
Caribe · Mestizo
Celos de esclavo
Una fiesta de La Popa exhibe joyas sobre personas esclavizadas y una rivalidad afectiva desemboca en violencia dentro del orden colonial.
Leer el relato
El relato
Escuchar el relato · 3 min
Al salir el sol del dos de febrero la cuesta del cerro de La Popa ya echaba luz. No venía de la piedra ni del mar: venía del oro, colgado del cuello y de los brazos de centenares de hombres y mujeres esclavizados que subían cantando hacia el santuario. Corría el final del siglo dieciocho.
La costumbre la había puesto la nobleza de la ciudad y era una puja. Cada casa sacaba a su gente cargada con lo mejor que guardaba, para que se viera de lejos que las diademas de los abuelos seguían en el arcón y que las ajorcas de la bisabuela no se habían vendido. Quien llevaba las joyas no las lucía: las sostenía. El desfile iba dirigido a la envidia de las otras familias, y los cuerpos que lo hacían posible eran el perchero.
Había además una cuenta pendiente. Si una prenda se abollaba, se soltaba o se perdía en el camino, el daño no lo pagaba el amo: lo pagaba el que la llevaba encima, con trabajo de más o con menos comida durante semanas.
Subían en grupos, y a cada grupo lo llamaban cabildo, sin que nadie recordara ya por qué. Al frente de cada uno iba un cacique o una cacica. Cada cabildo llevaba su propio canto, distinto de los demás, con ese arrastre lento de los cantos traídos del otro lado del mar, y entre canto y canto se lanzaban pullas de un grupo a otro, cada vez menos en broma. Quien mirara aquello con algo de atención vería lo que había debajo del oro prestado, porque el oro prestado no tapaba nada.
Entre los que subían iba Simón Casiano, de la casa esclavista de los Orellana de Azuá, un hombre joven llegado de la Costa del Oro. Venía mirando de reojo desde hacía días. La muchacha que él pretendía era de la misma caravana, y esa mañana le estaba sonriendo a Sebastián, otro hombre del cabildo de los mandingas.
Casiano no podía casarse con ella y lo sabía. Los amos habían trasladado sus propias jerarquías al fondo de los barracones: quien pertenecía a casa y familia no se unía con una cimarrona ni con hija de cimarrones. El permiso nunca iba a llegar, y la espera se le había ido volviendo otra cosa.
Se descolgó por la pendiente saltando piedras, cayó en medio de los dos, los derribó a la vez y los tres rodaron abrazados entre las malezas. Al pasar arrastró a otros, los otros devolvieron el golpe, y en pocos segundos la cuesta entera era una pelea.
Cuando se deshizo el nudo de cuerpos, el suelo estaba sembrado. Diademas, ajorcas, cadenas, piedras sueltas rodando entre la maleza; todo el capital que las casas habían sacado a pasear, esparcido por el monte.
Y entonces bajaron los que miraban. No sólo los mirones de la orilla del camino: cualquiera que estuviera cerca y tuviera manos. Se metieron en el revoltijo a recoger, y recogieron todo lo que pudieron.
Los que escribieron el episodio contaron después la pérdida en pesos castellanos y la cifraron en miles de miles. Y se la cargaron entera a los celos de Casiano, como si la subasta de vanidad que había puesto ese oro en la cuesta no tuviera nada que ver con lo que allí pasó.

La enseñanza
“Se puede cargar el oro de una ciudad entera y seguir sin poder elegir con quién casarse.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 10.4261° · -75.5242°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
- Referencias
- 10
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, vol. II · sección 18, «Cuentos y leyendas · Cartagena, Departamento de Bolívar», pp. 65-123
flacso.edu.ec
Tres páginas, de la 105 a la 107, y son las únicas donde se conserva esta pieza. Lo que sólo aquí consta es la mecánica social del episodio: las casas nobles compitiendo en la subida del 2 de febrero con las personas que esclavizaban cargadas de joyas, los cabildos organizados con un cacique o una cacica al frente y un canto propio para cada grupo, la prohibición de matrimonio impuesta por los amos, y el castigo que recaía sobre quien dañara una alhaja ajena. La nota de procedencia de la página 65 es lo que obliga a leer esa descripción como escritura de 1948 sobre memoria de ciudad, no como informe: el autor trabajó literariamente el material antes de imprimirlo.
- Historia del Cerro de la Popa (Macroproyecto de Recuperación Integral del Cerro de la Popa, Producto 3)
observatorio.epacartagena.gov.co
Reconstruye la subida que el relato convierte en pasarela. Fija la fiesta del 2 de febrero con su novena desde el 24 de enero, la procesión hasta la ermita del Pie de la Popa y el auge de la romería hacia 1930, cuando se traían burros, caballos y mulas de los pueblos vecinos para alquilarlos a quien no quisiera hacer la cuesta a pie. Documenta también que el entorno del cerro fue desde comienzos del XVII zona de estancias, tejares y pesquerías labradas «con sus esclavos e indios», y escenario de reuniones de cimarrones encabezadas por el mestizo Luis Andrea, condenado por el Santo Oficio en 1613. Es decir: el mismo cerro donde el relato pone el desfile de joyas tenía ya una historia de trabajo esclavo y de reunión clandestina.
