En el vasto manto del universo, donde el tiempo expande sus alas invisibles y el eco de los antiguos resonaba en cada piedra y cada hoja, coexistían seres de fabulas arcanas. En la remota región de Tolima, nacía el relato de brujas y duendes, una danza entre el misterio y la realidad, donde las noches se tornaban en un tapiz bordado de magia y sombras.
De todas las brujas que volaban bajo la luna llena, la bruja tolimense danzaba aun siendo la más enigmática. No llevaba escoba ni sombrero puntiagudo, como lo hacían sus hermanas de otros tiempos y lugares, esas viejas desdentadas que surcaban el cielo montadas en unísonos haces de hierba mágica. No, la bruja tolimense era diferente, emergida de los sueños febriles de campesinos anónimos, vestía, no con harapos, sino con el encanto desnudo de la noche misma. Con sus formas gráciles, ella surcaba los firmamentos transformada en una pisca, gigantesca ave cuyos aletazos soplaban rumores de espanto en los rostros dormidos y cuyo posarse en las copas de los árboles susurraba secretos al viento.
En desoladas parajes y bajo cielos de estrellas chispeantes como las miradas de los amantes, las brujas del Tolima bailaban en círculos que nunca se cerraban. Con el diablo como compañero y jefe de ceremonias, participaban de danzas prohibidas, festines de oscuros deleites en llanos que el mundo olvidaba, lugares bautizados como "los peladeros de las brujas". Cualquiera que desease atisbar en estos rituales, debía andar con el alma en la garganta, jamás pronunciando oraciones, y sería testigo de hechicerías que doblaban la realidad hasta romperla.
Pero las brujas, esos seres de pactos oscuros y risas estridentes, tenían un particular juego de veladas enigma para los hombres. A menudo, de noche, visitaban a los bebedores empedernidos, a los enamorados, a los errantes por sendas peligrosas, chupando su sangre al amparo de la penumbra, embrollándoles la cordura con sus caricias invisibles. El curioso que desease conocer los rostros de tales criaturas, solo debía retarles: "Mañana vienes por sal, so condenada". Y al siguiente día, la bruja, como atrapada en una red de su propia magia, se presentaría en la puerta, desenmascarada.
Mientras, en las sombras que el sol no dominaba, habitaban los duendes, esos pequeños diablos que nunca envejecían. Intrusos de la quietud, embrollaban el orden y acosaban a las jóvenes casaderas con juegos de paciencia. Objetos escondidos en lugares imposibles, susurros que arrullaban al miedo, chasquidos que resonaban en medio de la noche como un latido disonante. Las muchachas, acosadas por estos visitantes traviesos, a menudo caían en la locura, y los pretendientes, víctimas de invisibles manos que empujaban sus deseos al abismo, se alejaban, creyendo en filimisquios o en sortilegios inciertos.
Para desterrar estos seres de sus nidos
Historia
Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.
Versiones
Las dos versiones del mito retratan a seres sobrenaturales y malignos, pero presentan diferencias significativas en su caracterización y el contexto cultural en el que se desarrollan. En la primera versión, el foco está en la bruja tolimense y los duendes, destacando las particularidades regionales del Tolima, Colombia. Aquí, la bruja se diferencia de la típica representación global como una anciana desdentada volando en una escoba; en cambio, es una figura seductora, volando desnuda y asociada estrechamente con el diablo, capaz de transformarse en una pájara para sus ominosas travesuras. Su identidad local viene marcada por ser siempre mujeres del Tolima, lo que refuerza un sentido de pertenencia cultural y vincula las leyendas a las dinámicas sociales de la región, como la infidelidad y la hechicería. Por otro lado, los duendes se describen como entes traviesos que alteran la paz doméstica, especialmente acosando a las jóvenes, lo cual se contrarresta de manera específica con música autóctona, empleando un tiple especial y una técnica particular de afinación.
En contraste, la segunda versión no se centra en una entidad regional específica, sino que agrupa diversos personajes folklóricos como una representación más genérica del mal. Dentro de esta versión, el enfoque está más orientado hacia las consecuencias psicológicas y físicas del acoso maléfico, como el terror nocturno y posesiones, sin especificar un contexto tan delimitado como el del Tolima. Aunque menciona varios nombres por los que se conoce al diablo, la narrativa sugiere que estos personajes malignos forman parte de un panteón más amplio de seres oscuros. A diferencia de la primera versión, esta presenta menos detalles sobre las manifestaciones específicas de los males y, en lugar de un remedio musical, insinúa la posibilidad de curas espirituales como el Poira. Las diferencias destacan la diversidad en la riqueza mitológica contextualizada por culturas y geografías específicas.
Lección
El peligro acecha en lo desconocido y lo oculto.
Similitudes
Se asemeja a los mitos nórdicos de brujas y duendes, y a las leyendas europeas de seres nocturnos que alteran la paz.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



