El hijo de Karagabí y la gente subterránea

Andina · Chamí

El hijo de Karagabí y la gente subterránea

El hijo de Karagabí ofrece cambiar el cuerpo de la gente subterránea, pero el procedimiento que presenta como ayuda la mata.

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El relato

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El hijo de Karagabí era un sabio.

Debajo de la tierra había otro estado, y allí vivía una gente que se llamaba aramúko dohurá. Los aramúko comían, pero comían solamente el jugo de la comida, y no defecaban.

El hijo de Karagabí los miró comer y les dijo: «Como ustedes no saben defecar, voy a hacerles un ano a cada uno, para que puedan comer de todo».

Los aramúko dijeron: «Bien».

El hijo dijo: «Eso es fácil». Se fue, trajo un cuchillo y cortó a cada uno las nalgas.

Pero los aramúko se murieron de eso.

El hijo de Karagabí y la gente subterránea: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Llamar carencia a la diferencia del otro puede ser el primer paso de un daño irreparable.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato lo recogió Gerardo Reichel-Dolmatoff en 1945 en la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, y lo publicó en 1953 como el número 13 de «Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)», en la página 165 de la Revista de Folklore. Es de los más breves de la serie y uno de los dos únicos a los que el recopilador no añadió ninguna nota al pie: no identifica especie, no propone comparación, no traduce nada. Quien narró no quedó nombrado. La advertencia que el propio Reichel-Dolmatoff pone al frente del artículo pesa aquí más que en ningún otro sitio: dice que carece de perspectiva del contexto cultural del que forman parte estas narraciones y que por eso se limita a presentar el material recogido.

Milcíades Chaves, que viajó con él, publicó en 1945 el mismo episodio dentro de otro relato: en «Arrumia», segundo de sus nueve cuentos y por tanto uno de los cuatro que narró Nicolás Henao, chamí de Balboa, un hombre baja al mundo de los Aremuko, que tienen figura de hombres pero «tenían tapado el ano» y sólo comen el vapor de lo que cocinan. Allí la operación no mata: el hombre emborracha a su mujer aremuko, le corta con una navajita de macana «un huequito», le da comida poquita, la cura, repite con cinco mujeres, y todos dicen que era médico. Está en las páginas 145 y 146.

Mauricio Pardo alinea en 1986 las denominaciones del lugar en todas las compilaciones y observa que Reichel y Chaves lo llaman /aramuko/ y /aremuko/ respectivamente; advierte además que ordenar esos mundos en un solo esquema «es sólo un artificio» y que puede que no tengan nada que ver entre sí salvo el estar por debajo del nivel humano. Vasco confronta en «Jaibanás. Los verdaderos hombres» las dos transcripciones de Río Frío y recuerda que los dohura del mundo de abajo son jaibanás y que de allá vienen el maíz y el chontaduro. Los relatos de Clemente Nengarabe Siágama traen el episodio completo con otro protagonista, y el capítulo de Vasco sobre los chamí del Garrapatas trae la cosmología de Rosa Elvira. Simone Ferrari documenta el mismo mundo entre los emberá dóbida del Chocó.

Lo que ninguna fuente dice: por qué baja el hijo de Karagabí, qué le pasa después, y si los chamí de Corozal tenían a los aramúko por inmortales.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más fuerte está dentro del mismo libro de 1945 y viene de un narrador chamí nombrado: en «Arrumia», que Nicolás Henao, chamí de Balboa, contó a Milcíades Chaves, un hombre llega donde los Aremuko, que cocinan tatabro y gurre pero sólo comen el humo porque tienen tapado el ano, y allí la misma operación sale bien. Cura primero a su mujer con una navajita de macana, después a cinco mujeres más, y los hijos que nacen cerrados se los llevan para que se los corte. El episodio es el mismo y el juicio es el contrario: allí el visitante se queda, forma familia y es llamado médico.

