El duende de Panán

Pacífico · Panán

El duende de Panán

Músico, travieso y cambiante, el duende de Panán juega con niños, trenza caballos y ronda quebradas.

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El duende de Panán no baja de arriba: sube. Habita el mundo de abajo, que es el agua, y por eso se lo encuentra en las chorreras, en los remansos y en los rincones oscuros del monte, donde la luz no alcanza a secar la piedra.

Nadie lo describe igual. Unos lo vieron de rojo, otros de verde, de amarillo, hasta de negro, porque toma el color de las flores y de las plantas del sitio donde se deja ver. Lo que no cambia es el oficio. Es músico y prefiere las cuerdas, y quienes lo han oído en la quebrada dicen que su tambor es el agua misma: con ese golpe llama a los curiosos y los va acercando al borde.

Se enamora de las mujeres que bajan a lavar la ropa. A la que escoge la persigue todo el día haciéndose el niño bueno, y de noche le manda pesadillas hasta que no duerme y cae enferma.

Con los caballos la cosa es travesura. El animal se planta en mitad del camino, no quiere seguir, empieza a recular como asustándose, y al otro día amanece con la crin del cuello y la cola bien carnejadas y enredadas, como si alguien hubiera trabajado en ellas toda la noche.

En lo que se cuenta ahora sale por las alcantarillas. Se vuelve otro niño del sector y juega con los menores de cinco años sin ofenderlos; deja la tarea programada para continuarla al día siguiente y no permite que lo miren los adultos, de modo que cuando el mayor se asoma, el compañero que el niño describe ya no está en ninguna parte.

Al que cae así se le dice enduendado, y hay quien lo levante. La médica arma una escoba con tarta negra, pillo, anamú y marco, le suma ruda, lana de oveja negra y estiércol de animales negros, y con eso sahúma, sopla y azota. Mientras tanto llama hacia el mundo de arriba: «Asoma, asoma, asoma, Usata, Usata, Usata», y en el nombre del padre, del hijo y el Espíritu Santo. Son tres sopladas con aguardiente, tres barridos y tres bendiciones. Después le da a tomar un poquito de pólvora, lo baña con zumo de ruda y hierbabuena y cierra con agua de acero. Otras curaciones trabajan con flor de guanto, hojas de albarrecín, ramas de marco y chapil, para la limpia y para la purga.

Al duende no se lo mata ni se lo vence. Se lo despega del cuerpo y se lo devuelve al agua de donde salió.

El duende de Panán: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que enferma en el agua también se devuelve al agua para sanar.”

Territorio

Pacífico · Panán

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Panán
Referencia
0.85917° · -77.82165°

Ficha del relato

Contexto histórico

El apartado «Al duende» está en el capítulo cuarto de la investigación etnoliteraria que Ernesto Ramiro Estacio y Luis Ulpiano Tatamués García presentaron en noviembre de 2016 a la Maestría en Etnoliteratura de la Universidad de Nariño, con asesoría de Dumer Mamián Guzmán. De ahí vienen los colores cambiantes, la música de cuerdas, las lavanderas, el juego con los niños en las alcantarillas y la limpia con guanto, albarrecín, marco y chapil.

El caballo tiene dueño de voz. José Tarapues, comunero de Panán, se lo contó a esos investigadores en marzo de 2014, y el episodio ocurre en la Cangagua, el cucho de la vereda la Merced donde una cascada se pierde entre los matorrales.

La curación es lo mejor documentado y lo más antiguo. Andrea Ojeda Guerrero la publicó en 2006, en su estudio de medicina tradicional del resguardo, hecho con los cinco médicos tradicionales y la partera de Panán: allí el duende «habita en el mundo de abajo en el agua, en chorreras y lugares oscuros de los montes», y el «Asoma, asoma, asoma, Usata» con las tres sopladas, los tres barridos y las tres bendiciones se atribuye a Eudocia Calpa, médica tradicional y partera del resguardo. Erica Susana Quiroz Malte volvió a registrar el mismo procedimiento casi una década más tarde, en su trabajo de 2015 sobre las mujeres y la medicina tradicional de Panán; allí el enduendamiento lo explica Martha Quiroz, médica tradicional del resguardo, entrevistada el 18 de septiembre de 2014.

Panán es resguardo del pueblo de los Pastos, en el municipio de Cumbal, Nariño, sobre el filo fronterizo con el Ecuador. El duende que aquí se cuenta es el suyo: los que se citan de otros resguardos y del otro lado de la línea aparecen señalados como lo que son, vecindad.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está a pocas horas de camino y en el mismo pueblo. La monografía que Escobar Morillo y Mejía Putacuar escribieron en 2009 sobre Yaramal, resguardo pasto de Ipiales, le dedica capítulos enteros: el duende como ser protector del agua, la magia de su música, sus dualismos y los remedios contra el entundamiento. Es el mismo músico de quebrada, con una función de guardián más marcada que en Panán.