- Miedo, rumor y rebelión: la conspiración esclava de 1693 en Cartagena de Indias (Historia Crítica, n.º 31)
scielo.org.co
Es el contrapeso documental del cuento. Reconstruye un episodio real de la misma ciudad en el que la población esclavizada aparece deliberando, organizándose y siendo temida, es decir, con la capacidad de acción que el relato le niega a su protagonista, reducido a instrumento de unos celos y a causante de la ruina de sus amos. Permite decir que la vida colectiva de los esclavizados cartageneros está documentada por otras vías, y que lo que el relato elige contar de ella —una joya rota, una venganza doméstica— es una elección y no el único material disponible.
Contraste y contexto · 7 referencias
- Los estudios sobre la esclavitud en el Caribe colombiano (Historia Caribe, vol. 20, n.º 47, pp. 197-222)
revistas.uniatlantico.edu.co
Da la medida de lo que se sabe y de lo que no sobre el mundo que el relato describe de oído. Es el mapa actualizado del campo —qué se ha investigado sobre esclavitud en el Caribe colombiano, con qué archivos y desde qué preguntas—, con Cartagena como escenario dominante, y sirve para comprobar que la escena central de la pieza, la exhibición de personas esclavizadas enjoyadas como emblema del prestigio de sus amos, no está sostenida por ninguno de los trabajos que reseña. Es la fuente que convierte una duda vaga en una laguna localizada.
- «Plaza de los Coches» (serie «cartapedia»)
muhca.gov.co
Nombra el lugar donde empieza la biografía que el relato supone. Enumera los nombres sucesivos de la plaza —del Juez, de la Yerba, del Rollo, de los Mercaderes— y entre ellos uno literal: «Plaza del Esclavo, por efectuarse en ella remates o ventas de esclavos». Con esa línea, el hombre del relato deja de ser una figura decorativa de la cuesta de La Popa y pasa a tener un punto de entrada documentado en la ciudad, a doscientos metros de la muralla, donde se le puso precio.
- La virgen de la Candelaria: fiesta, idoloclastía y colonización de imaginarios en Cartagena de Indias
dialnet.unirioja.es
Explica por qué la fiesta del cerro es el sitio exacto donde una jerarquía se exhibe. Lee la Candelaria de La Popa como el resultado de una operación sobre los imaginarios indígenas y africanos —la idoloclastía contra el culto que allí se atribuía, el proceso inquisitorial del 2 de febrero de 1614 contra el mestizo Luis Andrea— y al mismo tiempo como el marco festivo donde sobreviven música, baile y comida de la cultura popular. Esa tensión entre imposición y permanencia es la que el relato aprovecha sin nombrarla: los cabildos suben cantando lo suyo dentro de una fiesta que no es suya.
- Espacio Cultural de San Basilio de Palenque · Plan Especial de Salvaguardia
patrimonio.mincultura.gov.co
Documenta la forma de organización que el relato describe y no sabe nombrar. El expediente reconstruye las agrupaciones por procedencia y parentesco con las que la población africana y afrodescendiente del entorno de Cartagena organizó su vida colectiva —jefaturas propias, repertorios propios, ritual funerario y musical propio—, y con ello permite afirmar que los grupos con cacique o cacica al frente y con su canto particular que el texto ve subir al cerro no son un adorno del autor, sino la institución real que sostenía buena parte de esa vida.
- Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias
banrep.gov.co
Pone números a la ciudad de castas que el relato da por sabida. Trabaja sobre el censo de 1777, que es el instrumento con el que la Corona clasificó por condición y por color a los habitantes de Cartagena, y permite estimar cuánta gente había realmente detrás de las tres o cuatro casas nobles que el cuento enumera y de la población esclavizada que exhibían. Es el marco cuantitativo que impide leer la escena como un cuadro de costumbres sin peso demográfico.
- Convento de la Popa (Ciudades Patrimonio · Cartagena de Indias, «De paseo», n.º 35)
cvc.cervantes.es
Da la cuesta y la cima que el relato recorre sin describir: el convento, el claustro y la capilla de la Candelaria en lo alto del cerro, la fundación de 1607, y la leyenda del fraile que despeña por la escarpa al chivo al que, según esa misma tradición, rendían culto los mulatos bajo la dirección de Luis Andrea. Ese detalle importa aquí porque muestra que el cerro llegó al siglo XVIII con una historia previa de población negra y mulata asociada al lugar, lo que vuelve menos casual que la fiesta se organizara con cabildos.
- «Fiestas de la Candelaria» (serie «cartapedia»)
muhca.gov.co
Acredita quién mira, que en esta pieza es la cuestión decisiva. Identifica al autor como el periodista cartagenero que firmaba «Eumarfa» y caracteriza su obra como recreación fantástica de la imaginación popular de la ciudad histórica: un cronista urbano de clase letrada escribiendo en los años cuarenta sobre la esclavitud colonial. Eso es lo que explica el tono de catálogo con que enumera diademas y apellidos nobles y la facilidad con que el remate hace responsable del desastre al hombre esclavizado.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Celos de esclavo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Celos de esclavo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Celos de esclavo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








