Los duendes

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Los duendes

Los duendes mueven objetos, lanzan terrones, esconden cosas o siguen a una persona; cada versión explica de otra forma su origen y defensa.

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El relato

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Los duendes viven donde hay guaduales, árboles muy altos y fincas lejanas. Quien los conoce sabe que no se van con rezos: para espantarlos hay que tener un tiple bien templado y tocar el son de las vacas.

Cuentan que en algún lugar de Colombia un señor de apellido Pantoja tenía dos hijas, y que a las dos las perseguía un duende que no las dejaba dormir. De noche sentían que un hombre se les acomodaba al lado, que las pellizcaba y las tocaba. Prendían la luz, y no había nadie.

Fueron donde el cura del pueblo. «Padre, imagínese que alguien nos está persiguiendo». El cura les dijo que se confesaran, que después él les daba la comunión. Pero esa misma noche el duende llegó más bravo que nunca, las cogió a mordiscos y no las dejó pegar el ojo. Con la confesión, la cosa había empeorado.

Entonces un vecino les dio la solución. Les habló del tiple. Las muchachas le pidieron a su papá que consiguiera uno antes de que cayera la noche, y lo dejaron listo, templado, encima de una mesa en el cuarto de ellas.

Llegó el duende y encontró el tiple. Al rato el tiple empezó a sonar. Las muchachas entraron al cuarto y no había nadie tocándolo, pero seguía sonando. Se acercaron, y el tiple se quedó en silencio. Al amanecer el tiple dejó de sonar, y cuando fueron a mirar ya no estaba en la mesa. Desde ese día el duende no volvió jamás.

Dicen que la razón es muy vieja. El duende era uno de los ángeles preferidos de Dios y en el cielo tocaba el arpa. Se portó mal y Dios lo mandó al infierno. Por eso, para cogerlo y atajar sus travesuras, hay que dejarle un tiple bien templado.

Cuando un duende se enamora de una muchacha se le mete en la casa. Tira piedras contra el techo, como si llovieran terrones. A los niños los invita a jugar con él en el monte hasta muy tarde, y cuando los papás los encuentran vienen arañados, sucios, con hambre y con fiebre.

Los duendes: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Hay persecuciones que no se van con sermones, sino con un instrumento bien templado y paciencia.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Varios
Comunidad
Mixto
Referencia
4.78405° · -74.76268°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato de las hijas de Pantoja está en la serie Bogotanitos de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, una colección de leyendas para niños que no firma sus textos ni dice de dónde los toma. La página sitúa el caso «en algún lugar de Colombia», y lo que cuenta del paisaje, guaduas, árboles altos y fincas lejanas, apunta a la tierra templada andina.

El remedio del tiple, en cambio, tiene un registro antiguo y localizado. Misael Devia Morales, en «Folclor tolimense» (1962; reproducido por Eugenia Villa Posse en 1993 y reeditado por la Universidad de Ibagué en 2013), cuenta que los campesinos del Tolima construían para eso unos tiplecitos de ocho cuerdas, parecidos a un requinto, con un temple especial que en una comarca entera sólo sabía dar un anciano. Templado así, se tocaba el «son de las vacas» y los duendes huían; a veces bastaba dejarlo en un rincón, y los duendes lo hacían pedazos y no volvían. Devia pone a los duendes junto a las brujas en un mismo capítulo, que en este catálogo tiene su propia ficha tolimense.

Otros registros dan cuenta de que el duende es de todas las regiones. Cesáreo Rocha Castilla (1968) lo llama personaje casi universal, tan maligno como la Patasola, que tira terrones contra las casas de las muchachas casaderas. Javier Ocampo López, en El pueblo boyacense y su folclor (1977), lo describe en las minas de Boyacá como un enano de traje vistoso. Esmeralda Van Vliet, en las páginas infantiles del Instituto Colombiano de Antropología impresas en 1997, pone en boca de Anita, una niña de Pasto, al duende burlón y al duende malo. Erazo y Martínez (Universidad de Nariño, 2019) encontraron que en Túquerres casi la mitad de los encuestados conocía historias del duende.

La explicación del ángel caído es una genealogía cristiana que acompaña al duende en muchas partes; aquí se cuenta porque es la que da sentido al tiple.

Resonancias con otros mitos

El duende colombiano llega de España con su explicación ya puesta. Sebastián de Covarrubias, en el Tesoro de la lengua castellana (1611), define al duende como uno de los espíritus que cayeron con Lucifer: unos fueron al abismo, otros quedaron en el aire y otros en la tierra, y éstos suelen estar en las casas, en los montes y en las cuevas, espantando con apariciones. Deriva el nombre de «dueño de casa». Es la misma genealogía del ángel caído que cuenta la página de Bogotanitos, y el mismo gusto por las casas viejas que describe Ocampo López en Boyacá.

