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Campos Elíseos

El mito chibcha revela un proceso postmortem donde las almas cruzan un río en balsas de tela de araña, reflejando una conexión espiritual con la...

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Ilustración de Campos Elíseos

En la neblina dorada del altiplano, donde el susurro del viento parecía contar historias antiguas a los oídos atentos, los chibchas vivían con la certeza de que la vida no encontraba su fin al detenerse el aliento en el pecho. Creían fervientemente que al morir, el alma, ligera como el perfume de las flores del campo, abandonaba el cuerpo como quien deja su hogar temporal, para emprender un viaje hacia lo profundo de la Tierra.

Este camino hacia el inframundo empezaba con la danza lenta de las almas siguiendo senderos que serpenteaban por entre barrancos y tierras jaspeadas de amarillo y negro. Aquellos caminos tenían una textura casi musical, un murmullo de antiguos cantos sagrados que escapaban de las grietas de la tierra, resonando en el alma del viajero. Cuando algún chibcha partía de este mundo, era común que en las rústicas chozas se percibiera una reverente serenidad, un silencio trenzado con el respeto por las arañas que tejían their delicate tapestries entre las vigas del techo.

Oh, la araña, criatura sagrada, era comprendida como tejedor del destino y constructor del puente que debía cruzarse en la última travesía. Las almas, al alcanzar el ancho río que abrazaba la entrada al otro mundo, encontraban balsa hecha de intrincadas telas de araña, artilugio maravillosamente fuerte y etéreo. Aquellos finos hilos, bendecidos por el eco de versos sibilinos, sostenían las almas mientras cruzaban el río de olvido y transformación.

Los chibchas, orgullosos de su labor, sabían en lo más íntimo de su ser que el trabajo, especialmente aquel que hacía florecer los campos, los acompañaría más allá de la vida que conocían. En el más allá, cada provincia se extendía en regiones diseñadas con la misma lógica terrenal que en sus vidas mortales, donde la tierra aún debía ser cultivada y el sudor mezclado con la tierra seguía siendo una bendición.

El Edén ultraterreno no era un lugar de ociosidad eterna, sino de una continuidad de la labor que ennoblecía. Allí, el sol bañaba las cosechas con una luz suave, dorando maizales y avivando verdes tupidos sin descanso. Y con cada amanecer en aquel otro mundo, los espíritus de los chibchas se levantaban, tanto como lo habían hecho en vida, al sonido del viento que, como un canto familiar, les envolvía.

Por eso, en las noches claras, cuando la luna se situaba como centinela blanca en el cielo estrellado, se podía escuchar el rumor de las labores invisibles llevadas a cabo más allá del fin del río. El batir rítmico de un corazón que no acepta el olvido, que no comprende de finales, sino de un constante devenir. Así los chibchas entendían la inmortalidad, no como un alto en el camino, sino una continuación de lo que ya era amado y conocido.

Al recordar y honrar a los ancestros, los vivos cosechaban también las enseñanzas de aquellos que les precedieron, alimentando un ciclo interminable de aprendizaje y trabajo. Y por ello, aquellas arañas que tejían la esperanza, no eran distintas de las manos de los campesinos que, de sol a sombra, tejían la tierra con sus cultivos. Entonces, en un susurro, la tierra misma imitaba aquellas tramas, abrazando a todos sus hijos, vivos y muertos, en un ciclo de eterna producción y renacer. El pasado, el presente y el futuro bailaban juntos, hilando destinos en el tejido eterno que sostiene la esencia del ser.

Historia

El mito sobre la creencia en la inmortalidad del alma entre los chibchas tiene su origen en las explicaciones de esta civilización acerca del destino de las almas tras la muerte. Según sus creencias, las almas abandonan los cuerpos y descienden al centro de la tierra por caminos y barrancos de tierra amarilla y negra. Parte del trayecto incluye cruzar un ancho río en balsas hechas de telas de araña, razón por la cual los chibchas valoraban mucho a estos insectos y evitaban matarlos. En el otro mundo, cada provincia tenía designados sus límites y lugares, donde los individuos encontraban espacio para continuar con sus labores agrícolas. Este mito refleja cómo los chibchas integraban su amor por el trabajo y la agricultura en la concepción de un Edén ultraterreno.

Versiones

El análisis comparativo de las versiones del mito chibcha sobre la inmortalidad del alma revela distintas dimensiones en la concepción del más allá y su conexión con la vida terrenal. En la versión proporcionada, observamos una narrativa que detalla un proceso específico en el viaje postmortem: las almas abandonan los cuerpos y emprenden un descenso hacia el centro de la tierra, siguiendo caminos de tierra amarilla y negra. Esta descripción destaca una geografía espiritual concreta, así como un proceso de tránsito que incluye el cruce de un ancho río en balsas hechas de telas de araña. El respeto hacia las arañas, implícito en la confección de estas balsas, sugiere un enfoque animista y reverente hacia la naturaleza, considerando a los insectos como facilitadores esenciales del viaje espiritual. Este detalle también denota una integración de la fauna local en las creencias espirituales, visto en la práctica de preservar a las arañas.

Además, en esta interpretación del mito, se presenta una concepción del otro mundo, donde cada provincia posee territorios específicos para acomodar las labores agrícolas de sus habitantes. Esto refleja una continuidad de la vida laboral y agrícola más allá de la muerte, subrayando el valor chibcha hacia el trabajo, en especial el agrícola. Este enfoque podría contrastarse con otras versiones del mito que enfatizan, en mayor medida, aspectos morales o rituales del final de la vida. Aquí, el trabajo y la agricultura no solo forman parte de la identidad cultural chibcha, sino que son vistos como componentes esenciales de la existencia post-mortem, indicando una visión del paraíso que resuena con la vida terrenal, vinculando el bienestar espiritual con el amor al trabajo y la conexión con la tierra.

Lección

La vida continúa más allá de la muerte a través del trabajo y la conexión con la tierra.

Similitudes

Se asemeja al mito griego del río Estigia, donde las almas cruzan hacia el más allá.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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