El segundo paralelo documentado invierte el sentido de la ayuda. En su nota comparativa, Chaves copia al padre Henri Rochereau, que recogió entre los katíos de occidente de Antioquia el relato «Geru-Poto-Uarra», el hijo de la pantorrilla, y describe las tierras de Tutruica como un lugar de piedras azules y chontaduros donde «las gentes no morían ni comían», se alimentaban del vapor «y por tanto no tenían órganos de defecación»; allí, tres que cedieron a la curiosidad de comer chontaduros rogaron al extranjero que los rompiera «de resultas de lo cual murieron». Entre los emberá del golfo de Tribugá y del Sinú, Antonio María Cardona y Jairo Miguel Guerra recogieron que Tutruika «creó el mundo de los inmortales, los sin culo, llamado Armukurá», un mundo «de hombres grises, que no tienen boca ni tienen culo y son inmortales». En esas dos fuentes el cuerpo cerrado no es defecto sino condición de no morir, y la operación destruye exactamente eso.

La diferencia que conviene no borrar es que ninguna de esas dos fuentes es chamí, y que el relato de Corozal no dice que los aramúko fueran inmortales: sólo dice que se murieron.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El mismo corpus de Corozal trae el episodio dos veces con protagonistas distintos. En el relato número 2, el muchacho nacido de la pantorrilla cae en otro mundo bajo la tierra donde hay indios muy bajitos que sólo comen el humo de su comida; ellos mismos le explican «no tenemos ano», él contesta «eso yo puedo arreglar», y los chuza con un palo de chontaduro. Ahí el resultado es mixto: «muchos se murieron. Otros se alentaron», y le preguntan si no sabe de otro modo. Como no sabe, el cacique lo despacha montado en un animal con los ojos cerrados. En el relato número 13, el instrumento es un cuchillo, el protagonista es el hijo de Karagabí y no queda nadie vivo.

  2. Entre los chamí de Purembará, Mistrató y Pueblo Rico, el jaibaná Clemente Nengarabe Siágama narró el episodio con un tercer reparto: la gente de abajo se llama Dojura, duerme de día, caza y roza de noche, y de la comida «no más aire comían, la carne botaban pa' fuera»; son ellos quienes piden la operación tras espiar al visitante; el instrumento es un machete; muere un solo muchacho, que tenía una sola tripa gruesa por la que sólo salió viento; y el operador se va con el pretexto de traer una yerba y no vuelve. El vocabulario del propio narrador define Dojura como «de do = río y jura = contrario. Habitante del mundo de abajo», lo que empareja el nombre con el dohurá de Río Frío.

  3. El motivo de esa huida lo da otra voz chamí. En 1990, el jaibaná Mario Restrepo Siágama le contó a Víctor Zuluaga Gómez una variante en la que el protagonista «escapó de los hombres que lo perseguían por haberle hecho el ano a un indio del mundo de abajo» y se encontró con el jefe de la Berea. Es decir: en Purembará y en Risaralda la operación fallida tiene consecuencia y persecución; en Río Frío, no.

  4. En la versión del padre Constancio Pinto que Zuluaga transcribe, el visitante opera a un muchacho con un cuchillo, el muchacho muere y los habitantes deciden matarlo con el juego del rodadero. Entre los emberá dóbida de Boca de Jagua, Lizandro narró en 2021 que el héroe sacó el ano a punta de cuchillo y «casi la mayoría por el dolor se murieron», hasta que cambió de método y sólo rajó para abrir. La escala del daño, el instrumento y el desenlace cambian en cada testimonio, y no se pueden sumar.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Relatos que Vasco recogió de Clemente Nengarabe en el Chamí y que se publicaron en 1978 sin su nombre. Al republicarlos, Vasco explica que su papel fue el de simple recolector y devuelve la autoría al narrador, porque en aquel momento fue impensable que un indígena figurara como autor.

  2. Los embera-chamí en guerra contra los cangrejos

    luguiva.net

    Recoge, entre los chamí del alto río Garrapatas (norte del Valle del Cauca), la cosmología de Rosa Elvira, maestra chamí originaria del alto San Juan: tres mundos, el de arriba (bajía), donde están Carabí —la luna— y Ba, el trueno; el nuestro, la tierra (egoró); y el de abajo, «aremuko o chiapera», al que se llega por el agua y donde viven los dojura, Tutruica, Jinopotabar y los antepasados, y donde se originan los jaibaná. Y es allí donde la misma narradora dice que «su papá es Carabí»: en esta versión chamí el visitante del mundo de abajo es a la vez Jinopotabar y el hijo de Karagabí, lo que contradice la separación tajante que la ficha establece entre los dos personajes.