El detalle de las crines trenzadas tiene un eco célebre en Inglaterra. En Romeo y Julieta, Mercucio describe a la reina Mab, el hada de los sueños, como la que trenza de noche las crines de los caballos. El duende malo que Van Vliet recoge en Pasto hace lo mismo, y en muchos pueblos de América todavía se culpa a los duendes cuando un caballo amanece con las crines anudadas.

La diferencia colombiana está en la música. En la versión de Bogotanitos y en el Tolima de Devia, el duende es un músico: un ángel que tocaba el arpa y al que atrapa un tiple bien templado. El instrumento que lo vence es el más campesino de la región andina, y el son que lo espanta se llama el son de las vacas. Esa unión del duende europeo con el tiple es lo más propio de la leyenda colombiana.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. En el Tolima de Devia el duende es un diablillo que todo lo esconde y todo lo embrolla. Persigue a las muchachas casaderas, las llama y las toca de noche y les espanta el novio, que termina creyendo que son caprichos de ella. Rocha Castilla añade que las deja como posesas, con ataques y sustos, y cita la copla de que «si el cura no los cura son incurables», aunque también los cura el Poira.

  2. En Boyacá, según Ocampo López, los duendes se aparecen a los mineros como enanos de trajes llamativos, echan lluvias de piedras sobre los techos, se roban las provisiones, abren los corrales de los terneros, se ríen en los cielos rasos, esconden las escobas y corren los baúles de las casas viejas.

  3. En Pasto, Van Vliet distingue dos. El duende burlón hace travesuras en la casa: destiende la ropa, echa azúcar a la sopa, espanta a los perros y a las gallinas. El duende malo duerme en la punta de las agujas y trenza las crines de los caballos. En Túquerres, el trabajo de Erazo y Martínez cita a los duendes como espíritus que atormentan a las jóvenes que tienen enamorado, les dan pesadillas y las llaman hasta hacerlas salir sonámbulas, y a veces obligan a una familia entera a mudarse.

  4. Todas las versiones repiten un par de rasgos: la lluvia de piedras o terrones y la preferencia por las muchachas. El remedio cambia de una región a otra: el tiple en el Tolima y en la versión de Bogotanitos, el cura o la mudanza en otras partes.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. El Duende

    www2.culturarecreacionydeporte.gov.co

    El relato de las hijas de Pantoja, el cura, el tiple que suena solo y el duende que fue ángel del arpa.

  2. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Capítulo «Las brujas y los duendes» (pp. 81-83): los duendes que persiguen a las muchachas casaderas y el tiplecito de ocho cuerdas tocado al son de las vacas.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Sección 21, p. 182: Rocha Castilla, «El duende»: casi universal, tira terrones a las casas de las casaderas; «si el cura no los cura son incurables».

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Los duendes de Boyacá (p. 123): enanos de trajes vistosos en las minas, lluvia de piedras, esconden escobas, corren baúles.

  2. Colombia, Many Countries in One (Fulbright-Hays 1997), con las páginas «Niños de las regiones de Colombia» de Esmeralda Van Vliet (ICAN)

    files.eric.ed.gov

    El duende burlón y el duende malo de Pasto, contados por Anita: destiende la ropa, echa azúcar a la sopa, duerme en la punta de las agujas y trenza las crines de los caballos.

  3. Estrategia de narrativa transmedia para la rememoración de relatos de la tradición oral del municipio de Túquerres

    sired.udenar.edu.co

    El 48 % de los encuestados de Túquerres conoce historias del duende; §6.3.9.7 describe duendes que atormentan a las jóvenes con enamorado y hacen mudarse a las familias.

  4. Tesoro de la lengua castellana o española

    archive.org

    Entrada «Duende»: espíritu de los que cayeron con Lucifer, que se aparece en las casas; deriva el nombre de «dueño de casa». Paralelo de Similitudes.

  5. Romeo and Juliet

    gutenberg.org

    Acto I, escena 4: Mercucio describe a la reina Mab, que trenza de noche las crines de los caballos. Paralelo de Similitudes.

  6. Oralitura y tradición oral colombianas: revisión de materiales sonoros

    revistas.udea.edu.co

    Registra la pista «Los duendes» del CD Mitos del Huila (2003).

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¿Así te la contaron?

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«Los duendes» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los duendes» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los duendes» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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