
Varios · Mixto
El mandingas
Mandingas o Maldingas nombra al diablo en repertorios colombianos, pero esa acepción carga una historia colonial que debe explicarse.
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El relato
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Barranquilla se llena de comparsas y de músicos en los días de Carnaval, y entre los tamboreros espontáneos que animaban la fiesta estaba Pamba Ahumé. Había nacido en el Macizo de la Guyana y desde muy joven andaba por Latinoamérica siguiendo la ruta de las ferias y los carnavales. No creía en espantos; sólo sabía de tamboras. Con ellas imitaba el ritmo del corazón y convocaba la alegría de la fiesta. Así había conquistado a Lina, una muchacha trabajadora y apasionada por el baile, que desde que lo conoció le dedicaba cada paso.
Lina aceptó casarse con él, y fueron a celebrar el compromiso en pleno Carnaval, con René Velandia, el viejo compañero de andanzas de Pamba. Esa noche conocieron a un extranjero que se hacía llamar Santiago. Llevaba un traje elegante e impecable, tenía buenos modales y una energía que no se agotaba, y los novios quedaron encantados con él. Compartieron ron y tocaron tambores juntos. Sólo René miraba con recelo tantas atenciones.
Sin que nadie supiera cómo, Pamba y Santiago terminaron enfrentados en un duelo de tambora. El bullicio se volvió tensión. Lina se opuso al reto, pero su corazón se partió entre el amor que sentía por Pamba y una atracción ciega por el forastero. Oía cada golpe, y los de Santiago le hacían perder la razón: la hacían olvidarlo todo, le quitaban la voluntad. Aquella destreza no era normal. Algo en el aire apagaba la alegría del Carnaval. La tambora de Santiago dominaba, y Pamba, vencido, se fue retirando del duelo.
Entonces René le miró los pies al extranjero. Tenían forma de patas de cabra, con grandes pezuñas apoyadas en el tablado. Sintió la lengua congelada. Santiago lo miraba fijo a él y a Lina al mismo tiempo, aunque estaban en lados opuestos, y Lina se le acercaba despacio, como si fuera el premio del ganador. La tambora no paraba de sonar. Algunos dicen que se vio fuego sobre el cuero en el momento en que René por fin pudo gritar:
—¡Cuidado, Lina! ¡El Mandingas!
Santiago desapareció frente a sus ojos, y Lina se detuvo. La gente de alrededor creyó que era parte del espectáculo y lo celebró con gritos y aplausos.
Después de ese Carnaval, René no volvió a ver ni a Lina ni a su amigo Pamba. Le quedó un solo recuerdo de aquella noche: la tambora que tocó el falso extranjero, con dos marcas de manos hechas a fuego vivo sobre el cuero.

La enseñanza
“Un nombre dicho a tiempo puede deshacer el encanto que ningún talento alcanza a vencer.”
Territorio
Varios · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Varios
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 10.963889° · -74.796389°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano
archive.org
«El Mandingas», pp. 21-22: lámina técnica (demonio de patas de cabra que se presenta como hombre elegante y tienta con riquezas) y la entrevista inventada a René Velandia sobre el duelo de tamboras en el Carnaval de Barranquilla.
- Folclor tolimense
repositorio.unibague.edu.co
Dos usos del nombre: el insulto contra la Candileja, «el mandingas te ha de tener en los profundos» (p. 66), y el campesino que al oír al Silbador sintió «como si el mandingas estuviera por ai suelto» (p. 80).
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II
flacso.edu.ec
Sección 21, p. 182: Rocha Castilla anota «Mandingas, Biruñas, El Maligno, El Patas, algunos de los muchos nombres del diablo»; la sección 20 (p. 151) reproduce el insulto de Devia contra la Candileja.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Cuentos, mitos y leyendas del llano
babel.banrepcultural.org
El toro Patorreal que se escapa del corral, «el mismo Mandingas» para los vaqueros (p. 17), y el Silbador, «que no es otro que el mismo Mandingas» (pp. 73-74).
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
En el preámbulo (pp. 23-24): «El Diablo o Mandingas también aparece», con Florentino y el Diablo y «Federico y Mandingas», donde un llanero lo vence contrapunteando o cuerpo a cuerpo: el paralelo del duelo musical.
- Mitos y leyendas del estado Portuguesa, cap. 10: «El familiar o los pactos con el diablo»
bibliofep.fundacionempresaspolar.org
El familiar como figura que el diablo toma donde se cerró un pacto, y el patrón que le pide «progreso, dinero y salud» a cambio del alma: paralelo del Mandingas que tienta con riquezas.
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¿Así te la contaron?
«El mandingas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El mandingas» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El mandingas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