  3. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Es el único trabajo que alinea las denominaciones del mundo de los seres sin ano en todas las fuentes y las coteja: /armukurá/ (Santa Teresa, Dabeiba), /aramuko/ (Reichel, Chamí), /aremuko/ (Chaves, Chamí), /aramora/ (Guangul) —que Pardo descompone como /atau/ ano + /aramora/ tapado—, /yháberá/ (Baudó) y /chiapérera/ (Wassén, Chocó). Describe el nivel como aquel donde «la gente no tenía ano y se alimentaba con el olor de las cosas cocinadas», y hace la advertencia metodológica decisiva: agrupar todos esos lugares en un solo esquema «es sólo un artificio», y puede que /armakurá/, /aramuko/ o /aramïrá/ no tengan nada que ver entre sí salvo el estar por debajo del nivel humano.

  4. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Confronta directamente las dos transcripciones chamí de Río Frío: señala que «los informantes de Reichel llaman aramuko dohurá a los habitantes del mundo de abajo» y que Milcíades Chaves, «quien trabajó con los mismos indígenas que Reichel», los llama Aremuko, seres que sólo comían el humo de cocinar y no tenían ano. Resume además el relato de Chaves (1945: 145-146) de un hombre que bajó allá, se casó con una mujer aremuko y volvió con ella montado sobre su cuerpo a través de un charco. Aporta también la clave que impide leer a los aramúko como carentes: los seres del mundo de abajo, los dohura, son jaibanás, y de allá vienen el maíz y el chontaduro.

  5. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Da la versión inversa de la que trae Río Frío: aquí el mundo de los seres sin ano no es una anomalía corregible sino una creación deliberada y un privilegio. Tutruika, hermano de Karagabí y de Pakoré wera, «creó el mundo de los inmortales, los sin culo, llamado Armukurá», y desde el origen se lo describe como «un mundo de hombres grises, que no tienen boca ni tienen culo y son inmortales». Leído junto al relato chamí, obliga a no presentar la condición de los aramúko como una carencia: en esta cosmogonía es exactamente lo que los hace inmortales, y por tanto lo que la operación destruye.

  6. Los cruces del sendero: cosmovisiones y sistema jurídico de los Emberá-Chamí

    repositorio.pucp.edu.pe

    Da la ubicación chamí del lugar: «Debajo de nuestro mundo están los mundos inferiores. El más alto de los mundos inferiores es el mundo de Tutriaka, el mundo plano que se llama Armucurá». Es decir, para los chamí del alto San Juan el mundo subterráneo de los sin ano no está en el fondo del cosmos sino inmediatamente debajo del nuestro, el primero de cuatro mundos inferiores, y su señor es Tutriaka, no Karagabí —lo que sitúa al hijo de Karagabí como extranjero en territorio de otro señor.

  7. La letteratura orale embera: inquietudini e oscillazioni enunciative nel mito contemporaneo

    confluenze.unibo.it

    Compara motifema por motifema dos narraciones emberá dóbida recogidas en 2022 y muestra que «il mondo degli esseri senza ano» es uno de los elementos fijos que ambas comparten, junto con la serpiente, el desafío a la luna y la intervención del pájaro carpintero. Documenta además que los dos narradores evalúan de manera opuesta lo que ocurre allí abajo: Graciliano subraya la función reguladora del protagonista, mientras Lizandro se detiene precisamente en «las consecuencias trágicas de la incapacidad de controlar la propia fuerza» en el mundo de abajo —una lectura interna que respalda, desde la propia tradición, leer la operación como catástrofe y no como hazaña.

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«El hijo de Karagabí y la gente subterránea» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo de Karagabí y la gente subterránea» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo de Karagabí y la gente subterránea» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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