanari era un caserío apartado junto a un riachuelo de la selva. En el centro estaba la maloca, la gran casa comunal de techo de palma a dos aguas, y cerca de ella un maguaré tallado. Con ese tambor, de golpe grave, se anunciaba la llegada de los cazadores.

Una tarde, poco antes de que el sol se pusiera, llegó un extraño. Los hombres se habían ido a las chagras a trabajar o al monte a cazar, y en la aldea sólo quedaban las mujeres y los niños. Lo recibieron con hospitalidad, pero con cautela. La anciana, madre de Ahuanari, le ofreció una totuma de muyá, el licor de yuca fermentada, y le pidió que esperara a los cazadores. El hombre dijo llamarse Chuya-Chaki. Se sentó en un tronco y se quedó mirando el trabajo de las mujeres.

Una pareja joven colaba el muyá por el tipití, el tejido de caña lisa. Las ancianas hablaban de la cacería prometida y de la carne que iban a recibir. Chuya-Chaki las oía y asentía en silencio, con la mirada en el borde del bosque. Al cabo de un rato hizo como que iba detrás de la maloca, y no volvió: se había ido hacia la selva.

Más tarde se cerró el cielo. Tronaba sobre el monte cuando Ahuanari y los suyos venían de regreso, cada uno cargando su parte de una danta despresada en bolsas tejidas de chambira. Entonces se descolgó la lluvia, tan pesada que oscureció todo y borró el camino. La tormenta tapaba las voces, y los cazadores se perdieron.

En medio del agua oyeron el maguaré. Creyeron que el tambor los guiaba a casa y caminaron hacia el golpe. Pero cada paso los alejaba de la aldea. El sonido los llevaba en círculos, hasta que la noche se cerró del todo. Ahuanari, cansado y abatido, llamó a gritos a su hermano Huatinga. Nadie le respondió; sólo seguía la lluvia.

Llovió cuatro días. Durante esos cuatro días las mujeres esperaron oír el llamado de los cazadores, y el llamado no llegó. La madre de Ahuanari se acordó entonces del forastero que había bebido muyá en su casa mientras ellas hablaban de la cacería. Pensó en el Chullachaqui, el ser del monte que se presenta como amigo o como enemigo, que tiene un pie de hombre y otro de animal y deja huellas que se confunden con las del venado o el sajino. De él se dice que se lleva a los hombres para dejarlos extraviados en el bosque, y que a veces se le desvían los caprichos con regalos de tabaco.

Ahuanari y sus compañeros no regresaron.

Chuya-Chaqui: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien escucha las señales de una casa puede usarlas después para alejar a los suyos.”

Territorio

Amazonas · Mixto

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
-1.2° · -71.8°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar de forma legítima en abierto. Procede de «Chuya-Chaki», un cuento de autor firmado por el escritor bogotano Hugo Niño (1947) e incluido en Primitivos relatos contados otra vez: héroes y mitos amazónicos. Ese libro ganó el premio Casa de las Américas en La Habana en 1976, y Carlos Valencia Editores lo reeditó en Bogotá en 1979. De la edición de 1979 hay un escaneo que sólo se presta bajo control, y las copias completas que circulan en la red no tienen editor ni permiso. Niño no dice de qué pueblo, de qué narrador ni de qué lugar tomó la historia: detrás del cuento no hay un relato oral recogido que pueda citarse, sino literatura firmada sobre un motivo amazónico.

El motivo sí está bien documentado. El Chullachaqui, cuyo nombre junta el quechua chulla, 'desigual', y chaki, 'pie', es el ser del monte de la Amazonía peruana y de sus fronteras. En noviembre de 1947, los alumnos del tercer año de Media del Colegio Nacional «Padre Agustín López» de Requena, en Loreto, escribieron ocho composiciones sobre él para la Sección de Folklore del Ministerio de Educación del Perú. Una, firmada por Rodríguez M., lo describe como un fantasma que vive en los bosques apartados y toma la figura de un hermano, un padre o un pariente para engañar a quien quiere robarse. Se le reconoce por el pie izquierdo, más pequeño que el derecho. Otra, de Felix Rengifo, cuenta cómo un muchacho, advertido a medias por su padre, mata a ese mismo padre creyéndolo el Chullachaqui.

Nécker Salazar Mejía (2019) sigue al personaje en Mitos, leyendas y cuentos peruanos, la antología de José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos, donde desorienta a un cazador en San Martín y suplanta a un hermano en Loreto. Bithian Mota da Cruz y Maria do Socorro Simões (2014) lo registraron en Iquitos, y Ana María Rocchietti (2024) rastrea su figura en la cerámica de los kukama.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el Brasil. Bithian Mota da Cruz y Maria do Socorro Simões compararon en 2014 al Chullachaqui de Iquitos con el Curupira de Abaetetuba, en el Pará. Los dos son protectores del monte y de sus animales, los dos pueden tomar la figura de una persona cercana para engañar, y los dos castigan a quien daña la selva. En Boa Vista, una comunidad ribereña de Nova Timboteua, Gracineia dos Santos Araújo y Sara Cristina Linhares Aleixo recogieron en 2025 cinco relatos en que el Curupira es un hombrecito con luz propia. Aparece detrás de un primo en el camino y hace oír pasos que siguen a los caminantes; allí sus pies no tienen nada de raro.