El segundo paralelo cruza la frontera. En el Carchi, Édison Ávalos documentó en 2020 que sólo pueden narrar a estos seres quienes los han visto, y que el duende figura junto a la viuda, el guagua auca y los cueches en ese repertorio compartido; sus informantes se apellidan Chiles, Tarapués, Paspuezán o Malte, los mismos linajes de este lado de la línea. Es vecindad binacional, no creencia de Panán.

Dentro del resguardo, el chutún también es pequeño y también enferma, pero su terreno es la chagra y el barbecho, no la chorrera; y el cueche comparte el agua sin compartir la música. Ojeada de duende, ojeada de chutún y pisado de cueche son categorías separadas en la misma consulta.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos vertientes de Panán no se contradicen, se turnan. La del agua lo ata a chorreras y lugares oscuros y lo trata como causa de enfermedad; la del juego lo trae al pueblo, a las alcantarillas y a los niños de menos de cinco años, y lo vuelve compañero que los adultos no alcanzan a ver.

  2. Fuera del resguardo la figura se endurece. En un resguardo pasto vecino, Nelson Mejía Putacuar recogió en 2014 un duende que cuida el agua de la quebrada, que llama con un tambor hecho de agua y que castiga con la mirada a quienes tumban el monte y queman la paja. Ese oficio de guardián que sanciona no lo traen las narraciones de Panán, donde enamora, enreda caballos y juega, pero no vigila el monte. La misma investigación, con la narradora Magdalena Pinchao, lo describe con tamborcitos chiquitos y sombreros grandes, hasta el punto de que al comunero de sombrero ancho le dicen que lleva sombrero de duende.

  3. En el Carchi ecuatoriano, que es otro país, los narradores de Tufiño que reunió Édison Ávalos en 2020 distinguen dos: «el duende claro es trabajador, el duende negro que es mudo». Son dos seres, no uno cambiante.

  4. Hay además una costura visible en el propio corpus de 2016: al lado de la palabra de los mayores se intercala una cita de libro sobre duendes «perversos, impertinentes y traviesos» que no viene de Panán, y que el texto adjudica a un autor mientras la nota al pie acredita a otro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Panán · Nariño · Pacífico
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. La memoria territorial y el encanto de la palabra de los indígenas de Panán

    sired.udenar.edu.co

    Corpus principal construido con testimonios de comuneros. Dedica apartados propios a los dieciséis lugares, seres y experiencias que forman esta colección.

  2. Medicina tradicional en el Resguardo Indígena de Panán, municipio de Cumbal

    sired.udenar.edu.co

    Investigación de campo aprobada por autoridades del resguardo. Sitúa a Panán dentro del pueblo Pastos y documenta medicina propia, plantas y categorías comunitarias de enfermedad.

  3. Espiral andino

    revistas.udenar.edu.co

    El duende músico cuyo tambor es el agua, que «con el poder de sus ojos entunda a los que tumban el monte y queman la paja», narrado por Magdalena Pinchao. Es de Yaramal: pasto vecino, no Panán.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. El poder del mito en la dinámica del territorio del resguardo indígena de Yaramal

    sired.udenar.edu.co

    Monografía de los seres del territorio pasto capítulo por capítulo —el duende, el chutún, el cueche, la viuda, la vieja del monte— con narradores nombrados por vereda y fecha. Es de Yaramal, en Ipiales: resguardo pasto vecino, no Panán.

  2. La mujer y la medicina tradicional en el resguardo de Panán: el rostro detrás de la historia

    sired.udenar.edu.co

    Entrevistas fechadas a las médicas y parteras de Panán y el informe del puesto de salud de marzo de 2015, donde de cincuenta consultas las más frecuentes fueron mal aire, espanto, quedado y cueche. Define la Vieja y la Viuda, y registra que la Vieja «los aturde (entunda)».

  3. Los narradores de la tradición oral: el don impuesto por los seres del otro mundo

    revistas.unimagdalena.edu.co

    Explica quién puede narrar en la zona rural del Carchi: sólo quienes han visto a los seres del otro mundo, duendes, viudas, aucas o cueches. Es del lado ecuatoriano de la frontera pasto, con informantes de apellidos Chiles, Tarapués, Paspuezán y Malte.

  4. Los Pastos

    babel.banrepcultural.org

    La monografía de referencia sobre los Pastos. Registra los tres caciques de Panán —Nasate, Juaspuezán y Puenayán— bajo la figura de tres dragones que viven en la Tuta, los linajes del resguardo, el chutún como dueño del barbecho y el lugar de María Panana entre los fundadores.

  5. Perspectivas culturales del clima

    repositorio.unal.edu.co

    Volumen con dos capítulos sobre los Pastos. El de Zonia Patricia Puenayán Irua, comunera de Panán, tiene una sección titulada «Leyenda de la cueva de La Tuta», con los minacuros en procesión y el testimonio de Gilberto Puenayán Cuaical, exgobernador, de julio de 2009. El de Diego Fernando Tupaz Pastás y Niven Yobany Guzmán distingue las tres clases de cueche —blanco, negro y colorado— y trae una versión narrada por Manuel Tepud Usamá, de la vereda Guacuan.

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«El duende de Panán» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El duende de Panán» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El duende de Panán» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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