Brujas y duendes

Andina · Mixto

Brujas y duendes

Una pisca cruza los techos y, en otra casa, objetos y terrones se mueven hasta que un pequeño tiple cambia el sonido de la noche.

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El relato

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En el Tolima la bruja no es la vieja desdentada que vuela en escoba. Es una mujer hermosa de la misma vereda o del mismo pueblo, que ha hecho pacto con el diablo. Vuela desnuda, pasa la noche con él, baila con él en los parajes solos y puede cambiar de forma. Para ir de un lugar a otro se vuelve pisca, una pava enorme que azota los techos cuando se posa en los limatones de las casas o en las ramas de los árboles grandes.

A horas avanzadas se oye pasar su vuelo estruendoso. El aletazo del viento le da a uno en la cara, y después suena una carcajada estridente. Hay lugares donde se juntan todas, en los limpios del monte, en las sabanas de las lomas altas o en los llanos deshabitados que por eso se llaman peladeros de las brujas. Allí bailan con Satán y celebran sus festines. Quien quiera verlas tiene que ir callado, con la brisa de frente, y sin mencionar por nada del mundo una oración.

Si alguien oye de noche ese vuelo, o las risas en lo oscuro, y quiere saber quién es, le basta con decirle: «Mañana vienes por sal, so condenada». Al otro día, sin falta, llega en persona a la casa a pedir sal prestada, y así queda reconocida. Las brujas pierden a los borrachos, a los enamorados y a los que andan en malos pasos, chupan la sangre a los que duermen y se roban a los niños de brazos. Contra ellas se cargan escapularios, medallas, ajos o cabalongas; la casa se reza y se rocía con agua bendita, yerbabuena y albahaca, y a los niños se les pone una pulserita de hilo con un azabache.

Los duendes son otra cosa: diablillos pequeños que todo lo esconden y en todo se meten. Una casa con duendes queda patasarriba. Persiguen sobre todo a las muchachas casaderas, de día y de noche. Les tiran terrones a través del techo y las paredes. Cuando la muchacha está hablando con el novio, la tocan, la llaman, le esconden la costura o los trastos de la cocina, hasta que el novio, creyendo que son caprichos de ella, se va enojado y a veces rompe. Por eso la perseguida casi nunca se casa. De noche le dan pesadillas, y más de una vez los padres la han tenido que atajar en el patio, arrastrada por algo que nadie ve. Queda como poseída, y si el cura no la cura, a veces la cura el Poira.

Para limpiar la casa se hacía un tiplecito de ocho cuerdas, como un requinto, con un temple especial que en toda una comarca sólo sabía dar un anciano muy antiguo. Templado así, se tocaba el son de las vacas y los duendes huían. A veces bastaba con dejarlo templado en un rincón: los duendes lo hacían pedazos, se iban y no volvían jamás.

Brujas y duendes: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que no tiene explicación en una casa suele terminar cargado sobre la mujer más joven.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
4.8° · -74.1°

Ficha del relato

Contexto histórico

Brujas y duendes es el último apartado del capítulo «Mitos» del estudio de Misael Devia Morales sobre el folclor tolimense, publicado en 1962 en la Revista Colombiana de Folclor (v. 3, n.º 7) y reeditado en acceso abierto por Ediciones Unibagué en 2013 como Folclor Tolimense, pp. 81-83. Eugenia Villa Posse lo reprodujo en 1993 en Mitos y leyendas de Colombia II (IADAP, Quito, pp. 165-166). Devia era de Armero, tocaba tiple y acompañaba conjuntos de danza, y la presentación de la reedición insiste en que recogía en el campo, no en los libros. Aquí no cuenta un caso con nombres: describe dos repertorios bajo un mismo título, en su propia voz. Sostiene que la bruja tolimense es «original» frente a la bruja universal, y reúne señas, fórmulas y remedios que dice propios de los campesinos del Tolima.

A la parte de los duendes se suma una entrada breve de Cesáreo Rocha Castilla, «El duende», en la lista «Algunos de los mitos populares del Tolima» de Prehistoria y folclor del Tolima (2.ª ed., Ibagué, 1968), que se lee en el mismo tomo de Villa Posse, p. 182. Rocha añade los terrones que atraviesan techos y paredes y que al mal, además del cura, «también suele curarlo el Poira», figura que en esa misma página describe como una de las configuraciones del Mohán, curandero y oráculo de los pijaos.

Resonancias con otros mitos

En el Llano, Getulio Vargas Barón (Cuentos, mitos y leyendas del llano, 1996) cuenta el duende del hato de Las Camazas, que perturbaba a don Gregorio Zambrano echándole arena a la comida y haciéndole picardías, y cita la copla que lo recuerda: es el mismo diablillo doméstico que desordena la casa, pero allá se burla del patrón y no persigue muchachas.

La brujería en forma de ave nocturna aparece también en el sur del Tolima en la misma obra de Devia, que llama al Silbador «ave del demonio y compañero de las brujas». Y el remedio con música tiene su contraparte en el propio Mohán tolimense, al que Devia describe tocando tiple a la orilla del río: el instrumento campesino sirve, según el caso, para llamar o para espantar.

Rocha Castilla, en la misma página del duende, lo mide contra otro espanto del departamento: es, escribe, tan maligno como la Patasola (Villa Posse II, p. 182). La diferencia está en el lugar, porque el duende ronda la casa de las muchachas y la Patasola reina lejos, en el monte.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Devia y Rocha Castilla coinciden en lo esencial del duende: persigue a las muchachas casaderas y las deja como poseídas. Devia pone el acento en el noviazgo que se rompe y en el remedio musical, el tiple de ocho cuerdas y el son de las vacas; Rocha, en los terrones y en la doble cura del cura y del Poira. Ninguno de los dos da nombre ni vereda a las muchachas perseguidas. Sobre las brujas sólo habla Devia.

  2. La bruja de Devia está dicha con juicios del propio autor: la llama «pervertida», «adúltera» y «de malas artes», y ofrece una fórmula para reconocer a una vecina concreta. Esa carga es parte del texto de 1962 y así se lee, como la mirada de un folclorista de su tiempo sobre las mujeres acusadas, no como descripción de mujeres reales.

  3. El libro Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (Casa Editorial El Tiempo, 2004), que se declara «material de ficción», trae una entrada «Los duendes» en su índice, pero no es tolimense ni añade nada a este repertorio.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registro de los dos repertorios bajo un título: las brujas que se vuelven pisca y los duendes que tiran terrones y persiguen muchachas, y el tiplecito de ocho cuerdas que los espanta (pp. 81-84 de la edición de 2013).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Segundo registro de Devia (sección 20, pp. 165-166) y «El duende» de Rocha Castilla (sección 21, p. 182).

  3. Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué

    dialnet.unirioja.es

    Registra a las Brujas y al Duende entre las leyendas reconocidas en Ibagué.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Cuenta el duende del hato de Las Camazas que molestaba a don Gregorio Zambrano, con la copla que lo recuerda, el paralelo llanero de Similitudes.

  2. El Duende

    www2.culturarecreacionydeporte.gov.co

    Divulgación que recoge el remedio del tiple bien templado para espantar a los duendes.

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«Brujas y duendes» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Brujas y duendes» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Brujas y duendes» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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