Dentro del Perú, Salazar Mejía destaca el relato de San Martín en que el Chullachaqui toma la voz de un paujil y la forma de un jabalí para meter al cazador cada vez más adentro. El mecanismo es el mismo del maguaré de Ahuanari: un sonido o una presa conocidos que atraen hacia lo desconocido.

La diferencia está en el blanco del engaño. El Curupira y el Chullachaqui de los registros orales castigan casi siempre a un individuo: el cazador codicioso, el niño que se aleja, la muchacha que pesca sola. En el relato de Ahuanari la víctima es una partida entera y, con ella, la aldea que la espera; el daño no se mide en un extravío sino en una ausencia colectiva.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El cuento de Niño y los registros de Loreto coinciden en el oficio del Chullachaqui, perder a la gente en el monte, pero no en su manera de hacerlo.

  2. En las composiciones de Requena de 1947 el engaño es siempre de parentesco. El ser se presenta como un hermano, una hermana, el padre o un amigo, conversa, pregunta por la familia y lleva a su víctima por espinales y bosques espesos de donde no se puede volver. La señal que lo delata es el cuerpo: el pie más pequeño, a veces un olor a chivo. Para Rodríguez M. se aparece a quien toma la purga de su árbol y lo desafía a luchar; para Rengifo hay que mirarle el pie y seguirlo a sablazos. En la antología de Arguedas e Izquierdo Ríos, según la lectura de Salazar Mejía, la huella lo revela: una de pie humano y otra de pata de tigre. A una muchacha del Cumbaza la retiene ocho días en una cueva hasta que un cura bendice los cerros.

  3. En el relato de Ahuanari el engaño es otro. El forastero no finge ser pariente de nadie: llega como huésped, bebe muyá y escucha. Lo que roba es una señal de la aldea, el golpe del maguaré que llama a los cazadores, y con ella los hace dar vueltas bajo la lluvia. Nadie le ve los pies, y nadie lo vence. En los textos de Loreto casi siempre hay quien regresa, a veces rescatado por un brujo que toma ayahuasca; aquí la espera de cuatro días termina sin regreso.

  4. En Iquitos, Cruz y Simões lo recogieron como protector de la selva que castiga a quien la molesta, y en ese papel lo acercan al Curupira brasileño.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Trabajos de carácter monográfico y folklórico de los alumnos del Colegio Nacional «Padre Agustín López» de Requena (Loreto): «El Chullacaqui (pies deciguales)» y «El Chulla-chaqui»

    letras.ufmg.br

    Es el registro más antiguo y más cercano del ser que da nombre al relato. Rodríguez M. (pp. 15-17) lo describe como un fantasma de los bosques apartados que toma la figura de hermanos, padres o parientes para engañar, y que se reconoce por el pie izquierdo más pequeño; Felix Rengifo (pp. 39-40) cuenta el caso del hijo que mata a su padre creyéndolo el Chullachaqui. Sirve para situar el motivo del ser que suplanta y extravía.

  2. Seres imaginarios y motivos de la literatura oral en Mitos, leyendas y cuentos peruanos de José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos

    revistaselectronicas.ujaen.es

    Dedica un apartado al Chullachaqui en la antología de Arguedas e Izquierdo Ríos: el cazador de San Martín atraído por un paujil y un jabalí que eran el mismo ser, la muchacha del Cumbaza retenida ocho días en una cueva y el hermano suplantado en Loreto, con la descripción de sus pies desiguales. Da el paralelo del engaño por un sonido conocido, que es el mecanismo del maguaré en este relato.

  3. Mitos y leyendas de la Amazonía brasileña y peruana, dos países con raíces en la literatura indígena

    dialnet.unirioja.es

    Recoge el Chullachaqui en Iquitos con la etimología quechua del nombre (pie desigual) y lo compara con el Curupira de Abaetetuba: dos protectores del monte que toman la figura de una persona cercana para engañar y castigan a quien daña la selva. Sostiene el paralelo brasileño de las similitudes.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Chullachaqui de la selva

    www2.hum.unrc.edu.ar

    Presenta al Chullachaqui como el duende de la selva que se aparece a quienes transitan o trabajan en el monte y los desaparece, y estudia su representación en la cerámica de los kukama lukamiria del Perú. Documenta que el motivo del que se sirve el relato tiene también una vida material, fuera de la narración.

  2. El mito Curupira en las narraciones orales de Boa Vista, una comunidad ribereña de Nova Timboteua (Pará)

    publicacoes.unifal-mg.edu.br

    Transcribe cinco relatos de vecinos de Boa Vista sobre el Curupira: un hombrecito con luz propia que aparece en el camino detrás de un pariente y hace oír pasos que siguen a los caminantes. Es el paralelo oral brasileño del ser que se deja oír y desorienta, que las similitudes contrastan con el tambor falso de Ahuanari.

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«Chuya-Chaqui» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Chuya-Chaqui» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Chuya-Chaqui» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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